Archivo de la Categoría 'bares'

Galicia y la cultura del latte art

Mi amigo Santiago, siempre atento a todas las marcianadas que se cuecen por nuestro asqueroso planeta, y más si las marcianadas vienen de su querida Galicia, me ha pasado -antes de cometer el delito de ponerse la corbata para ir a cenar a esa cueva de filibusteros llamada La Terraza del Casino- una noticia de La Voz de Galicia titulada “Expertos gallegos en latte art introducen esta moda en la cafeterías” sobre unos cuantos camareros desocupados que dibujan cosas en la espuma de los capuchinos, como antes dibujaban tréboles en las pintas de cerveza negra.

Como toda buena payasada, el invento es italiano, y el Fofó de la historia es un tal Luigi Lupi que trajo a Galicia la moda y te dibuja un Castelao en el café en un pispás. El presidente de la Asociación de Baristas de Galicia nos deja estupefactos: “Empezó como una moda, pero ya es una cultura”. Bien, todos sabemos que si una cosa es una “cultura” es que es cualquier cosa menos algo culto; “cultura” es la palabra más devaluada de nuestro idioma con “filosofía” y “fascista”. La cultura del fuera de juego, la filosofía del botellón, y si decimos que no a cualquier cosa, somos fascistas.

Martín Prieto tarda quince segundos en dibujar una Torre de Hércules en el café. A este Martín deberían dejarlo suelto en Los Clarines un día de feria, a ver cuánto duraba vivo.

Noticia de La Voz de Galicia. Imagen de I Luv Seattle.

El hediondo rastro del foie

El martes pasado José Ramón Márquez publicaba en Salmonetes Ya No Nos Quedan un pequeño texto sobre su visita a los mosaicos de Carranque (abajo, en la imagen). Al terminar la visita se fueron a comer, como hay que hacer siempre tras hacer cualquier “cosa” cultural, y esto dice cuando le propusieron ir a El Bohío:

“Es que El Bohío tiene o tuvo una estrella de Michelín y eso es una mala cosa. Significa que nos harán reverencias al entrar y salir, que nos venderán el vino como si fuese perfume y que más pronto o más tarde aparecerán en nuestros platos los inventitos y el hediondo rastro del foie. Busquemos un local honrado, donde no se nos reverencie tanto, que a fin de cuentas somos personas comunes.”

Y se fueron a un bar llamado Restaurante Carranque, donde comieron una comida normal. El texto termina con una frase genial sobre el sitio donde comieron, frase que califica al restaurante como un perfecto local Antigourmet:

“Como es natural, no admiten tarjetas.”

Tras hacer una excursión una mañana de fin de semana no puede uno meterse a comer en un sitio donde en el menú solamente comprenda las conjunciones, hay que ir a un sitio clásico, donde haya unas cuantas familias con niños gritones tomando filetes empanados con patatas, para poder charlar sin miedo sobre las piedras que has ido a ver, mientras en la tele está el tenis o las carreras de coches. Todos los sitios que no admiten tarjetas cumplen estos sencillos requisitos para poder disfrutar de una gran comida.

Textos de Salmonetes Ya No Nos Quedan e imagen de CulturaClásica.com.

Quiero tortilla estatal

En un alarde de imaginación, la ganadora del Trofeo Coca-Cola XII Campeonato de España de Tortilla de Patatas que se celebró hace nada durante el XI Congreso lomejordelagastronomia.com, Itxaso Cisneros del bar Izaro de Bilbao, ha puesto en el escaparate de su bar para anunciar que hace la mejor tortilla de patatas de España la frase 2009 Primer Premio Tortilla Estatal, según recoge el blog de Santiago González (cuya imagen copio).

Tras reírme un rato ante tamaña paparruchada, puse “Tortilla Estatal”, el genial disco de Patrullero Mancuso, como no podía ser de otro modo, para escuchar El halcón milenario, El peine de la tortuga, Qué poquita cosa, o la canción que da título al disco, Tortilla estatal, cuya letra copio:

Tenga cuidado por favor,
yo sólo busco lo mejor.
Quiero tortilla estatal.

No se equivoque, embaucador,
está usted hablándole a un señor.
Déme tortilla estatal.

Y todos juntos a cantar:
“Trala lara la la la la,
quiero tortilla estatal.”

En fin, nada, que el lenguaje torticero y totalitario de los nacionalistas a veces crea genialidades como la de arriba, y esta vez además me ha llevado a recuperar un gran disco que hace tiempo no escuchaba. Y es que hay que darle al César lo que es del César, y el término “tortilla estatal” lo inventaron Murky, Guiller, Jaime y Manuel, grandes entre los grandes. Ni eso ha inventado la pobrecilla de Itxaso.

Zaragoza: Smouk y El Fuelle

El finde pasado estuve por Zaragoza viendo a unos amigos y fuimos a dos sitios totalmente opuestos, gourmet y antigourmet, aunque con comida bastante buena los dos.

El viernes cenamos en Smouk, al lado del gigantesco Pilar, y uno, al entrar, ya sabía lo que iba a tomar, de qué iba la cosa: Local moderno, paredes negras, camarero rapado y con gafas y con camisa negra, platos cuadrados y servilletas negras. Teníamos reserva arriba, que abajo no quedaba sitio. Apretados y subidos en taburetes, una rubia tiabuena haciendo un show en la barra con unas amigas murciélago para que todo el mundo la viera y un disco de Norah Jones sonando durante toda la velada fueron lo peor. Lo mejor, la compañía, claro, los risottos que nos tomamos, el tiramisú de postre y los dos mojitos superdensos de fin de fiesta.

Tras pasar todo el sábado en Gallocanta viendo grullas, el domingo quedamos para comer en El Fuelle, clasiquísimo local donde los haya. Al igual que en Smouk, todo estaba claro nada más pasar la puerta. Paredes blancas repletas de adornos raros (guadañas, triciclos, cencerros, etc.), manteles de cuadros, (miles de) camareros de blanco y con faja, jotas de fondo bajísimas (gracias a Dios), platos redondos y blancos, y comidas con nombre corto. Prohibido el fua. Lo mejor volvió a ser la compañía, no podía ser de otro modo, y las risas que nos echamos con un chavalito que comía con su familia y tenía la resaca más grande de la historia. Monumentales las migas, el ternasco, la morcilla, el melocotón con vino, y todo en general.

Es curioso que uno sepa perfectamente lo que va a comer viendo la decoración de un local.

Imagen de 11870.

Terror en el Museo del Jamón

En uno de nuestros Lunes Antigourmet el otro día elegimos el Museo del Jamón de la calle Capitán Haya para cenar. Siguiendo el camino iniciado otros lunes con la pepitoria de gallina de Casa Ciriaco, la tortilla de Sylkar o los torreznos de Los Torreznos, nos encaminamos ilusionados al bar. Todo pintaba bien, una máquina tragaperras nada más entrar, millares de jamones colgando, flores de plástico, ofertas de bocatas de jamón a euro y fútbol en la supertele.

Pero solamente nos tomamos una caña dentro, que hacía tanto calor que nos sentamos en la terraza. Y allí nos apretamos un par de bandejas de  jamón, un poco de queso, unos repulsivos torreznos (al compararlos, claro, con los increíbles de Los Torreznos), una botellita de vino, un flan de postre y no recuerdo qué más entre medias. Éramos tres y la cuenta fue de 150€. Nos quedamos alucinados, pero estaba bien, que las bandejas de jamón costaban un Perú, según vimos después. Haciendo cuentas nos podíamos haber tomado 150 bocadillos de jamón, 50 cada uno. Reíamos por no ver lo pringados que éramos pagando la turistada.

Y encima dormí fatal. Que le jodan al Museo de Jamón, la próxima vez vamos al Diverxo ese, que ya que nos estafan por lo menos quedamos como unos señores. Seguirá siendo un templo del saber, pero a mí no me vuelven a pillar. Pincho de tortilla y caña y a otro bar a cenar.

Imagen del Museo del Jamón.

Room Quatro: Pizzas diseñadas y dirigidas

El otro día viendo el estreno del Real Madrid en la Copa de Europa en casa de un amigo, mientras sus hijas lloraban como si hubiera vuelto al banquillo Vanderlei Luxemburgo, nos decidimos a pedir por teléfono una pizza para cenar. Dos folletos tenía mi colega en su casa, uno de Domino’s Pizza o alguna pizzería con logo azul y rojo, y otro de Room Quatro. Al ver la frase que encabezaba el tríptico de Room Quatro inmediatamente llamamos a la otra pizzería. “Room Quatro: Pizzas diseñadas y dirigidas por Nemesio Sánchez, campeón del mundo de pizza 2008 y campeón europeo 2005 y 2006″ ponía. Qué susto nos llevamos.

Luego nos enteramos de que todo era fachada, ya que hacen pollos asados como Dios manda los fines de semana, lo que elimina cualquier rastro de gourmetismo que pueda tener el local, que seguro tiene jamones colgando, máquinas tragaperras y, si hay suerte, un póster de la plantilla del Celta de Vigo.

Leyendo la indispensable ficha de 11870, veo que un pobre incauto ha visto comiendo en el local nada menos que a Romay, a Kylie Minogue (buena vista tuvo) y a Ana Obregón, imagino que no juntos, claro. Otro dato que elimina del todo su exclusivismo.

Y en la carta, todo el cutrerío cursi que puede tener una pizza gourmet, esto es, rulo de queso de cabra caramelizado, tomate deshidratado, el inevitable boletus, algún carpaccio que otro, como no podía ser de otro modo, y la rúcula. ¿Qué pasa con el fua, Nemesio?

¿Qué son pizzas dirigidas?

Los Refugios de Bayona

El sábado pasado pasé la tarde en Bayona, que el ferry La Guardia-Caminha estaba cerrado y no me apetecía ir hasta Goyán para cruzar a Portugal. Y quise ir a mi bar favorito de Bayona, que creo que se llama O Refuxio d’Antón, un bar marinero adornado de mala manera, pero que era el único con un cierto encanto de los que quedan en la calle Ventura Misa, y que tiene unos chipirones de escándalo para tomar con un botellín. Resulta que está cerrado y se traspasa. Ojalá que quien lo coja deje esa decoración de chamarilería y ese magnífico suelo de piedra. Aunque no creo, en Bayona casi todo parece chill-out últimamente.

El Jaqueyvi estaba lleno y no se podía ni entrar a tomar la tortilla de medio metro de alto así que seguí por la calle y me paré en el otro refugio, este sin apellido, simplemente El Refugio -creo que se llamaba-, y ahí que me metí que había una mesa vacía que se veía desde la puerta. El local, todo lo rancio que me gusta, con carpinterías de aluminio y demás, y unas tapas servidas con naturalidad, rapidez y muy ricas. Creo que el clásico de ahí es caldo, me dijeron, pero tenía demasiado calor. Así que, mientras no reabran el de Antón, ese será mi bar de cabecera en Bayona.

Escanciar sidra es imposible

Creo que es la bebida más incómoda de beber del mundo. Si no eres un simpático aborigen o alguien con la coordinación de un cirujano como punctutron, es imposible disfrutar con una botella de sidra asturiana. Te dan una botella, tienes que poner la postura de la grulla de Daniel-san en Karate Kid, golpear el chorro contra el lateral del vaso, que te salpique bien, beber todos de un vaso, no acabar lo que te has echado y tirarlo por ahí, y dejar también sin tomar el final de la botella. Vamos, que hay que cumplir más rituales que Nadal para para tomarse nada más que dos culines de una botella.

karatekid

Final del Campeonato del Mundo de Escanciadores. A la izquierda Johnny Lawrence (Detroit, 1981) y a la derecha Daniel LaRusso (Langreo, 1984)

Ahora para que el desastre no sea tan completo y uno no se sienta estafado han inventado diferentes succionadores y escanciadores mecánicos que hacen el trabajo sucio, convirtiendo a las sidrerías en extraños locales más parecidos a una clínica ortopédica que a un bar.

Eso sí, los dos culines que te tomas de cada botella están buenísimos. ¿Pero hacía falta complicarse tanto para tomar un zumo de manzana?

Desayuno vegetariano

Vamos con un post dominguero, ligero y cortito, con la típica chorrada que te envía un amigote y que al final llega por ochenta sitios diferentes a tu buzón electrónico. La imagen:

desayuno-vegetarianogallego

Imagino que será un anuncio real, porque ese tipo de desayunos se estilaba antes, cuando se trabajaba en el campo (y la poca gente que sigue en el campo seguirá con este tipo de desayunos). Lo que pasa a ser una gracia es lo de “Desayuno vegetariano”, que sí que lo es, al igual que casi todos los desayunos españoles, que en la mayor parte de los casos es un simple café.

Que alguien se ría de los vegetarianos es algo que a Antigourmet nos encanta, ya que, además de estrictos seguidores de Chesterton -que a pesar de ser bastante gourmet, era antivegetariano-, lo somos también de la fritanga.

Y hablando de desayunos, nunca perdonaremos en la vida a Gallardón, alcalde de Madrid, su decisión de retirar de los desayunos que se ofrecen a las personalidades que nos visitan los churros y las porras y sustituirlos por bollería fina. ¡Gallardón, cobardica y cursi!

Andoni Luis Aduriz y la bistronomía

 

 

andoni luis, echando un bistrotrago (foto: www.elcorreodigital.com)

Andoni Luis, echando un bistrotrago (foto: www.elcorreodigital.com)

Andoni Luis Aduriz, además de estar a la siniestra de Satanás y de jugar al Quimicefa en su restaurante, se dedica a escribir en sus ratos libres, entre guisante lágrima y salsifí fosilizado, y a nosotros nos parece muy bien, porque en eso nos parecemos mucho y nos hace sentir muy cultos, entre albarán y protesto de letra. El periódico El País publica regularmente algún artículo suyo; el que en esta ocasión nos ha llamado la atención es el aparecido el pasado día 4 de mayo, titulado “Los nuevos fogones sencillos“.

Aparte de la memez de considerar la cocina un arte, que ya hemos definido alguna vez como el ansia tanto de los cocineros de ser artistas como de los clientes de sentirse cultos simplemente llenándose la panza junto a los amiguetes (porque no, Andoni Luis, gracias a Dios aún no es lo mismo la Capilla Sixtina que una pieza de ternera de leche asada entre brasas de sarmiento), Aduriz cree haber encontrado la causa de que los restaurantes bistronómicos provoquen furor entre las masas. No sé entre ellos, pero desde luego entre nosotros sí que desatan el furor, y aquí la exactitud del término nos hace ver que, más que ante un cocinero, estamos ante una pluma fina. Furor: cólera, ira exaltada.

El término bistronómico lo inventó el periodista francés (una asociación aterradora) Sebastien Demorand (nos llegan rumores de que por ello está propuesto para el Premio Príncipe de Asturias de las Artes), y según Aduriz es una fusión de las palabras bistrot y gastronomía. Esto no está claro, pues según otro escalofriante artículo publicado en El País, La alta cocina busca sitio por debajo del Olimpo, en el que entre otras aberraciones se puede leer a Adriá afirmar “Hay que salir del tema elitista. Encontramos normal la emoción en el fútbol, pero si dices que lloras ante un plato magnífico dicen que eres un cursi. Cuando superemos esto vamos a ser líderes de verdad“, el aborto viene de bistrot y económico. Exigimos ya mismo a la FAO que aclare este lío, pues uno ha de saber dónde come.

Y no es de extrañar que nada esté muy claro, pues la explicación de Aduriz llega en los dos últimos párrafos del artículo y es digna del Heidegger más oscuro. Léanlos si tienen valor.

A mí me parece que el número de personas que tienen interés en que la exégesis de un plato de garbanzos sea el centro de atención durante una cena es bastante limitado, y más aún si para ello se tienen que dejar más de 200 euros. ¿Cuántas personas viven fascinadas por las nuevas tendencias de la cocina actual?. No creo que sean muchas, y además por razones de salud tienen que limitar sus visitas a los restaurantes de vanguardia, pues de vez en cuando necesitan comer de verdad. Así que un avispado se busca unas cuantas palabras en francés, las junta, y ya tienen ustedes un sitio donde pueden comer lo mismo que en los restaurantes, pero en todavía menor cantidad. Vayan, compruébenlo y si quieren después quedamos en un bar y nos lo cuentan.

Le Pain Quotidien, la farsa cotidiana

 

Los cultivos ecológicos de Le Pan Cotidien

Los cultivos ecológicos de Le Pain Quotidien

¡Alégrense, madrileños!. Sus conciencias, que seguro que de vez en cuando asoman para darles un rato la tabarra, se dan un respiro: por fin en Madrid se puede uno acercar a Le Pain Quotidien, desayunar gastándose la pasta gansa, con el Porsche Cayenne aparcado en doble fila justo delante de la puerta, y al mismo tiempo tener la tranquilidad de que allá en Túnez, en los extensos olivares Chetoui que rodean la localidad de Tebourba, la familia Mahjoub sigue elaborando el aceite de oliva como lo hacían sus antepasados hace siglos. Suponemos por tanto que no utilizan tractores, ni luz eléctrica, ni agua corriente. ¡Que se jodan!.

En Le Pain Quotidien todo es bonito. Los camareros (que también son muy bonitos)  llevan camisetas negras fabricadas con algodón ecológico; las mesas son de madera reciclada (y con todo el morro en su web aseguran que no se ha cortado ningún árbol para poder tener esas mesas. Entonces, ¿no es madera natural?¿Lo sintético es orgánico?. Sospecho que por mucho que sea reciclada, alguna vez se tuvo que cortar un arbolito); la mantequilla es orgánica, es decir que tiene restos de bosta de vaca, aunque sean microscópicos, y la mermelada de fresas proviene de la huerta ecológica. Así todo. El resultado final es que un café con leche y un cruasán normalito salen por más de 4 euros, es decir más de 800 pesetas. No hace mucho te tomabas un desayuno de 800 pesetas y podías estar una semana sin comer.

Cualquiera que haya estado alguna vez en una granja algún tiempo más del necesario para lucir barba de tres días, pañuelito palestino y una Nikkon de 1.000 euros, se da cuenta enseguida de que lo natural es una guarrada. La leche recién salida de la ubre, por ejemplo, aparte de ser un foco de bacterias, sabe fatal. El culto a lo orgánico es la última parida que se han inventado los popes de la gastronomía para cobrar unos euros más y de paso ahorrarse las medidas sanitarias que todos deberíamos exigir. Pero en esta sociedad de hoy, donde nos encanta jugar a ser pobres y nos avergonzamos de habernos civilizado, cualquier cosa que suene a ancestral nos parece maravillosa. Y sí, las cuevas de Lascaux son una maravilla. Y la catedral de Burgos. Incluso los guerreros de terracota que hay en la China, aunque sean fruto de una civilización que aún come ayudándose de dos palos. Pero la peste también es ancestral y es mala, mala. Y la brucelosis, también conocida como fiebres de Malta. Y las garrapatas. Y las ratas. Si siguen proliferando los locales orgánicos (fíjense que su mismo adjetivo ya es esqueroso: nos provoca imágenes de estómagos, hígados, riñones, todos supurando líquidos gástricos o ácido úrico o pus), no nos va a quedar más remedio que imitar la actitud de una sabia tía mía, que a la hora de elegir el postre en un restaurante siempre hacía las mismas preguntas.

- ¿Qué tiene de postre?

- Fruta y natillas

- ¿Las natillas son caseras?

- ¡Por supuesto, señora!

- Entonces tráigame fruta

Nota: La historia de la familia Mahjoub está sacada de un folletito que te dan en el Pain Quotidien al acabar de desayunar; así los clientes la pueden leer con deleite mientras intercambian emails y llamadas a través de su dispositivo 3G, que suponemos funciona a pedales y no emite radiación alguna.

Le Pain Quotidien tiene tiendas en Fuencarral 95 y Velázquez esquina a Juan Bravo

Tintos de Alta Expresión

En Galicia, en la Semana Santa, me fui a cenar un día con unos amigos a uno de nuestros bares de cabecera, con una cocina maravillosa, donde el pescado que fríen como nadie en el mundo lo trae el marido pescador de la que lleva el local. Es el pescado que él mismo pesca todas las noches.

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Hace años no te ponían ni platos, y ahora tras remodelar el local -que ha perdido algo romántico pero sigue siendo precioso-, se marcan una carta de vinos donde hay una cosa que no conocía, Tintos de alta expresión, pero que mi amigo Santiago, autor de la foto que acompaña este texto, me explicó en una frase demoledora mientras las televisiones europeas se autohumillaban transmitiendo una rueda de prensa de Obama.

“Tinto de alta expresión es la frase que se usa ahora en algunos sitios para subirte el precio de la botella de vino treinta euros”.

Ya no hice más preguntas, claro, nos tomamos nuestro vino, nuestra cena -magnífica, como siempre-, hablamos de Perdidos y nos echamos unas risas.

Hoy he recuperado la foto que hizo para que escribiera este post, todavía asombrado por lo de “alta expresión” y por la tontería que nos inunda y que acabará por ahogarnos.

El día que cerró Corripio

En mis últimos paseos por la calle Fuencarral de Madrid no lo había visto, y la última vez ya fui viendo local por local a ver qué había pasado con el mítico Corripio, y vi que ahora era un bar modernillo, que no recuerdo pero seguro que ponía lounge por algún lado del cartel. El Corripio ha desaparecido, en realidad desapareció, leo en El Ángel de Olavide, ya hace más de dos años. ¿Cómo era Corripio? Que lo diga El Ángel de Olavide:

“Corripio servía sidra de grifo acompañada de unas riquísimas empanadas muy exclusivas. Tengo que decir que conservo el teléfono de la casa donde se encargaban las riquísimas empanadas. Era un sitio muy curioso. Para pasar a los servicios había que cruzar por debajo del mostrador. Una de las cosas características del local era la existencia de cuatro cubas de color rojo que contenían vino a granel muy solicitado por los clientes para llevar a casa. Algún día veo pasar por mi barrio a uno de los antiguos dueños. Está más gordo y lustroso que entonces y pasea acompañado por un perro de caza precioso. Se le ve moreno. Se ve que da mas dinero cerrar estos templos de la vida madrileña de antaño que mantenerlos. Actualmente en el local que ocupaba Corripio se ha establecido un insulso bar moderno de diseño.”

Tambíen tenían unos fabulosos bocadillos de calamares y unos terroríficos minis de champán, algunos de los cuales mi amigo Santi y yo nos tomamos alguna Navidad.

Otro post habla del cierre de Corripio, Rebeldes en la Estrella de la Muerte, de donde saco la imagen de la fachada del local, texto que me llena de emoción al leerlo, y de quien usamos la misma frase con la que cierra su elegía a Corripio:

“Cada vez que un Corripio cierra sus puertas, Madrid pierde personalidad. Y cuando abre sus puertas un localito de estos de moda, a mi me escuece la sangre.”