
El Rey del Pollo Frito, sudoroso tras la mordedura de una culebra
Iba a escribir sobre la antigourmetada pollo-cabrales-sidra que nos marcamos ayer la Logia Antigourmet en el mítico Casa Mingo, justo al lado de una interminable mesa de Tuenti-adictos que casi acaban con todos los pollos de Europa, pero lo dejo para la semana que viene, o la siguiente, cuando deje de soñar con escanciar sidra.
Pero el pollo no me abandona, y dando una vuelta por el infalible Google News he encontrado en ADN una receta que se ha puesto de moda en China -¿hay modas en China si todos van vestidos igual y montan en la misma bici desde hace setenta años?-, comerte un pollo envenado por una serpiente. Esta porquería, que según parece no es mala para la salud, consiste en que “los cocineros obligan a una serpiente a morder en la cabeza al pollo, gallo o gallina, lo que le causa la muerte en cuestión de pocos segundos. Después, el pollo se cocina y se sirve, con dos opciones: sólo el ave -en cuyo caso cuesta unos 10 euros, según cuentan a la prensa en un restaurante de Cantón- o acompañado por la carne de serpiente, lo que aumenta su precio a alrededor de 12 euros”. Así que el pollo 10€, y si añades el ingrediente extra de serpiente 2€ más. Tampoco es tan caro por asistir a semejante acto.
No parece que el rollo gourmet vaya a calar muy hondo en China con este tipo de recetas satánicas. Pero, ¿cómo haría esta receta alguien como nuestro querido Arola? ¿Masajearía al pollo con una emulsión frío-caliente de veneno con fua hidrogenizado de serpiente mientras escucha (el pollo) a Michael Nyman para luego, una vez muerto, cocerlo en una cocina solar con agua de un glaciar de Groenlandia y servirlo en forma de ravioli reducido al armañac? Espero no saberlo nunca, ni probar nunca la receta original.
Imagen de Opciones Avanzadas Ltd.
Tenía que pasar alguna vez, y estamos muy contentos en la redacción. 40 personas han resultado intoxicadas tras cenar por 150€ por barba en el famoso The Fat Duck, restaurante que siempre queda segundo en la clasificación de los mejores restaurantes del mundo tras el infecto El Bulli. Por eso su dueño, Heston Blumenthal, está tan amargado y ha tenido que cerrar el local.
El patán molecular de Blumenthal dice en El País que “hay quienes aprovechan la mínima cuestión para desacreditar a los partidarios de la cocina científica”. Por supuesto, chaval, que aprovechamos los pases medidos que nos haces, y tú mejor que criticar a los que nos reímos de lo que te ha pasado y de las vomitonas de tus clientes, podías lavar mejor las sartenes -es decir, las probetas- en las que cocinas tus platos a los incautos a los que engañas. Para otro día dejamos lo de comer marisco con un casete puesto en el que se oye el mar, publicitado como una experiencia acústico-gastronómica, y que da para un post para él solito.
Hay días en que es un placer escribir este blog.
Vía Diario del Gourmet de Provincias y del Perro Gastrónomo. Imagen del Blog de Charlie a secas.
Está ya un poco atrasada, pero el cierre de temas antes de irme de vacaciones no me ha dejado escribir antes del gran Antony Worral Thompson, cocinero británico que en las páginas de la ¿prestigiosa? publicación británica Healthy & Organic Living recomendó poner una planta venenosa en una de sus recetas de ensaladas, concretamente el beleño, el veneno con el que murió Romeo.
Así son los cocineros hoy en día.
En su afán por poner cosas raras en las recetas los cocineros han perdido el norte, si alguna vez lo tuvieron. La palabra ensalada, la receta de la ensalada, de la única ensalada que existe como tal es muy sencilla, lechuga, tomate, cebolla, aceite, sal y vinagre. Todo, todo lo que se le añada después o cualquier cambio de ingrediente automáticamente destruye la ensalada, dejado de serlo y pasando a ser “conjunto de cosas revueltas en frío”.
Noticia completa en El Mundo.
Comentarios recientes