El genio del autobombo ha vuelto a colárnosla a todos, que repetimos como loros las bobadas que dice. Es una máquina el tío, hay que reconocérselo. Abre la boca, dice tres frases y todos los periódicos y los blogs de cenutrios -como Antigourmet- le damos cancha. Aunque en realidad no sea más que el Hugo Chávez de la cocina con su verborrea. Hoy ha presentado una serie de televisión sobre su bar. La supercursilada del título de la serie que pago con mis impuestos, “elBulli, historia de un sueño”, ya lo dice todo. Mejor le iría a la serie si se llamara Aló Adrià.
Así que la serie producida por TVE con el dinero que me roban servirá para que Adrià diga estupideces como el titular de El Mundo de hoy “Mi programa y yo vendemos felicidad”, dignas de Kim Jong-il, frase tan deprimente como definitiva. ¡¡Claro que nos vendes, Ferran, nos vendes la burra, o la felicidad, o lo que tú digas, porque encima lo que nos vendes te sale gratis porque juegas con mi dinero!! La serie de Adrià es como los anuncios de los partidos políticos de las elecciones, son gratis y se usan para vendernos felicidad. Claro que la felicidad es siempre la suya, la de los partidos, y en este caso la de Adrià y su secta de embaucadores.
Imagen de Que tingui Grapa!
Publicado el 25 de Septiembre del 2009 .
Vía el comentario de Giraluna al post Que no escapen: Uvas con GPS y también gracias a un comentario en el Facebook de mi hermano Jacobo encuentro la misma noticia por dos lados distintos, por La Cocina de Javi y por El Mundo Today. Resulta que un tipo se comió la cuenta de El Bulli creyendo que era un plato más de lo adornada que se la trajeron. Genial.

Bodegón con fresas, humo, y vendedor de humo.
Parece que poco a poco vamos perdiendo el miedo al jefe de la secta, gracias a internet, claro, donde algunos francotiradores lanzamos nuestros dardos, ya sean noticias verdaderas o descacharrantes bromas como en este caso, contra las paparruchadas que nos cuela el mejor cocinero de la historia ayudado por toda su cohorte de periodistas ojipláticos ante sus trucos de magia, en los que convierte merluzas en sandías y evapora corderos, algo que esos palmeros, ante la crisis del circo, creen y juran que es arte.
Seguimos sitiados por la Brunete gastronómica, pero a veces corre el aire en las trincheras, como hoy.
Imagen de Gastronomía Molecular.
La noticia la recogen los amigos de Mil Sabores tomándola de El Pingue, y la comentamos ahora nosotros en un cante de ida y vuelta España-Venezuela-España repleto de tronío -ya se sabe que la blogosfera es el teléfono estropeado en versión electrónica-. Resulta que el hermanísimo abandona la cocina de vanguardia para, cual Ramón Gaya asqueado tras ver las vanguardias parisinas, abrazar el sabor eterno de la cocina tradicional.
Si yo ya (casi) no oigo mis viejos vinilos de Superelvis y Mil Dolores Pequeños -pecados de modernidad de cuando tenía pelo- para escuchar casi exclusivamente las voces inmortales de Gram Parsons y Carlos Gardel, me parece lógico que Albert Adrià se deje de esnobismos decorativos -que, cierto es, donde quedan mejor es en un postre- y dedique su sabiduría a “dedicarse por completo a la cocina tradicional”. Ha sentado la cabeza.
Que un reputado cocinero abrace la luz dejando atrás el lado oscuro del Imperio para defender a la raza humana como miembro de la Alianza es algo que nos debería de alegrar a todos. Hoy es un gran día. No todo está perdido. Quizá Los Planetas y los punkis estaban equivocados y hay futuro:
Y se acaba la película
y los malos van venciendo.
Y si alguien del futuro
casualmente oyera esto,
que venga a salvarnos,
que me salve a mí primero,
que me salve a mí primero.
Las cosas que hace Ferrán Adrià para salir en la prensa ya rozan lo increíble. Resulta que ha desaparecido en medio de la cena un crítico gastronómico suizo llamado Pascal Henry, que estaba haciendo una gira de comilonas en todos los bares europeos de tres estrellas Michelin y en medio de la cena en El Bulli se piró. Lo está investigando la Interpol, que busca huellas, y los Cazafantasmas, que buscan emulsiones y demás mejunjes bullianos.
Desde Antigourmet, esperando que el bueno de Pascal aparezca y lo explique, avanzamos, colaborando siempre con la justicia, unas cuantas hipótesis:
- Caída por un barranco tras un apretón provocado por un bocado a una pera con forma de plátano, sabor a salmón y textura de turrón, y estar el servicio ocupado.
- Un clásico simpa.
- Autohidrogenización por caída, cual Obelix, en una marmita de hidrogenización de sandías, mientras Ferrán le explicaba el funcionamiento.
Noticia en La Vanguardia.
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