Tenía que pasar alguna vez, y estamos muy contentos en la redacción. 40 personas han resultado intoxicadas tras cenar por 150€ por barba en el famoso The Fat Duck, restaurante que siempre queda segundo en la clasificación de los mejores restaurantes del mundo tras el infecto El Bulli. Por eso su dueño, Heston Blumenthal, está tan amargado y ha tenido que cerrar el local.
El patán molecular de Blumenthal dice en El País que “hay quienes aprovechan la mínima cuestión para desacreditar a los partidarios de la cocina científica”. Por supuesto, chaval, que aprovechamos los pases medidos que nos haces, y tú mejor que criticar a los que nos reímos de lo que te ha pasado y de las vomitonas de tus clientes, podías lavar mejor las sartenes -es decir, las probetas- en las que cocinas tus platos a los incautos a los que engañas. Para otro día dejamos lo de comer marisco con un casete puesto en el que se oye el mar, publicitado como una experiencia acústico-gastronómica, y que da para un post para él solito.
Hay días en que es un placer escribir este blog.
Vía Diario del Gourmet de Provincias y del Perro Gastrónomo. Imagen del Blog de Charlie a secas.
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