Si los detergentes añaden palabras absurdas que suenan a extranjero para parecer más complejos y que uno sea incapaz de pronunciar lo que quiere (véase el increíble Kalia Vanish Oxi Action Cristal White como ejemplo máximo de lo anterior) y los heladeros tratan de ridiculizar al consumidor ya talludito obligándole a pedir en el puesto de la playa un Nifty y un Frigopié), las marcas de comida se entretienen añadiendo la palabra gourmet a lo que venden.
Hace tiempo fueron las Lay’s Gourmet las que nos obligaron a intervenir, y esta vez es la Flora Gourmet la que salta al mercado y nos provoca. ¿Para qué quiere ser una margarina gourmet si de por sí la margarina no vale para nada? ¿Qué lumbreras se inventó el Omega 3 y el Omega 6 que tiene la Flora Gourmet y desde cuándo es saludable una cosa que tiene nombre de misil tierra-aire? ¿Para qué queremos esta nueva cosa si ya teníamos la Flora Pro.Activ con su precioso nombre? Pues está claro, no la queremos para nada, aunque Maria Schneider lo hubiera pasado mucho mejor con ella, ya que es tan saludable.
Imagen de Ignacio Sánchez Vicente.

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¿Para escribir contra algo hay que conocer ese algo o da igual? Creo que da igual, y en internet más. ¿Los que escriben contra la energía nuclear saben realmente qué es un neutrón? No creo. Ya es hora que los que llevamos escribiendo contra los gourmets sepamos contra quiénes damos nuestros palos de ciego. ¿Y quién sabe qué es un gourmet? 
Una de las razones que impulsó al Colectivo Antigourmet a iniciar su cruzada contra la memez gastronómica que nos inunda fue la aparición de las
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