Hay tantas formas de referirse al vino como niveles de cultura enológica existen, llegándose a una apoteosis de la metonimia que a veces hace pensar que los españoles sabemos gramática. Estos son algunos ejemplos:
- “Manolo, ponme un vino“. Llamar al pan pan y al vino vino. Y que pongan lo que sea. Clásico entre los clásicos. Llamar vino al vino queda ya reservado a las personas normales, a los que nunca hemos hecho un curso de cata.
- “Manolo, ponme un blanco“. División más sencilla del vino, blanco, tinto y, para las chicas, rosado. Fuera dejamos espumosos y dulces.
- “Manolo, ponme un crianza“. Usar crianza, reserva, gran reserva y demás clasificaciones de vino se usa en un primer estadio de cultura enológica. Una vez realizados un par de cursos de cata, uno queda como un indocumentado si se refiere así a un vino.
- “Manolo, ponme un rioja“. El referirse ya a las denominaciones de origen denota ya un poco de control, aunque si el vocabulario se reduce solamente a Rioja y Ribera no llama tanto la atención como si dices Somontano.
- “Manolo, ponme un Protos“. Saltar de la denominación a la marca es importante, uno queda mucho mejor, que es de lo que se trata.
- “Manolo, ponme un tempranillo“. Otra de las divisiones, muy en boga actualmente, es decir el tipo de uva del que se hace el vino. En estos casos el que pronuncia el tipo de uva queda como un campeón, siendo casi el nivel más alto de cultura que puede haber. De cualquier modo, si en vez de tempranillo dices syrah, es que has llegado a la cumbre del saber.
- “Manolo, ponme un 73“. En este caso sería añadir el año al nombre o denominación del vino, porque así sólo, queda un poco rarito. Pero la añada es un complemento estupendo para hablar de vino, aunque te inventes el número de la cosecha.
- “Manolo, ponme un caldo“. Evidentemente, aquí te traerían un consomé o algo similar, pero caldo es la acepción más cursi del vino, y por tanto usada por nuevos ricos, como constructores, futbolistas o, en resumen, dueños de un cuatro por cuatro.
Estimados lectores y seguidores de Antigourmet, ¿en qué nivel de cultura enológica se hallan ustedes? ¿Distinguirían el blanco del tinto en una cata a ciegas? Respondan, y dejemos descansar a Manolo.
Maldita ciencia. Resulta que unos investigadores del
Ya han pasado 76 años desde que saliera al mercado el sacacorchos de doble palanca M-502 E, diseñado por David Olañeta y editado desde entonces por
Resto de la dieta mediterránea del siglo XX, apartado de las mesas por la dictadura de los gourmets, ya solamente en algunas comidas familiares de gente sin complejos aparece. Pero hace años era normal en cualquier bar pedir gaseosa con el vino, cuando todavía había manteles de cuadros rojiblancos.Ahora, si pides gaseosa con el vino, eres poco menos que un criminal (a no ser que lo recomiende como gracieta algún repulsivo cocinero santón en algún suplemento dominical y se ponga de nuevo de moda), y solamente escondido como refresco bajo el nombre de tinto de verano es tolerado en algunas partes.
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