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Berlusconi prohíbe el nitrógeno líquido

Todavía no habíamos nombrado al gran Silvio Berlusconi en Antigourmet y ya era hora, qué hacemos escribiendo en internet sin reírnos de uno de los mayores pimpampún europeos. Silvio es un desastre gobernando, como todos los políticos, italianos o no, pero es el único político al que a veces vemos reírse, y solamente por eso somos seguidores suyos, y por las pibis que se trajina, claro. ¡Grande, Silvio!

Ahora, imaginamos que porque no tiene aplicación en el blanqueo de dientes o en los implantes de pelo o en la cirugía estética, no se le ocurre otra cosa que prohibir el nitrógeno líquido y algunos otros extraños aditivos que utilizan los cocineros moleculares, que los pobres no ganan para disgustos, menudas semanitas que llevan. ¿Con qué van a cocinar ahora?

Siendo este otro de los muchos triunfos que está cosechando Antigourmet en este gran año en el que, además de a la cocina molecular, estamos viendo desaparecer a las plañideras del calentamiento global, no nos gusta demasiado que sea a decreto limpio, aunque si los promulga Berlusconi, los decretos duelen menos. Nos gustaría que los mismos cocineros se hubieran dado cuenta de la bobada que es usar nitrógeno líquido para hacer un huevo frito. No, mejor, nos gustaría que hubieran sido las personas, una a una, las hubieran dejado de ir a los antros donde se cocina con nitrógeno. Aunque en realidad, la cocina molecular está bastante pasada de moda, porque ahora lo que se lleva es que el cocinero te ponga una col que ha cultivado en la parcelica de su adosado, algo que quizá es todavía más repelente que hacer un huevo frito con nitrógeno líquido.

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Imagen del genio milanés de Same Guy.

Cocina con nitrógeno y tendrás novia

Cocinando un filtro de amor con nitrógeno

No sé cómo he llegado hoy al periódico colombiano El Liberal, y dentro de él a una entrevista al cocinero José Ramón Castillo, pero he llegado. De la entrevista solamente me gustan las dos primeras preguntas, en las que el cocinero -nombrado Joven Cocinero de Cataluña hace años- que ahora se ha especializado en chocolate, nos explica su evolución. En la primera nos intenta convencer con terminología de vendedor de crecepelos de una peli de vaqueros chunga que lo que mola es el chocolate molecular:

¿En qué momento decide dedicarse a la chocolatería?
Cuando tenía 24 años trabajaba y ganaba mucho, pero no tenía amigos, ni familia, ni novia. Tenía un sueldo de casi 9 mil euros. Pero me harté de estar cocinando. En ese momento conocí a David Pallas, campeón chocolatero de España, cuando hizo una demostración de chocolate y me encantó. Me apasionó, fue un cambio total de cocinero a chocolatero. Me hice chocolatero por la calidad de vida que me da esta profesión.

Leñe, no tenía ni amigos ni familia ni novia. Pobre chico, se me saltan las lágrimas. Menudo melodrama. Menos mal que descubrió el chocolate y pudo salir adelante en la vida, en este valle de lágrimas que habitamos. Es la mejor respuesta a una pregunta que he leído en mi vida. Qué tío más tonto.

En la siguiente pregunta nos muestra cómo hace el chocolate:

¿Cómo integra las técnicas tradicionales y la cocina molecular en sus chocolates?
Tengo una máquina en la que entran 100 kilos de producto, por ejemplo de pulpa de mango y en la periferia entra el nitrógeno líquido sin tocarlo. Se cocina en un bloque de hielo gris, que luego ingresa a la liofilizadora, que es un proceso para secar y convertir en polvo el producto. De los 100 kilos quedan solo 10. Con una cucharada de polvo y un litro de agua, cuatro kilos de chocolate tienes un relleno sin cremas, sin azúcar y sin mantequilla. El resultado es un bombón con 42 por ciento menos calorías.

Mola, mete 100 kilos de chocolate en su maquinola, les hace más perrerías que el Correcaminos al Coyote, y le quedan 10. Pero a una cucharada de esos 10 kilos, como si fueran carne de , les echa agua y le salen 4 kilos de chocolate para relleno. El primer paso, la reducción, vale, me la creo. Pero la segunda nideblás, venga ya, tío, que con un litro de agua y una cucharada de ese chocolate nitrogenado te salgan por arte de magia cuatro kilos no se lo cree ni el más talifán de la cocina molecular (si es que entiendo bien lo que dice, que lo he leído varias veces y sigo sin entenderlo). ¡Castillo, menos lobos!

Imagen de Sabor Gourmet.

El kit de gastronomía molecular

Mi dentista ya lo tiene

Mi dentista ya lo tiene

No sé cómo he llegado hoy por la mañana a ThinkGeek, pero he llegado, y venden un fantástico Molecular Gastronomy Starter Kit por solamente 59,99$. Tirado de precio. El chollo incluye:

  • 20g sodium alginate
  • 20g calcium salt
  • 20g agar-agar
  • 20g carrageenan
  • 20g ascorbic acid
  • 20g citric acid
  • 20g sodium bicarbonate
  • 20g soybean lecithin
  • 1 20mL syringe
  • 2 m of alimentary grade silicone tube
  • 2 graduated pipettes
  • 1 set of measuring spoons
  • 1 bored spoon
  • 1 booklet containing 6 molecular cooking recipes
  • 1 volume-weight conversion table

Menos mal que el chisme tiene un folletito con seis recetas, que si no a ver qué pelotas haces con todas esas cosas. Yo no tendría ni idea de por dónde empezar, ¿con qué mezclo el carrageenan, con un huevo batido? ¿Qué diablos es el carrageenan? No quiero ni buscarlo en Google Images a ver si va a venir el FBI a por mí. Otra cosa, por la imagen deduzco que la bored spoon es esa cuchara con agujeros -uno de los objetos más surrealistas que he visto nunca, digno de una foto de Chema Madoz-, ¿para qué se usará? Qué cosas venden por ahí, estamos colgados.

Eso sí, los 20 gramos de bicarbonato que incluye el kit todo el mundo sabe para qué son. Para usarlos al acabar una cena molecular. Por lo menos tienen la decencia de incluirlo en el paquete, así no tienes que bajar a la farmacia.

Noticia e imagen de ThinkGeek.

El mojito molecular

Últimanente cuando quiero fustigarme un poco pongo en la barra de Google cualquier alimento o receta y le añado la palabra molecular, saliendo casi siempre alguna receta de cocina moderna que pone los pelos de punta.

Un camarero llamado Eben Freeman en Nueva York ha creado un mojito molecular, con gelatina, goma y puré de hierbabuena hace unas esferas de mojito a las que luego, imagino, añade un poco de ron, que debe ser ciertamente repugnante.

No soy muy de cócteles, más allá de disfrutar con la inverosímil peli Cocktail, la mejor peli de Tom Cruise, y de tomarme de vez en cuando un dry martini en Chicote para sentarme en las sillas de Luis Gutiérrez Soto y soñar con Ava Gardner, pero meterse con el mojito es un insulto. El memo del primo de Morgan incluso se ha atrevido a hacer un vídeo con la receta:

Imagen de Drinks Are On Me.

ARCO 2009: Carne envuelta en bronce

No podía ser de otro modo, el bar de ARCO ha sido conquistado por las huestes de la cocina molecular y, según leo en El Confidencial, ofrece degeneraciones como bogavante y fondo floral, manzana cuadrada con kefir y frutas atomizadas, bocado de carne envuelto en bronce, y hamburguesa de chocolate.

Dejemos de lado ese misterio llamado fondo floral y la tontuna de la hamburguesa de chocolate, o las maravillosas frutas atomizadas, donde imaginamos que “atomizado” significa fruta machacada o en compota, ya que sabemos que una de las claves de la cocina molecular es ocultar la verdad con palabras vanas. Centrémonos en la carne con bronce.

La encargada de todo este desatino es una hijísima, Elena Arzak, que nos insulta a los aficionados al arte al darnos la carne con bronce. Qué pasa, señorita Arzak, ¿que ARCO no es lo suficiente chic como para ponernos carne con oro, que también es comestible, como sabemos a la perfección, o es que la crisis ha hecho mella en su despensa y ha tenido que pedir a su proveedor cobre en vez de bronce?. Queremos saber, y queremos que las autoridades tomen cartas en el asunto.

Esto es intolerable, queremos carne con oro.

Noticia de El Confidencial e imagen de ARCO.

Héroes de Antigourmet (II): Manfred Kohnke

El hartazgo ante la cocina teatral, o molecular, se extiende poco a poco, pero de forma continua, por todo el mundo. Esta vez le toca el turno al editor de la versión alemana de la prestigiosa publicación francesa Gault-Millau (publicación de los críticos clave de la nouvelle cuisine Henri Gault y Christian Millau), el honorable Manfred Kohnke.

Durante la presentación del premio al “Cocinero del año” el señor Kohnke arremetió contra la cocina molecular, anunciando que en su publicación se penalizará a los cocineros que usen aditivos extraños, ya saben, las típicas gelatinas y espumas estabilizadoras, y soltó grandes frases, que quedarán esculpidas con mayúsculas en el libro de la Historia, como estas:

“Hay que volver a la esencia y apostar por los ingredientes naturales como parte central de los platos”. Continuar leyendo ‘Héroes de Antigourmet (II): Manfred Kohnke’