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Llega “Aló Adrià”, la serie de elBulli

El genio del autobombo ha vuelto a colárnosla a todos, que repetimos como loros las bobadas que dice. Es una máquina el tío, hay que reconocérselo. Abre la boca, dice tres frases y todos los periódicos y los blogs de cenutrios -como Antigourmet- le damos cancha. Aunque en realidad no sea más que el Hugo Chávez de la cocina con su verborrea. Hoy ha presentado una serie de televisión sobre su bar. La supercursilada del título de la serie que pago con mis impuestos, “elBulli, historia de un sueño”, ya lo dice todo. Mejor le iría a la serie si se llamara Aló Adrià.

Así que la serie producida por TVE con el dinero que me roban servirá para que Adrià diga estupideces como el titular de El  Mundo de hoy “Mi programa y yo vendemos felicidad”, dignas de Kim Jong-il, frase tan deprimente como definitiva. ¡¡Claro que nos vendes, Ferran, nos vendes la burra, o la felicidad, o lo que tú digas, porque encima lo que nos vendes te sale gratis porque juegas con mi dinero!! La serie de Adrià es como los anuncios de los partidos políticos de las elecciones, son gratis y se usan para vendernos felicidad. Claro que la felicidad es siempre la suya, la de los partidos, y en este caso la de Adrià y su secta de embaucadores.

Imagen de Que tingui Grapa!

Comerse la cuenta: El Bulli como pimpampún

Vía el comentario de Giraluna al post Que no escapen: Uvas con GPS y también gracias a un comentario en el Facebook de mi hermano Jacobo encuentro la misma noticia por dos lados distintos, por La Cocina de Javi y por El Mundo Today. Resulta que un tipo se comió la cuenta de El Bulli creyendo que era un plato más de lo adornada que se la trajeron. Genial.

Bodegón con fresas, humo, y vendedor de humo.

Parece que poco a poco vamos perdiendo el miedo al jefe de la secta, gracias a internet, claro, donde algunos francotiradores lanzamos nuestros dardos, ya sean noticias verdaderas o descacharrantes bromas como en este caso, contra las paparruchadas que nos cuela el mejor cocinero de la historia ayudado por toda su cohorte de periodistas ojipláticos ante sus trucos de magia, en los que convierte merluzas en sandías y evapora corderos, algo que esos palmeros, ante la crisis del circo, creen y juran que es arte.

Seguimos sitiados por la Brunete gastronómica, pero a veces corre el aire en las trincheras, como hoy.

Imagen de Gastronomía Molecular.

El mojito molecular

Últimanente cuando quiero fustigarme un poco pongo en la barra de Google cualquier alimento o receta y le añado la palabra molecular, saliendo casi siempre alguna receta de cocina moderna que pone los pelos de punta.

Un camarero llamado Eben Freeman en Nueva York ha creado un mojito molecular, con gelatina, goma y puré de hierbabuena hace unas esferas de mojito a las que luego, imagino, añade un poco de ron, que debe ser ciertamente repugnante.

No soy muy de cócteles, más allá de disfrutar con la inverosímil peli Cocktail, la mejor peli de Tom Cruise, y de tomarme de vez en cuando un dry martini en Chicote para sentarme en las sillas de Luis Gutiérrez Soto y soñar con Ava Gardner, pero meterse con el mojito es un insulto. El memo del primo de Morgan incluso se ha atrevido a hacer un vídeo con la receta:

Imagen de Drinks Are On Me.

De cocineros y universitarios

Paseíllo molecular 2.0

Del interesante blog de Andrés Pedreño saco el título y la sobrecogedora imagen que decora este texto, en la que tres personas vestidas de la selección de Estonia de sumo se dirigen al Calvario caminando sobre un damero, el Redentor, esto es, Adrià, y el buen y el mal ladrón. Que cada uno elija quién es Dimas.

Siendo totalmente cierto lo que dice el profesor Pedreño, que los llamados cocineros investigan e innovan, eso sí, privándonos a los demás del ancestral placer de la comida para hacernos una sesión de Cirque du Soleil comestible, y que nuestros universitarios hacen de todo menos investigar e innovar, tampoco vemos desde Antigourmet que el futuro de la universidad esté en los fuegos de artificio y la teatralidad, en el autobombo y la autocomplacencia de los cocineros estrella, ni en el tímido dospuntocerismo de algún cocinero. Aunque, desde luego, cualquier cosa mejor que lo que es ahora.

De todos modos, todo se arreglará con el Basque Culinary Center, gran faro o fogón que regirá el mundo moderno los próximos siglos, sustituyendo el kalashnikov por el robot de cocina.

Adrià: “Cada plato es una novela, y cada menú es una ópera”

Hoy viene en El Mundo un desmesurado panegírico rebosante de baba a cargo de Daniel Vázquez Sallés titulado “La cocina estratosférica de Adrià. Un día en la mejor cocina del mundo”, tan largo que resulta difícil de leer y más en este mes en el que los periódicos se reducen -y es de agradecer- a veinte páginas. Pero bueno, veamos el lado bueno, lo han editado en agosto, cuando nadie lee el periódico.

Adriá, durante su cursillo de árbitro de baloncesto.

Adriá, durante un cursillo de árbitro de baloncesto.

En el reportaje el magnífico publicista metido a repelente cocinero nos regala alguno de sus famosos titulares, “Cada plato es una novela, y cada menú es una ópera”, que me recuerda a otro ególatra como él, el muy reputado en su casa productor musical Kike Santander, cuando en una Operación Triunfo criticaba a las gallináceas que cantaban en el programa les decía que su canción necesitaba granate cuando ellas habían cantando en amarillo pollo. Vamos, que decía exactamente las mismas bobadas que Adriá.

Decir que un plato es una novela es darse cuenta de que Adrià no ha leído una novela en su vida. Y decir que un menú es un ópera nos hace ver que, como casi todos, nunca ha ido a la ópera (a lo mejor ahora que es famoso dice que le gusta la ópera, como seguro que dice Mariah Carey). Es difícil analizar una frase cuando es tan estúpida, pero como la dice un mago, hay que reírle la gracia y en unos días poner tamaña estupidez en una web de citas de famosos.

¿Qué dirá mañana el bueno de Ferran? ¿Cómo prepara sus titulares? Mañana, u hoy mismo, lo sabremos, porque es el rayo que no cesa de lo inquieto y pesado que es.

Noticia de El Mundo e imagen de Ciudadanoenelmundo’s Blog.

El Rey de España, contra Antigourmet

Nosotros, últimos defensores en la blogosfera del Ancien régime, que todos los 21 de marzo vamos a la Iglesia de San Luis de los Franceses y a rezar con los brazos en cruz, con un ejemplar de “Memorias de ultratumba” en cada mano, por el alma del Duque de Enghien, no nos merecemos esto por parte de nuestro Rey. El pasado miércoles Don Juan Carlos I cometió el nefando crimen -por el que pasará a la Historia- de recibir en audiencia a Ferran Adrià.

¿Qué gana el Rey poniéndose al lado del demonio Adrià? ¿O en realidad ha sido Adrià el que ha recibido al Rey en su seno? Se supone que el Rey, nuestro Rey, el de Todos los españoles, debe mantenerse distante en batallas como esta, en guerras ideológicas de trinchera o tenedor, y no ponerse al lado de uno, cuando encima ese uno tiene de su lado toda la artillería pesada al mando de -por decirlo en el maravilloso hallazgo y único momento de lucidez de la amargada vida de Javier Arzallus- de la Brunete Gastronómica.

Pero Antigourmet -“¡Oh Dios, qué buen vasallo si tuviese buen Señor!”- seguirá en sus trece, en nuestro Montecassino particular, con un retrato de Álvaro Mutis en la mesilla y el ¡Hola! de la boda de la Infanta Elena -¡Exigimos la subida al trono de la Reina Elena I de España!- en la mesa del té. Habremos perdido una batalla con esta recepción, o quizá la hayamos ganado. Ya veremos.

Noticia de La Voz de Galicia e imagen de el blog de davichu.

Aduriz: “Yo sirvo cosas que no están buenas”

Expansión se marca hoy un extraño y sin sentido artículo llamado “Así se crea un restaurante ‘top’” en el que se cuenta, plena de autobombo, la historia del restaurante Mugaritz del cocinero Aduriz. El lector que consiga superar el primer párrafo, que contiene esta indescifrable frase “La pizarra de la cocina del cuarto mejor restaurante del mundo recuerda el realismo en potencia que encierra cualquier sueño a los 30 profesionales afanados en emplatar ilusiones vegetales”, ya se merece un premio.

Aduriz, pensando titulares mientras toma sopa

Pero lo más interesante o impactante del artículo de Marta Fernández son algunos entrecomillados del cocinero, quien, como siempre y como hacen todos sus colegas, disfruta lanzando titulares a cual más descabellado, provocando que incautos blogueros como el que escribe esto, caiga de nuevo, y les dedique un post. Las tres mejores sentencias:

“Los proyectos de I+D deben tener una función social y un objetivo claro.”

“Yo sirvo cosas que no están buenas, pero que son emocionantes. No cocino en la escala habitual del sabor. Cocinar bueno es muy fácil; yo me entrego, me meto en fronteras enredadas y complicadas.”

“El gran enemigo de la alta cocina no es la exigencia, sino la ignorancia. No hay nada peor que un cliente ignorante.”

¿Qué función social cumplen entonces sus proyectos de I+D? ¿Busca acaso sabores malos pero emocionantes? ¿Por qué no regala entonces un vídeo de la emocionante Speed y deja la comida para quien sabe cocinar? ¿No será acaso él el ignorante? ¿Si cocinar bueno es muy fácil, y él cocina cosas que no están buenas, entonces cocinar mal es difícil? ¿Cómo puede ser un cocinero tan ignorante, mucho más que los ignorantes de sus clientes?

Artículo original de Expansión. Imagen de No se le puede llamar cocina.

Antigourmet en El Poblet de Quique Dacosta (y II)

Foto: www.lanek0cina.com

Foto: www.lanek0cina.com

Dejamos el otro día pendiente la parte gráfica que ilustrara nuestra experiencia en El Poblet, y hoy estamos dispuestos a darles lo que nos han pedido y de paso un corte de digestión.

Nos ahorraremos la parte de los aceites, pues en El Poblet no van a ser menos que en otros quimicefas y ofrecen una combinación de tres aceites y tres vinagres para que cada cual se haga una vinagreta a su gusto con la que mojar los distintos panes que no son panes. Alguien empleó la palabra “emulsionar” y fue inmediatamente aporreado en la cocorota con un mendrugo de pan con aceitunas y nueces sin cascar. Este mismo personaje se pasó el resto de la cena intercambiando términos técnicos como “fermentado en barrica” y “germinados” con el sumiller y los camareros. No está de más decir que encabeza la Lista Negra de Antigourmet, lista a la que irán a parar todos ustedes si, por ejemplo, se les ocurre alguna vez decir en público que un vino huele a plátano.

En El Poblet no te dicen lo que vas a comer, ya explicamos el affaire trufa, sino que después de servirte el plato seis camareros que bien podrían haber salido de los escaños de ERC (a ver si empezamos a darnos cuenta de que el morado sobre negro sobre gris marengo está ya más pasado de moda que las camisetas de Naranjito o Mazinger Z) y de que des cuenta de tu ración, te explican en qué consistía el plato. Al contrario que en los restaurantes de verdad, donde si pides mero y resulta que no tienen el camarero te dice :”no me queda, si quiere tengo palometa“, la dictadura de los cocineros estrella deja al Gran Terror estalinista en cueros y a nadie del servicio de sala se le cae el Quique de la boca. Quique pensó esto, Quique hizo lo otro (he de decir que Quique se pasó a saludar al final de la cena y resultó ser un tipo muy majo y le deseo lo mejor). Sin embargo la definición más exacta de la trufa, que resultó ser una bola de crema de queso parmesano, no la dio nadie de El Poblet, sino un compañero de nuestra causa: “sabe a cheeto“. Y les juro que es cierto; era un cheeto de unos 5 cm de diámetro.

Siguiendo el enlace indicado más abajo podrán ver la bruma, el cubalibre de foie gras, la sopa fría (un plato de cena de boda, vamos), la ostra ibérica (tengan cuidado, no le echen un vistazo si alguna vez han consumido drogas psicotrópicas), la gamba, la cigala (unánimemente aclamadas como lo mejor de la cena), la lubina asada en su piel y tallos y las piedras, que junto a un postre hecho a base de coco, esta vez sí era coco, completaba la sección SuCRe del menú. No se los doy en orden; intenten adivinarlo y vean si tienen alma gourmet. Si la tienen, santígüense tres veces y degüellen un gallo negro. La ostra es lo que parece una bosta de vaca.

http://picasaweb.google.es/folalqui/ElPoblet?feat=directlink

Y con esto cerramos nuestra primera incursión en territorio enemigo. Temblad, malditos, que allá vamos así nos cueste mantener un harén.

Sé que me falta indicar los nueve o diez vinos que sirvieron en otras tantas copas distintas. Quiero decir otras tantas copas distintas en tamaño y forma. Con lo rico que está el vino cuando se bebe en vaso de chato. No se los indico porque se me han olvidado; sólo las mentes más enfermas o nuestros amigos de Vinarium son capaces de asimilar una explicación sobre un vino de más de diez minutos de duración; más aún cuando salta a la vista que el sumiller tiene graves problemas con sus glándulas sudoríparas, quizás debido a llevar demasiado apretada la corbata granate sobre la camisa negra. Y mientras tanto, nuestro amigo gourmetita ejerciendo de tal:

- ¿Este vino es de pago?

- ¿No convendría decantarlo?

- ¿La barrica es de roble o de manzano japonés?

Y después de cinco horas, por fin logramos salir de allí e ir a bañarnos en bolas a la playa.

Nota: no quiero dejar de expresar mi más profundo y sincero agradecimiento a los cinco amigos que tuvieron el bellísimo detalle de invitarme a cenar en el Poblet. Muchas gracias, no lo olvidaré jamás.

Antigourmet en El Poblet de Quique Dacosta (I)

Quique Dacosta

Quique Dacosta

Con un par. No ha sido fácil, pero Antigourmet ha logrado cenar de gorra en El Poblet (Denia, Alicante), feudo de Quique Dacosta. Aunque realmente nunca nos ha importado poner a caldo tanto a restaurantes en los que no hemos estado como platos que no hemos probado, y de hecho algún día publicaremos una crítica del Sergi Arola Gastro sin ni siquiera pisarlo, básicamente porque nos da miedo lo que podríamos hacer si nos viéramos cara a cara con Arola, por ejemplo besarle a tornillo, estamos tan bien entreverados en la sociedad, tan bien mimetizados con todos ustedes, vulgo, plebe, sal de la tierra y todo eso, que hemos logrado que uno de nuestros simpatizantes recibiera como regalo de boda una cena en El Poblet. El sacrificio ha sido altísimo, quizás no debería ser necesario decirlo, pero sobrellevará los años de gulag conyugal con la cabeza bien alta. ¡Héroe de Antigourmet! ¡Mártir de la Gran Guerra Gastronómica! Qué más quiere.

Así que, basado en las notas y fotos que pudo tomar haciendo gala de unos nervios de acero soviético, con los que hizo frente al riesgo inherente de que alguien le confundiera con Cucharete, les paso a contar lo que nuestro továrich vio, comió y vomitó (en secreto) durante su misión, que deja en bragas la incursión de Scapa Flow y aquella vez que nos colamos en el museo del Nou Camp cantando en perfecto bable el “olelé olalá ser del Barça es…”.

Lo bueno de tratar con sitios con estrellas Michelín (El Poblet tiene dos) es que uno se divierte mucho dando la tabarra con los preparativos. Les escribes para reservar mesa para seis, les pides un menú especial, te mandan una propuesta, les contestas que por favor te expliquen qué es la Bruma y el Bosque Animado (resultaron ser dos platos distintos), te lo explican pero insistes en que te aclaren, si pueden, lo de “las frías mañanas de bruma nos traen aromas de tierra húmeda, hierbas ercarchadas, que se reencuentran en nuestra cocina” (literal). Obviamente, no pueden. Pides las referencias del Sumiller, haces gala de los cursos de cata en Vinarium, por fardar y por ver si son seguidores de @luigivolatile en Twitter, y finalmente consultas si exigen alguna etiqueta, sin resistirte a escribir “dress code”, por ponerles a prueba y tocar narices. “Cualquier indumentaria es correcta, salvo chándal y chanclas“. Golazo por la escuadra de Quique Dacosta.

Transcribo una vez más del menú que nos encontramos al llegar a la mesa después de ser agasajados por diecisiete maitres bajitos y con perilla, todos muy insistentes en que leyéramos lo que nos habían preparado para comprobar que no teníamos ningún problema con los ingredientes, dejando claro que todos los correos electrónicos previos, cuyo propósito era precisamente ese, habían sido atendidos por el aparcacoches. Otro gol y 2-0  para Quique.

NUEVaS TRaDICIONES - En nuestro desafío por conseguir cosas que nos hagan vibrar, hemos llegado en el paso inevitable del tiempo, a lo que para nosotros se han denominado Nuevas Tradiciones. Platos que se han consolidado en el tiempo y han sabido enevejecer como lo que fueron en su día, Vanguardia. A partir de esta idea hemos creído necesario recoger en un menú, nuestros platos tradiciones. Bautizando el menú, como “Nuevas tradiciones

Tras esta introducción, cuya tipografía y puntuación nos hacen suponer que o bien estamos ante otro ejemplo de Vanguardia (¿por qué no Banguardia, ya puestos?), o bien contemplamos de nuevo una obra salida de la mano del aparcacoches, el menú viene dividido en dos capítulos: “La Sal y el SuCRe”

La Sal consta de: Trufa Blanca, Bruma, Cubalibre de Foie gras, Sopa Fría, Ostra Ibérica, Gamba, Cigala, Lubina asada en su piel y Tallos, la Gallina de los Huevos de Oro y para terminar esta parte “Maderas. Pedazo de Foie Gras, asado y reposado a la madera. ¿Dónde y cuándo acaba la vida de un árbol?

¡Dos fuás!. En Antigourmet postulamos que si añadiera un tercero lograría la tercera estrella Michelín; una vez más este ejercicio de consultoría 4.0 les sale gratis, pero que sea la última vez.

La ostra y la trufa fueron respectivamente rechazadas por un alérgico y una persona con sentido común, pero aquí fue donde recibimos el primer rejonazo. “No te preocupes. La trufa no es trufa”. Por su parte, el Bosque Animado sustituyó a la ostra en una maniobra que dejaba claro que todo interés que pudieran tener en nuestra salud es fingido, pues una vez más nadie quiso aclararnos quiénes eran los habitantes del puto bosque.

Si ustedes tienen interés en saber precisamente eso, o en qué consisten la parte SuCRe del menú y una trufa que no es trufa, o cuándo acaba la vida de un árbol, o si la Sopa Fría es un homenaje a M-Klan, o si realmente es humano y suda como todos nosotros un sumiller que sabe que la pendiente de la ladera donde crecen las uvas con las que se hace el vino que vas a beber es del 8%; si quieren saber todo eso y qué dio pie a comentarios como “sí, sí, pero aquí realmente sólo estamos comiendo pan”, “seré feliz de nuevo cuando desaparezca el puto boletus de la faz de la Tierra” o “apartaos, que me acabo de pegar otro Dacosta”, esperen a las siguientes entregas de esta crónica. Cuando vean la foto de la Ostra Ibérica no podrán dormir nunca más.

Redzepi, jefecillo de la secta ecochef

Lo leí ayer mientras veía un rato el Tour y no entendí nada. Ayer en El País Semanal venía un articulo reportaje cantando las glorias de un tal René Redzepi, cocinero de Noma, un restorán de Copenhague, que resulta que es un radical de la cocina ecológica y, por ejemplo, no usa el chocolate al no ser originario de Europa, Escandinavia, Dinamarca, Copenhague, su barrio, su casa, su nevera, que la verdad es que no sé dónde pone la frontera para que un producto llegue a sus platos.

Todas las bobadas que hace Redzepi, bueno, tienen su gracia, como ir a buscar hierbas por el monte para cocinar luego con ellas, aunque lo que más mola son las patochadas que dice, como que “en breve, la figura del cocinero recolector tenderá a consolidarse” y, sobre todo esto de que, “cuando llegué a El Bulli aprendí a sentirme yo mismo, a comportarme con libertad y a saltarme la rigidez de las viejas normas”. ¿Pero qué es El Bulli, un monasterio, un balneario, un campo de fútbol? ¿Qué vieja norma se saltó, hizo caca en la mesa?

A destacar los comentarios de nuestro amigo Aduriz, primero tan condescendiente con el cocinero danés que casi parece una frase de José Luis Moreno “Redzepi posee todos los atributos para convertirse en un profesional de referencia. Tiene talento, es inteligente, y una ambición legítima. Intuye las oportunidades y sabe sacarles el máximo partido”, y luego con este disparate al acusar a Redzepi de insolidario porque no echa al bacalao tomillo de Gabón si no de Dinamarca: “No comparto su radicalismo culinario. En un mundo global, su actitud es reduccionista. No me convencen los ultranacionalismos. La sostenibilidad del planeta ha de ser global. Debemos ser responsables con nuestro entorno, pero también solidarios con los países más pobres”.

Noticia de El País. Imagen de 7 Caníbales.

Sánchez Dragó contra Ferran Adrià

Lo tenía apuntado desde el jueves pasado, que leí la noticia en blog La papelera de Juan Palomo de El Cultural, de El Mundo -a quien sigo desde sus tiempos en ABC-, pero Sánchez Dragó se me ha adelantado con su artículo Merengue de remolacha al yogur, me avisa puxina en un comentario al post sobre la gran carrera Wine Run Lanzarote.

Y es que resulta que un botarate francés llamado Bruno Mantovani estrena estos días en París una obra llamada Le livre des illusions, obra que consta de 35 movimientos inspirados en los 35 platos que se tomó el tal Bruno cuando fue a El Bulli.

Así que me ahorro los insultos a Bruno y Ferran y copio alguna de las gloriosas frases del maestro Dragó:

“Ejemplo y símbolo de ese proceso de decrepitud, infantilismo generalizado, imbecilidad senil y zafarrancho universal de cursilería podría ser la llamada ‘cocina creativa’, que ni es creativa ni es cocina.”

No hay tonto más listo que Ferrán Adriá (aunque los pinches de su legión de marmitones no le vayan a la zaga) ni tontos más tontos que quienes le ríen las gracias, le invitan a dar conferencias vestido de mona, le imponen medallas de oropel y se desplazan hasta un lugar perdido de la costa del Ampurdán para salir de ‘El Bulli’, adonde nunca iré ni aunque me lo pida el Papa, con los jugos gástricos alborotados por la química, más hambre que un refugiado de Darfur y menos cuartos en la cartera que un mendigo de las escalinatas del Ganges a su paso por Benarés.”

Para acabar el artículo con un:

“Ahora me voy a tomar un chocolate con porras a la churrería de la esquina. ¿Y qué tal, para el almuerzo, unos callos a la madrileña precedidos por una tacita de gazpacho y rematados por arroz con leche?”

Menú que con este calor no sé qué tal le caerá, aunque nos encantaría compartir con él platos tan Antigourmet.

Poco queda que decir sobre la obra de Mantovani o sobre la idolatría al mago de Adrià -quizá el mejor vendedor de humo de los últimos años- después de leer el artículo de Dragó, que suscribimos enteramente.

Ama a Sánchez Dragó sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo.

Imagen de PoderFriki.com.

El pollo, el pez y el cangrejo real: Concurso de cocineros

Fue candidata al premio Goya al mejor documental este año, creo que no ganó, no me enteré. Tampoco sé si se ha estrenado, imagino que, como gran cantidad de películas españolas, no, y da la impresión de que a todo el mundo, y sobre todo a sus autores, les da igual si se estrena o no. José Luis López-Linares, autor de la genial “Extranjeros de sí mismos”, que es del año 2000, ha hecho ocho películas desde entonces y, aunque seguramente me equivoco, creo que no ha estrenado ninguna de las ocho.

Bueno, la peli, Jesús Almagro, el cocinero ganador de Campeonato Regional de Cocina de la Comunidad de Madrid de 2006, se prepara para presentarse al Bocuse d’Or, y pierde, claro. Vamos, es como aquellos Vivir cada día de los años ochenta, o el actual Mi cámara y yo. Viendo el tráiler ve uno lo ridículas que quedan algunas escenas desde fuera, y que en realidad no lo son ya que el trabajo de esos señores es que les salga bien la comida y lógicamente les molesta que no sea así -aunque el trabajo es en el restaurante, no en el concurso-, como en la que no quiere salir a enseñar sus platos porque se le ha cortado una salsa. Ahí va el tráiler:

Imagen de C&C para dos…

Según Google, Adrià es el Anticristo

Recuerdo hace unos años que en un programa de cotilleo alguna olvidada buscona acusaba a alguien de algo diciendo a gritos en el plató “¡¡Lo dice internet!!” Así que lo que dice internet es verdad o, por lo menos, ocurre. Si a esa verdad le unes el nombre de Google ya la verdad pasa a ser incontestable, ya que lo que no está en Google no existe.

anticristo

Google es el tío más listo del planeta, le ganaría en dos patadas a Kasparov y al Deep Blue juntos, así que el otro día cuando veía qué tal había quedado mi post sobre la deleznable cerveza de Adrià, el cielo se abrió de par en par cuando vi a la derecha del post uno de los anuncios “inteligentes” que nos coloca papá Google por todos lados (ver la esquina inferior derecha de la imagen un poco más arriba). El anuncio, “Who is the Antichrist?”,  era de una encuesta para elegir el Anticristo, antichristindetity.com. Por lo que Google, al ver un post sobre la cerveza de Adrià, sobre Adrià, cayó en la cuenta de que qué mejor candidato a ser el Anticristo que nuestro cocinero publicista. Y es que lo es.

Así que, como lo dice Google, Ferran Adrià es el Anticristo.

Un mini de Inedit, por favor

Los creadores de Inedit, posando disfrazados de Depeche Mode

Estrella Damm es la culpable de Inedit, la cerveza para mentecatos con nombre de festival de cortometrajes, casi más que sus verdaderos creadores, Ferran Adrià, Juli Soler y el equipo de sumilleres de su bar.

Imagino que habrán sido los Estrella Damm los que han escrito los textos de la página de red de la cerveza, verdadero catálogo de frases del infierno gourmet, frases contra las que juramos -de rodillas ante el escaparate de un Museo del Jamón- luchar eternamente.

Repasemos estos demoníacos textos, que ponen los pelos de punta a cualquiera:

¿Por qué? Estrella Damm Inedit nace del convencimiento de que era necesaria una cerveza capaz de acompañar con el máximo respeto la mejor gastronomía.

¿ Qué es? Estrella Damm Inedit es un coupage único de malta de cebada y trigo, con lúpulo, cilantro, piel de naranja, regaliz, levadura y agua. Tras el llenado y taponado, se produce una segunda fermentación en botella, otorgando complejidad y haciendo que pueda presentar sedimentos naturales.

¿Cómo es? Nota de cata: de alta intensidad y complejidad aromática, su aspecto es ligeramente turbio. Muy afrutada y floral en nariz, con sensación de levadura fresca y recuerdos a especias dulces. De textura cremosa y fresca, suave volumen y carbónico delicado. Postgusto largo y de recuerdo afable.

¿Cómo se sirve? Se recomienda mantener Estrella Damm Inedit en cubitera durante su servicio en copas de vino blanco. Es importante no llenar más de la mitad de la copa para apreciar perfectamente todas sus virtudes.

Los textos se comentan solos. Para qué comentar algo sobre “respeto por la gastronomía”, “coupage único”, “otorgando complejidad” o “recuerdo afable”, si ya todos conocemos de memoria la vana palabrería gourmet, y a cualquier niño de siete años le puedes decir que diga algo sobre una bebida y casi seguro te dirá las palabras “afrutada” y “textura”, aunque no sepa -como los adultos que las dicen- qué significan. Qué asco da la cerveza Inedit.

Imagen de DecoEstilo.

Dan Barber y la tontería del ecochef

Dan Barber en su posición de espantapájaros

Dan Barber en su posición de espantapájaros

Iba a hablar de Inedit, la cerveza para pijos redomados que ha creado nuestro amigo el abusón de Adrià, pero lo dejo para la semana que viene, que leyendo sobre esa cerveza he encontrado en ADN un artículo sobre Dan Barber, el padrino en Estados Unidos del brebaje de Ferran, y me ha producido un shock demasiado intenso.

Semejante snob tiene dos restaurantes en Estados Unidos, uno en Nueva York y otro en el campo. Su única gracia es que lo que comes lo cultiva el tío en su finca del campo, e incluso puedes elegir y recolectar tú mismo los boniatos que te vas a cenar. Vamos, la típica bobada que le encanta a cualquier dueño de una Blackberry.

El ruralismo integrista de Barber cojea por todos lados, claro, al igual que cojeaban las tontadas posmodernas de Dogma al violar a cada momento su credo. Un ejemplo, vende la cerveza de Adrià cuando debería vender su propia cerveza. Poco importa que la tierra donde tiene su granja dé malas zanahorias, te las cobrará como si fueran de oro y saldrás diciendo que son insuperables.

¿Se acuerdan de un programa de la tele en el que Paris Hilton vivía en una granja y tenía recoger las patatas que luego se comía y ordeñar vacas? Pues todos aquellos que se reían de la Hilton -gran disco el suyo-, son exactamente iguales a ella si pisan el bar de Dan Barber, ecoche y ecoidiota.

Y todos volverán a casa babeando por la gran experiencia que ha sido cenar en el bar de Barber, igual que sus hijos de cinco años cuando vuelven de que les enseñen en una granja más falsa que un mercadillo medieval un cordero y un cerdo.