Siempre me ha gustado que para cada fiesta que se celebra, alguien se invente un postre. Hace poco años una asociación repostera de Madrid se inventó una cosa llamada corona de la Almudena para celebrar a la patrona de la capital. La corona es como un roscón de Reyes sin azúcar ni frutas escarchadas por fuera y untado con una crema. Tras reírme unos años de la corona, ahora la hay en todos lados el día de la Almudena, y los dos últimos años he comprado una corona. Siempre caigo, viva el consumismo.

El carnaval me da asco, aunque el año pasado me partí de risa con una parada que hay el domingo de carnaval en El Rosal. Del carnaval solamente me gusta la cara de asco, de repelús total, que pone el alcalde de Madrid cuando tiene que participar en el pregón o en cualquier otro evento fiestero, y un poco me gusta tambien en el entierro de la sardina (Lectura recomendada: Miércoles de ceniza. No enterrar la sardina), más que nada por los cuadros de Solana. También me gusta la peli de Neville, por supuesto.
Ahora me entero de la existencia de las orejas de carnaval (que sí que tienen historia, no como la corona) gracias a la amiga Alejandra de Alejandra en América, que lleva unos cuantos días glosando los carnavales galllegos. La verdad es que me suena haberlas visto por ahí, y se parecen a una cosa que mi madre llama roscones malagueños y que hace de Pascuas a Ramos. Como somos muy golosos, copiamos la receta de Alejandra, prometiendo, eso sí, hacerla en cuanto podamos, y contarlo aquí:
Ingredientes
- 800 g de harina
- 2 huevos
- 1 vasito de anís
- 100 g de manteca de vaca derretida
- 1 vaso de agua templada
- Sal y azúcar glas.
- Aceite (o manteca para freirlas)
Mutas.com
Se mezcla la manteca de vaca con el agua templada, se le agregan los huevos, la sal y el anís y se le va añadiendo la harina hasta que se forme una masa que se trabaja mucho para que quede con liga. Se estira, se corta en forma de oreja (o de lo que permita la habilidad del cocinero) y se fríe en abundante aceite (o manteca). Se sirven espolvoreadas de abundante azúcar glas. Si las queréis más enxebres (castizas) en vez de azúcar glas, azúcar de toda la vida. No echarsus levadura, que os conozco. Qué buenas están, por Dios.
Imagen de las orejas de Alejandra en América.
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