El sábado pasado pasé la tarde en Bayona, que el ferry La Guardia-Caminha estaba cerrado y no me apetecía ir hasta Goyán para cruzar a Portugal. Y quise ir a mi bar favorito de Bayona, que creo que se llama O Refuxio d’Antón, un bar marinero adornado de mala manera, pero que era el único con un cierto encanto de los que quedan en la calle Ventura Misa, y que tiene unos chipirones de escándalo para tomar con un botellín. Resulta que está cerrado y se traspasa. Ojalá que quien lo coja deje esa decoración de chamarilería y ese magnífico suelo de piedra. Aunque no creo, en Bayona casi todo parece chill-out últimamente.
El Jaqueyvi estaba lleno y no se podía ni entrar a tomar la tortilla de medio metro de alto así que seguí por la calle y me paré en el otro refugio, este sin apellido, simplemente El Refugio -creo que se llamaba-, y ahí que me metí que había una mesa vacía que se veía desde la puerta. El local, todo lo rancio que me gusta, con carpinterías de aluminio y demás, y unas tapas servidas con naturalidad, rapidez y muy ricas. Creo que el clásico de ahí es caldo, me dijeron, pero tenía demasiado calor. Así que, mientras no reabran el de Antón, ese será mi bar de cabecera en Bayona.
Iba a escribir sobre la muy apetecible XIII Semana Gastronómica del Marisco que se celebra desde hoy 25 de abril hasta el 4 de mayo en la ciudad madrileña de
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