Creo que es la bebida más incómoda de beber del mundo. Si no eres un simpático aborigen o alguien con la coordinación de un cirujano como punctutron, es imposible disfrutar con una botella de sidra asturiana. Te dan una botella, tienes que poner la postura de la grulla de Daniel-san en Karate Kid, golpear el chorro contra el lateral del vaso, que te salpique bien, beber todos de un vaso, no acabar lo que te has echado y tirarlo por ahí, y dejar también sin tomar el final de la botella. Vamos, que hay que cumplir más rituales que Nadal para para tomarse nada más que dos culines de una botella.

Final del Campeonato del Mundo de Escanciadores. A la izquierda Johnny Lawrence (Detroit, 1981) y a la derecha Daniel LaRusso (Langreo, 1984)
Ahora para que el desastre no sea tan completo y uno no se sienta estafado han inventado diferentes succionadores y escanciadores mecánicos que hacen el trabajo sucio, convirtiendo a las sidrerías en extraños locales más parecidos a una clínica ortopédica que a un bar.
Eso sí, los dos culines que te tomas de cada botella están buenísimos. ¿Pero hacía falta complicarse tanto para tomar un zumo de manzana?

Resto de la dieta mediterránea del siglo XX, apartado de las mesas por la dictadura de los gourmets, ya solamente en algunas comidas familiares de gente sin complejos aparece. Pero hace años era normal en cualquier bar pedir gaseosa con el vino, cuando todavía había manteles de cuadros rojiblancos.Ahora, si pides gaseosa con el vino, eres poco menos que un criminal (a no ser que lo recomiende como gracieta algún repulsivo cocinero santón en algún suplemento dominical y se ponga de nuevo de moda), y solamente escondido como refresco bajo el nombre de tinto de verano es tolerado en algunas partes.
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