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Contra la Flora Gourmet

Si los detergentes añaden palabras absurdas que suenan a extranjero para parecer más complejos y que uno sea incapaz de pronunciar lo que quiere (véase el increíble Kalia Vanish Oxi Action Cristal White como ejemplo máximo de lo anterior) y los heladeros tratan de ridiculizar al consumidor ya talludito obligándole a pedir en el puesto de la playa un Nifty y un Frigopié), las marcas de comida se entretienen añadiendo la palabra gourmet a lo que venden.

Hace tiempo fueron las Lay’s Gourmet las que nos obligaron a intervenir, y esta vez es la Flora Gourmet la que salta al mercado y nos provoca. ¿Para qué quiere ser una margarina gourmet si de por sí la margarina no vale para nada? ¿Qué lumbreras se inventó el Omega 3 y el Omega 6 que tiene la Flora Gourmet y desde cuándo es saludable una cosa que tiene nombre de misil tierra-aire? ¿Para qué queremos esta nueva cosa si ya teníamos la Flora Pro.Activ con su precioso nombre? Pues está claro, no la queremos para nada, aunque Maria Schneider lo hubiera pasado mucho mejor con ella, ya que es tan saludable.

Imagen de Ignacio Sánchez Vicente.

Zaragoza: Smouk y El Fuelle

El finde pasado estuve por Zaragoza viendo a unos amigos y fuimos a dos sitios totalmente opuestos, gourmet y antigourmet, aunque con comida bastante buena los dos.

El viernes cenamos en Smouk, al lado del gigantesco Pilar, y uno, al entrar, ya sabía lo que iba a tomar, de qué iba la cosa: Local moderno, paredes negras, camarero rapado y con gafas y con camisa negra, platos cuadrados y servilletas negras. Teníamos reserva arriba, que abajo no quedaba sitio. Apretados y subidos en taburetes, una rubia tiabuena haciendo un show en la barra con unas amigas murciélago para que todo el mundo la viera y un disco de Norah Jones sonando durante toda la velada fueron lo peor. Lo mejor, la compañía, claro, los risottos que nos tomamos, el tiramisú de postre y los dos mojitos superdensos de fin de fiesta.

Tras pasar todo el sábado en Gallocanta viendo grullas, el domingo quedamos para comer en El Fuelle, clasiquísimo local donde los haya. Al igual que en Smouk, todo estaba claro nada más pasar la puerta. Paredes blancas repletas de adornos raros (guadañas, triciclos, cencerros, etc.), manteles de cuadros, (miles de) camareros de blanco y con faja, jotas de fondo bajísimas (gracias a Dios), platos redondos y blancos, y comidas con nombre corto. Prohibido el fua. Lo mejor volvió a ser la compañía, no podía ser de otro modo, y las risas que nos echamos con un chavalito que comía con su familia y tenía la resaca más grande de la historia. Monumentales las migas, el ternasco, la morcilla, el melocotón con vino, y todo en general.

Es curioso que uno sepa perfectamente lo que va a comer viendo la decoración de un local.

Imagen de 11870.

Cenando subidos a un grúa

Por ADN me entero de la última gracia gastronómica, los de la revista Cuisine Creative van a subir una mesa en una grúa para que la gente cene a cincuenta metros de altura viendo las Tullerías parisinas. 924 euros vale la gracia, que el degenerado del director de la revista, Bruno Hameurt, justifica porque tendrán que pagar cada rama que rompan de los árboles del jardín.

Yo, que he visto cosas que no creeríais, siempre he querido casarme tirándome en paracaídas o buceando entre tiburones, que es la misma gracia que cenar subidos en una grúa, pero tampoco rechazaría el trabajo del funcionario encargado de recoger las ramas caídas de los árboles y luego contarlas.

Que sí, que es por una buena causa, y que ver las fantásticas obras de Maillol desde arriba debe estar muy bien, pero no se puede negar que es una chorrada como un piano. Aunque lo mejor es que más bien parece una burla de los pobres gourmets adinerados -que por otro lado se pueden resarcir de las burlas tirándote un hueso de aceituna desde arriba-, a los que se les verá como gallinitas subidos a una grúa.

Lo que se reiría Buñuel con esta noticia.

De las definiciones de gourmet

¿Para escribir contra algo hay que conocer ese algo o da igual? Creo que da igual, y en internet más. ¿Los que escriben contra la energía nuclear saben realmente qué es un neutrón? No creo. Ya es hora que los que llevamos escribiendo contra los gourmets sepamos contra quiénes damos nuestros palos de ciego. ¿Y quién sabe qué es un gourmet? Google, claro. Veamos las seis definiciones de gourmet que nos ofrece la herramienta define de papá Google:

Dejando de lado la mejor, la del Glosario del restaurante mediocre de Solojazz, que contiene otras joyas como las definiciones de crème brûlée (postre Royal) o la de vino (algo muy caro que viene a 40 grados de temperatura), llama la atención la supercursi de la Wikipedia, con frases tan definitivas y que nos llenan tanto de razón como “platos de cocina significativamente refinados” o “la capacidad de ser catador de talentos de gastronomía”. Aunque con la que nos quedamos es con la circular y sequísima del blog Cocina y ciencia para quienes un gourmet es la “Expresión francesa referente al gastrónomo”. Toma ya. ¿Y qué será un gastrónomo? ¿Un gourmet?

Imagen de Cocina y Ciencia.

Un gourmet llamado Induráin

Navarra va de gourmet y ahora se promociona como Navarra, Reyno Gourmet, lamentable claim para un territorio tan bello y tradicional. Pero lo mejor es el anuncio, Miguel Induráin, héroe total de todos los españoles, que pensábamos que desayunaba bocadillos de chorizo, haciendo la compra en bicicleta por Navarra, recogiendo vino, espárragos y demás recios productos de la tierra y saludando a los paisanos por las carreteras. Qué actorazo.

Los productos que publicita, en un primer momento, nos parecen genial. Son productos reales, no tontadas teatrales, aunque con ellos se pueda hacer cocina molecular. Lo único que chirría es eso de Reyno Gourmet, que arruina la campaña publicitaria.

Ahí va el anuncio. ¡¡Grande, Miguel, grande!!:

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Orogourmet: Llega el condimento-joya

Instalados en el delirio gastronómico ya a nadie le va a extrañar que salga al mercado algo como Orogourmet. Pero lo cierto es que existe, unos señores han pensado, con sentido, dado el nivel de nuestra querida sociedad, que habrá gente que quiera decorar sus platos con esquirlas de oro.

Los salpimenteros de Orogourmet, bastante bonitos, están llenos de hojas de oro batido con un espesor de 0,000125 milímetros y un quilataje de 917/1000 de oro. Resulta, y es increíble, que tanto la Unión Europea como Estados Unidos autorizan en uso del oro (colorante E175) para la alimentación. ¿Hay un funcionario de la Unión Europea que muerde oro y todo lo que le echen para verificar que no hace daño? ¿Está autorizado el uso de mármol o ladrillos para la alimentación? Queremos saber.

El oro se funde en el paladar Continuar leyendo ‘Orogourmet: Llega el condimento-joya’

Contra las Lay’s Gourmet

Una de las razones que impulsó al Colectivo Antigourmet a iniciar su cruzada contra la memez gastronómica que nos inunda fue la aparición de las Lay’s Gourmet. Si no teníamos bastante con Antonio Banderas haciendo el canelo por un Mediterráneo de cuento cursi, saludando a todas las viejas que veía por la calle como si el Mediterráneo fuera un pueblo de Soria porque habían salido unas patatas con aceite de oliva (¿Sabrían los que hicieron el anuncio que El Cairo baña en Mediterráneo y tiene 20 millones de habitantes y no creo que todos se saluden por su nombre por la calle?), ahora van y sacan unas patatas para gourmets, con bolsa negra, claro, para que parezcan patatas parisinas.

Entonces ahora, en vez de ser una vieja la que corta las patatas estilo artesano y las fríe en su sartén, como en los noventa, hemos pasado a patatas que son cortadas por una sierra láser y fritas con paraceite orgánico en una sartén macrotensionada, bajo la atenta mirada de varios señores con gafas de pasta.

Antigourmet, que ha crecido con kikos marca Gol, detesta las Lays Gourmet.