Publicado el 7 de Noviembre del 2008 .
Siguiendo la ruta madrileña de la comida real, tras cantar las glorias del Morcillo del Toscana, cogemos el metro y en un par de estaciones nos plantamos en el roquero Malasaña para degustar esa obra maestra llamada Lomito andino.
El Mesón Andino está en la calle de Ruiz, a escasos metros de donde Daoíz y Velarde mordieron el polvo por defendernos, y guarda todavía la pinta que tenían todos los bares de Madrid antes de que la modernidad gallardonita cayera sobre la ciudad y convirtiera a todos las tascas de Madrid en locales con eso que todavía no sé qué es y que llaman lounge, con decoración tipo Ikea y esa asquerosidad de música llamada chill-out.
Y llega el LOMITO, un bocadillo de lomo, tomate y lechuga, con una salsa picantona, que te obliga a usar doscientas servilletas cada vez que te tomas un lomito, y que es el mejor bocadillo de todo Madrid. Es una obra maestra de la cocina.
Mención aparte merece la roquera y cañí parroquia del bar y los camareros, con especial mención a Josito y sus gafas con goma. Una amigo que se casó hace un par de años se planteó en serio invitarle a la boda, decía que era uno de sus mejores amigos, que le había hecho feliz muchas noches con sus cañas, sus lomitos y sus brochetas de champiñones. Ahora, dos años después, creo que fue un error que no fuera a la boda.
De entre los pocos sitios reales que quedan en Madrid destaca el Toscana, que está en la zona de Huertas, en el callejón donde está el Viva Madrid, casi al lado de otro de los reductos del saber, El Lacón. La verdad es que si le añadimos La Trucha, que está un poco más arriba, esa calle es una joya absoluta para los seguidores de la gastronomía clásica.
El Toscana es enorme y casi siempre está lleno, en muchos casos de turistas que, ante la apariencia de mesón castellano, o de Parador Nacional de los sesenta, que tiene, entran a ser maravillosamente servidos por unos señores de toda la vida con su chaleco negro.
Solamente por el morcillo el bar merecería estar Continuar leyendo ‘El morcillo del Toscana’
Quizá la diferencia entre los cocineros de verdad, como José Luis o Lucio, o Cándido y los cocineros posmodernos sea el nombre, mientras los cocineros de verdad son conocidos por su nombre de pila, los posmodernos tienen que usar su apellido. Qué gran teoría.
Los conocidos por su nombre de pila te hacen unos huevos rotos con sabor y forma de huevos rotos, o una tortilla con forma y sabor de tortilla, o un cochinillo con todas las letras; los posmodernos como Adrià, donde todo vale y nada vale, te hacen un cochinillo con forma de tortilla que sabe a huevos rotos Continuar leyendo ‘Lucio y José Luis contra Adriá’
Mierda, ya me he perdido lo que más me hubiera apetecido ver del XXII Salón Internacional del Club de Gourmets, que se celebra desde hoy hasta el día 17 en los Recintos Feriales de la Casa de Campo de Madrid. Lo que me he perdido que me apetecía ver es el XV Concurso de Cortadores de Jamón. Qué pena. Espero -y sé que no lo harán- que los del Club de Gourmets actualicen su web y ya cuelguen hoy un vídeo del vencedor en acción. Es imposible, la web es bastante deficiente. Continuar leyendo ‘¡¡Los Gourmets ya están aquí!!’
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