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Antigourmet en Austria-Hungría

Nuestro padrecito

Pandemolde transfigurado

Como decíamos ayer, el mundo está hecho un cagarro y algunos se han labrado un futuro sirviéndolo en platos cuadrados. Así que, dado que no nos gusta lo que vemos, nos hemos largado por ahí a recordar cómo eran los tiempos en nuestros años mozos; cómo eran Bohemia, Moravia, la Bucovina, la otra Galicia (eSedidió, cuéntanos qué relación hay, que nos intriga) y todos esos rincones que dejaron de existir poco después de que estirara la pata el marido de Sisí. Ahora volvemos de nuestra anábasis y, como nos sentimos derrotados, pasamos un Imperio de comentar las confesiones de Adriá, su destronamiento a manos del Restaurante de la Pradera ese que hay en Copenague, los restaurantes a ciegas o el sushi mediterráneo. Más nos apetecería glosar un titular como “Cantimpalos celebra dos años de chorizo con pedigrí“, pero si somos sinceros no tenemos redaños para leer la noticia que puede seguir a semejante encabezado. Aun así, bien por Cantimpalos. Y otro día publicaremos parte del poema épico dedicado al chorizo de Pamplona que pandemolde está escribiendo desde hace una vida.

Evidentemente, nada más poner los pies en Budapest nos fuimos a cenar al Marquis de Salade; un restaurante azerbaiyano con semejante nombre cumple todos los requisitos y alguno más para satisfacer al antigourmetita más exigente. Corderos de tamaño pleistocénico sumergidos en un baño de yogur, algún guisote servido a una temperatura volcánica y una ensalada de pepino, para disimular y porque en el fondo nos daba reparo no hacer honor al nombre del local, nos dejaron bien satisfechos. Ni rastro de fuá y tres hurras por el Marquis de Salade.

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El gran rey Laszlo, ganándose la santidad

¡Ah, la Gran Hungría!. ¿Qué mejor que contemplar los frescos de la Iglesia de San Matías, donde no cabe un sólo rey santo más atravesando a un turco con una pica, justo antes de atizarse un canónico strogonoff acompañado de un gran vino tinto húngaro y todo servido por un camarero cuyo mejor recuerdo de España es el Loro Parque de Tenerife?. Volveremos. (El strogonoff y un estupendo guiso de venado en Pierrot; todo magnífico pero a precios imperiales).

En Praga el ambiente está más prostituido y si uno se empeña seguro que acaba encontrando un gastrobar. “Cerveza, Skoda and tourism, dats all we haf in dis countrrry”, nos dijeron. Modestia de la buena, aprende Pep, porque sólo la Catedral de San Vito es para caerse de culo. Para cenar, a U Fleku. ¿Por qué?. Porque lo nombran en “Las aventuras del buen soldado Svejk“, uno de los libros de cabecera de quien esto suscribe. También supimos de la existencia de un local llamado El Cáliz, pero dudamos que sea el original, el que aparece en el primer capítulo y cuyo tabernero es arrestado porque las moscas se cagaban en el retrato del Emperador. ¡Bien hecho!. En U Fleku tomarás salchichas, cerveza y Becherovka, un licor del que siendo muy generosos podríamos decir que su sabor recuerda a una loción de afeitar barata. Lo mejor: hay tantos españoles que los camareros ya tocan sin cesar y con ejemplar virtuosismo una versión para tres acordeones del “Clavelitos“. Puro antigourmet. Así, no es de extrañar que el recién llegado que se sentó junto a nosotros acompañado por su pareja, después de mirar a diestra y siniestra hacia los platos de pollo trinchado con puñales, hacia las jarras rebosantes de espumeante cerveza negra que eran hábilmente transportadas de diez en diez por encima de todas esas ibéricas cabezas, hacia el coro de acordeones y el espontáneo conjunto flamenco que se empezaba a formar entre las mesas corridas, exclamara al tiempo que se le dibujaba una expresión de felicidad extática en la cara:

- ¡Este sitio es cojonudo!

Aprende a montar un local, Arola.

Svejk, dándole un puntapié en el orto a Sergi Arola

Svejk, dándole un puntapié en el orto a Sergi Arola

Tomadura de pelo

Retrato del artista adolescente

Retrato del artista adolescente

Siempre me ha llamado la atención el bombo que le damos al hecho de que una revista publicada en Gran Bretaña, un país cuya gastronomía siempre hemos despreciado, haya nombrado a El Bulli como mejor restaurante del mundo. Ya que se va a despedir de nosotros durante dos años, nosotros nos despedimos de Adriá a lo grande y le dedicamos dos entradas seguidas. Podríamos pretender que el cierre de  El Bulli es la Gran Victoria de Antigourmet a partir de la cual se derrumbarán la cocina molecular y los menús desgutación, algo así como nuestro Marne o nuestro Stalingrado; pero vistas las reacciones que ha despertado la nueva maniobra de Adriá, más bien diría que hemos caído en la trampa de Tannenberg, o puede que nos estemos retirando a duras penas hacia Dunkerke. Varias cosas son las que han hecho que estos días haya cundido la más absoluta desmoralización en Antigourmet, pues nos hacen sentir que estamos muy solos. Para levantarnos el ánimo, nos pueden enviar jamones de Guijuelo.

Adriá cierra su restaurante, seguramente porque como a todo quisqui no le salen los números ni los brotes verdes, y resulta que es un genio. Si fuera la mitad de listo que Adriá, Gerardo Díaz Ferrán habría declarado que cerraba Air Comet para sentarse a pensar en su laboratorio de ideas cómo reinventar el concepto de aeroplano y en vez de merecidísimas tortas le estarían lloviendo alabanzas. Al parecer (El Mundo, 27-01-10, p.40) en el Bulli trabajan 47 cocineros, aparte del personal de sala. Asimismo (mismo periódico, mismo número, p.41) Adriá declara que generosamente asegura “el futuro del núcleo duro, unas siete u ocho personas que están en nuestro equipo“. ¿Lo vas cogiendo, Gerardo?.

Durante estos dos días, en radio, televisión y prensa escrita, no se ha tenido ningún reparo a la hora de definir a Adriá como artista o científico. Suponemos que la comunidad científica se habrá sentido sumamente halagada por ello y desde ya mismo se esté pensando en otorgarle a Ferrán Adriá el premio Nobel de Física, el de Química y el de Medicina. Por qué no, si Obama se ha llevado el de la Paz y García Márquez el de Literatura. Salvador Sostres, en una columna del número de El Mundo anteriormente citado, asegura que “el reto que Ferrán Adrià se propone es el de más vigor intelectual y artístico que es posible afrontar en nuestros tiempos, puesto que es Adrià el genio vivo más importante de esta era. En ninguna disciplina artística hay ningún talento capaz de revolucionar su género, estética y su concepto de un modo tan hondo como Ferrán lo ha hecho con la cocina y en general con la gastronomía”. Mal va el Arte, aunque yo me pregunto: ¿Es Arte asar un pollo? ¿Y asar un pollo de corral? ¿Y hacer un escabeche de pollo y servirlo con una ventresca de caballa?. Tengo dudas, pero Sostres no: para él lo tercero, que es uno de los platos de Adriá, es Arte, y por tanto postulamos que los dos primeros también lo son. Sigo con Sostres: “Lejos del efectismo y de la parodia, de la extravagancia y de la pomposidad y de cualquier estrategia comercial, Adriá asume una vez más con seriedad y discreción su intenso compromiso con su obra y guardará dos años de silencio para volver a hablar como nadie antes lo haya hecho”.

En Antigourmet estamos sumidos en un mar de dudas. Tal vez estemos equivocados. Quizás no sea efectista anunciar el cierre de El Bulli en pleno congreso de Madrid Fusión, ni una extravagancia el querer reinventar el concepto de restaurante. Y puede que sea discreto convocar una rueda de prensa a la que acuden 200 periodistas para anunciarlo, y falto de pomposidad el publicar un DVD de 10 horas para contar la historia de un restaurante (”El Bulli, historia de un sueño). Y no parece indicativo de una estrategia comercial el que el socio de Adriá, Juli Soler, se frote las manos pensando en “el morbo que dará a todo el mundo saber qué pasará en 2012 y 2014“. Y como remate es verdad que Adriá se despide en la entrevista muy seriamente con un “que siga el rock and roll“.

No sé, Ferrán… ¿Es Coldplay rock and roll

“A la sabrosa subvención” - El Basque Culinary Center en ABC

113373logo20abcYa hemos dicho más de una vez que nos llena de orgullo comprobar que nuestra labor va dando sus frutos. Gente en principio ajena a nuestras ideas publica en internet encendidos comentarios contra la cocina chorra, generalmente en forma de desternillantes decálogos. Véanse las entradas pasadas de este blog en las que rendíamos merecidas loas a, por ejemplo, los comentarios de Jesús Encinar y Christopher Borrelli (aunque en el punto 7 del artículo de Jesús Encinar se le cuela lo que adivinamos es una tendencia a consumir foie, o sea fuá, o sea caca de la vaca).

Ya hace meses anunciamos cómo el Basque Culinary Center no era sino un chollo más del cual vivir a costa del contribuyente, y además un desperdicio de recursos intelectuales. Pero hoy copiamos un artículo de ABC que lo explica todo mucho mejor, que para eso lo ha escrito un universitario que postulamos pasó sus cinco años de aprendizaje sin ver la luz del sol y acumulando los principios técnicos necesarios para ejercer la profesión de un modo tan competente. En Antigourmet aplaudimos a ABC por su valor al publicar este artículo y suscribimos la totalidad de su contenido.

Y con esto les deseamos feliz año 2010 a todos ustedes. Y recuerden: si su madre les sirve boletus en la cena de mañana, búsquense otra madre.

A la sabrosa subvención (ABC , 26-12-09)

“Siete millones de euros cedidos por el Ministerio que dirige Cristina Garmendia, tres más donados por el gobierno vasco, otro de la Diputación de Guipúzcoa y terrenos cedidos por el Ayuntamiento de San Sebastián. En total 12 ó 13 millones dispuestos por el erario para poner en marcha un proyecto gastronómico ideado por los más ricos e ilustres cocineros de la región: Arzak, Subijana, Arguiñano, Arbelaitz y companía. Una lluvia de millones que fuentes de la oposición aseguran observar con «extrañeza y perplejidad teniendo en cuenta la crisis en la que se encuentra sumido el país».
Si el atracón de dinero sorprende, que la subvención corra a cargo del Ministerio de Ciencia e Innovación asombra. ¿Aprender a elaborar bacalao al pil-pil es lo que Garmendia entiende por innovar e invertir en I+D+i? En el BOE del pasado 31 de octubre en el que se concedía la subvención al proyecto «Basque Culinary Center» se abrían las disposiciones generales asegurando que: «Las ciencias gastronómicas son multidisciplinarias». Daba la impresión de que había que convertir a toda marcha y a cualquier precio la Gastronomía en una Ciencia para justificar el gasto.
El otro asidero que le queda a la ministra es que en el Real Decreto se asegura que el proyecto incluye la creación de un «Centro de Investigación e Innovación de -las inventadas para la ocasión- Ciencias Gastronómicas» que se dedique a «la formación, la investigación y la industria».
Los siete millones de euros se han concedido a la «Basque Culinary Center Fundazioa». En esta fundación participan como socios fundadores «una generación de cocineros de renombre internacional» dispuestos a colaborar para transmitir su legado y contribuir a la creación de una prolífica cantera de cocineros», asegura bastante poéticamente el artículo 1 del Real Decreto. Y se recoge en el mismo que el pago de la subvención se realizará «por anticipado», a cuenta íntegramente del Ministerio de Garmendia y «sin necesidad de constituir garantía». Total siete millones; un dinero que, en plena crisis, sabe «rico, rico».”

David Muñoz (DiverXO), empresario de la década.

David Muñoz (foto: www.horecadigital.com)

David Muñoz (foto: www.horecadigital.com)

Que la tontería se extiende y parece imparable es algo que salta a la vista de quien quiera abrir y leer el suplemento de fin de semana de cualquier periódico. Cursos de cata de aguas, tiendas especializadas en panes de colores, universidades para cocineros y otras tonterías que, como ya hemos dicho muchas veces, sirven para que inflemos nuestro ego creyendo que somos muy cultos porque vamos a comer a restaurantes en los que comerte una uva pocha te cuesta un potosí. El pasado viernes, en Metrópoli, se publicó una reseña del restaurante DiverXO y una entrevista con su fundador, el cocinero David Muñoz.

Hoy, la verdad, no me apetece seguir la línea habitual de poner a parir los platos que sirven guiándome por su nombre, por muy mala pinta que tengan; pueden ustedes leer la reseña y la entrevista anteriormente mencionadas y se les pondrán los pelos de punta. De todos modos, por si tenemos que defendernos de algo, en su día iremos a DiverXO, nos clavaremos el menú más largo que tengan y les contaremos si nos salió un tercer ojo en la teta derecha. Pero les puedo asegurar que aunque nos parezca que la “gamba frita al revés con salsa yuzu” esté riquísima, su nombre nos seguirá dando mucha risa.

David Muñoz asegura en la entrevista que en DiverXO está todo muy pensado y que tiene una respuesta para todo; sin embargo, en lo que respecta a la entrevista, este chico no le dio muchas vueltas a las respuestas. Aparte de que le saquemos punta a cosas como que lo definan como “viajero”, para a continuación presumir de no ausentarse nunca de su cocina; o la tontería de asegurar que su cocina es ”inexplicable como los dibujos animados” (cuando quieras vemos juntos un episodio de Tom y Jerry y te lo explico); o su definición de DiverXO como “informal y directo; no es estirado, ni  altivo, ni distante. Yo nunca seré así”, para cuatro párrafos más abajo confesar (o más bien llevar a gala, con mucha , ejem, altivez) que  ”[dicen que] soy cabezota, respondón y no acepto las críticas. Igual que ellos tienen derecho a decir lo que piensan, yo puedo contestarles (…) aunque es posible que no tenga razón, siempre tengo una respuesta”; aparte de estas cosas, lo que me gustaría destacar es lo loable que me parece que este chico que proclama sin reparos su condición de antisistema y que parece que está permanentemente justificándose por haber abierto un restaurante en el que sirve una cocina globalizada y cobra 100 euros por cubierto, es precisamente esto: el que un chaval de veintipocos años que ve con mucho tino que a la gente les puedes cobrar a precio de oro una ración de mejllones tigre si les añades la coletilla “estilo fusión”, abre su negocio peleándose con la Administración Municipal (que putea a todo emprendedor, y no sólo a la “restauración pública de calidad” (sic), como indican en los periodistas de Metrópoli), paga su IVA, sus retenciones y su Impuesto de Sociedades, crea puestos de trabajo directos e indirectos y demuestra que el sistema en el que vivimos, si eres joven, con ganas de trabajar e ideas, aunque sean bastante locas, funciona muy bien y te da más salidas que la de opositar a funcionario del Ministerio del Amor, o el que sea en el que diseñan cursos para enseñar a cascarse pajas.

En Antigourmet proponemos a David Muñoz como empresario de la década que está a punto de acabar. Ya nos dará las gracias cuando vayamos a cenar a su negocio.

Tofu y Scotch Brite - Antigourmet en el Japón (y 2)

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No pueden estar sin él (Foto: M. Salcedo)

En el Japón se pasa hambre. No figurará en ningún informe de la FAO, tampoco es para tanto y además si pasan gusa es porque les da la imperial gana, pero después de un viaje al Japón se pierden unos cuantos kilos de lorcilla y se fomenta la inspiración sinfónica del aparato digestivo. Un vuelo transcontinental con origen en Tokio resulta ser algo así como una representación de una ópera de Stockhausen para turbina solista y coro gástrico, y la locura que se desata entre el pasaje cuando las azafatas hacen ademán de pasar con el carrito del almuerzo deja la caída de Constantinopla a la altura de un Happening. Como encontrar un japonés obeso fuera del Dohyo resulta una misión homérica, es extraño que en todas las representaciones de budas con las que nos hemos topado, éste parezca inmerso en un estado de calma casi uterina, como si fueran plenamente conscientes de que la gordura equivaliera a la felicidad. Y como además los luchadores de sumo ocupan en la escala social un lugar situado sólo un peldaño por debajo del Emperador y las flores, dudamos inmediatamente del postulado que hemos formulado al comienzo de esta entrada, ese en el que afirmábamos que la sociedad japonesa adora pasar algo de hambre, y lo cambiamos por otro que afirma que toda cultura oriental constituye un misterio insoluble.

No es extraño que la gastronomía japonesa desate la locura entre los popes de la cocina y los paladines de la comida sana. Entre los primeros pues gracias a ella pueden efectuar menús degustación a base de raciones cuánticas de pepino crudo y derivados de leche de soja, sopa de pasta de alga y arroz hervido, y cobrarlo a precio de oro, pues como bien dice pandemolde aquí nos creemos que todo lo japonés es milenario y eso tiene un precio. Si además le añaden una tajadita del buey de Kobe (gracias, eSedidió), es probable que junto a la factura les presenten al cirujano que les va a extirpar un riñón y el bazo. Y los sanotes, que son esa tribu urbana que se viste de fosforito para corretear en grupo por el Parque del Retiro, fastidiando la posibilidad de dar un paseo o sentarse a leer un libro en paz y sin tener la sensación de que a uno le está creciendo el culo por momentos, pues así tienen la posibilidad de salir a cenar a un restaurante sin necesariamente tener que ingerir alguna clase de alimento. Yo, la verdad, es que como de todo y no le hago ascos a nada, ni siquiera a una berza transconstruida (aunque el documento gráfico que cierra esta entrada pueda insinuar lo contrario), así que hablo con conocimiento de causa al exponerles mis impresiones de la gastronomía japonesa. En Japón siempre sales del restaurante con un poco de hambre, aunque hayas elegido el menú que costaba más yenes (lo normal es que no haya carta en inglés y elijas el menú cerrado que te parece que tiene más platos. Evidentemente, en ningún momento sabes qué coño te estás comiendo). Además, como la comida resulta bastante insípida y algo tienen que ofrecer a cambio de tu dinero, la presentación es impecable y casi da pena ponerse a remover el plato con los palillos. Todo lo que te comes tiene algún sentido que va más allá del puramente gustativo. Esto es bueno para la piel, te dicen, aquello para el pelo (observación que desató miradas de reojo, pues estoy bastante calvo). Comer con palillos es bueno para el cerebro (pero para las sopas se han bajado el kimono y siempre ponen cucharas). Y así todo. Sabes que una cena ha llegado a su fin cuando te traen la sopa de miso, que es un plato que eleva a la sopa de ajo a la altura de la Capilla Sixtina, y un cuenco de arroz hervido; un cierre que le da a toda la cena un carácter de convalecencia  posoperatoria bastante inquietante. Los dulces no existen (probablemente el suflé de Lhardy, el mejor postre del mundo, provoque desmayos y nirvanas entre los turistas nipones que tengan la suerte de probarlo) y la cerveza es bastante buena y se sirve en unos preciosos vasos de barro.

Los peligros que nos pueden llegar son el tofu y la manía de cubrir las sopas con estropajos (véase foto supra.). Son algas, pero parecen Scotch Brite. Para que se hagan una idea de la amenaza que supone el tofu si nuestros enemigos descubren la manera de tomarnos el pelo con él, les transcribo lo que nos cuenta la guía Lonely Planet Japón, edición en español, páginas 89 y 90:

Normalmente elaborado con habas de  soja, es una de las creaciones japonesas más sublimes (…) Tanto el momen como el kunigoshi deben su nombre a la técnica para escurrir la leche de soja caliente: si el material usado es algodón, el tofu sólido resultante es el momen; si se emplea seda (kinu) se obtiene el kinugoshi”

Resulta comprensible, y además supone toda una definición de lo que es comer en el Japón, que la autora de las fotos que acompañan esta entrada, persona totalmente ajena a la existencia de algo como Antigourmet, mientras nos atizábamos un desayuno occidental con todas las de la ley, observara sin dejar de masticar una combinación de huevos revueltos y rebanadas de pan con mantequilla:

- Probablemente en el pueblo al que vamos hoy sólo haya comida japonesa.

Y prosiguió, increíblemente seria, sin la más mínima intención de hacer un comentario ingenioso:

- Así que aprovecha ahora para comer.


Antigourmetita en apuros (Foto: M. Salcedo)

Antigourmetita en apuros (Foto: M. Salcedo)

Carne de Kobe - Antigourmet en el Japón (1)

Vaya torito, ay torito guapo, tiene botines y no va descalzo

Vaya torito, ay torito guapo, tiene botines y no va descalzo

Ya se sabe que en Antigourmet los tenemos cuadrados como sandías niponas, pero por si hacía falta una muestra más, aquí tienen una historia que da fe de ello. No se preocupen, no exhibiremos documentos gráficos, aunque haberlos haylos, y muy buenos.

En cierta ocasión, en una razzia que hicimos por Vinarium con el propósito de cargarnos todos los decantadores de vino que pudiéramos alcanzar y de paso ver gourmets de cerca y en su ambiente, nos topamos de bruces con lo que en principio creímos era un extraterrestre y que finalmente resultó ser un conocido bloguero, además de, según entendimos, inventor de la penicilina ultrasónica y varias cosas más que ni se pueden imaginar, y lo decimos literalmente. Su (de ustedes) cavidad craneal no está lo suficientemente desarrollada para ello. Por culpa de alguna técnica mesmérica que tampoco es que nos interese, terminamos la incursión prestando atención a lo que Cucharete (bajo ese nombre se nos presentó esta especie de primo marciano de Sun Ra) nos contaba sobre el buey de Kobe y sus filetes. Al parecer, los solomillos que aquí los jetachefs llaman kobe, no son en realidad kobe, porque kobe sólo hay en Kobe, sino que son de una raza bovina que se cría con no tanto mimo en las afueras de Hobbiton y que es la misma que trisca y pace en la prefectura de Kobe, y que además no se llama kobe sino wagyu, allí y en Vheissu, que cae bastante cerca. En cualquier caso, parece ser que una raza de exportadores mongoles que surcan los mares en cargueros de bandera kazaja, y sólo en temporada alta de tifones, se ocupan de que únicamente Cucharete y sus iniciados hayan catado el maldito buey, y sepan por tanto que todo lo que hayan probado ustedes podrá ser lo que sea, pero no es kobe de Kobe, digo Waygu de Kobe, es decir la vaca negra que masajea una cohorte de ninjas para que sepa mejor cuando caiga en la sartén.

Como es natural, aunque hubiéramos entendido algo no nos lo habríamos creído, y terminamos investigando por nuestra cuenta. Y sí, al parecer a la vaca le dan frotis-frotis y cerveza, e incluso algún tarado con tendencias kamikazes le mete sake por el gaznate al desgraciado bóvido; y sí, es cierto que quedan algo así como cuatro ganaderos de auténtico Wagyurrl viviendo en oscuros desfiladeros de las montañas japonesas. Y es cierto que probablemente lo que ustedes hayan tomado fuera de Japón en algún gastrobar de moda sean vacas criadas en Nueva Zelanda a partir de dosis de semen congelado, pagadas a precio de órgano vital y pasadas de matute en el interior de un boli multifunción de Hello Kitty.

Pero como a nosotros no se nos sube nadie a la parra, salvo tal vez Sánchez Dragó, a quien dedicamos aleluyas de no poco ingenio, y como además el Japón es sin duda el Paraíso del gourmet y el Parnaso del papanatismo buenrollista, allá que nos fuimos a ver qué se cuece, y ahora se lo contamos.

Después de varias semanas intentando dilucidar qué es antigourmet en el Japón y qué no lo es, algo realmente difícil en un país donde desconocen el gotelé pero que por otro lado un buda celulítico y dorado es considerado un paradigma de la elegancia y el buen gusto (algo que aprobamos sin vacilar un segundo), y después de probar todo lo que se puso a nuestro alcance, incluida una sopa con scotch brite (resultó ser un alga bastante insípida, como casi toda la comida japonesa), decidimos que ya era hora de ir a por la vaca esa del millón de dólares. La idea inicial era robar una ternera de un establo y asarnos nosotros mismos las chuletas de estraperlo; no entraremos aquí en las causas que impidieron llevar a cabo semejante operación. Así que una vez frustrado nuestro plan, nos infiltramos en el sitio más gourmet de Kyoto que nos pudimos echar a la cara, que resultó ser el ITOH DINIG. Si a usted se le ocurre visitar Kyoto y le apetece zamparse una ración de vaca de Kobe, y además no tiene vergüenza de que le vean cenando en un lugar tan elegante que estornudar da miedo pero en cambio sí gasta una cartera de gruesas dimensiones, reserve una mesa, siéntese en el suelo, elija un menú según la cantidad de chichis que quiera gastarse (no hay carta en inglés) y ale, a jamar.

De las otras costumbres culinarias del Japón y de las medidas que debemos tomar para que nuestros gastrochorras jamás descubran el tofu hablaremos otro día. Hoy les confesamos:

La carne de la vaca de Kobe está muy buena (sí, se deshace en la boca y todo eso que hayan podido contarles)

Y proclamamos:

Pero no tanto como una simple tapa de magro de cerdo del Museo del Jamón.

Nuestra fe es irreductible, porque es la verdadera.

Gallardón cierra La Terracita

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Ridi, pagliaccio, ridi

Ya hace muchos meses nos declaramos fanes de La Terracita y sus bocatas de panceta. Como Antigourmet llega a todas partes, seguramente alguno de los miles de funcionarios municipales y ociosos que ocupan su tiempo calentando la silla y buscando tasas absurdas con las que sacudirnos un gorrazo (ejemplo: la nueva tasa de recogida de basuras, que no había sido necesaria desde 1986 hasta hoy, cuando Madrid es una de las ciudades más limpias de España) dio con esa entrada de nuestro blog entre visita al RedTube y visita al Facebook, ese Gran Hermano del siglo XXI, y rápidamente se fue a chivar al Gran Jefe, a ver si así le daban un puestecito en alguna comisión del Madrid 2032 que le permitiera ganarse unos cuartos con los que pegar el salto de la Casa de Campo al Hot. Como resultado, La Terracita se encuentra en estos momentos precintada, suponemos que por haberse negado heroicamente tanto a pagar una mordida como a rebajar el nivel de triglicéridos de sus bocadillos, que ya anunciamos que aunque sin duda no cumplen en absoluto ninguno de los parámetros sanitarios impuestos por la Autoridad, resultan ser mucho más saludables que cualquier mierda de esas con soja y algas del Mar de la China por las que se pagan cientos de Euros en los restaurantes con platos cuadrados y camareros vestidos de negro.

¡Gallardón! No sólo nos dejas tiesos a impuestos como un vulgar socialdemócrata, sino que poco a poco y en comandita con tu amiga Trini nos vas prohibiendo los pocos placeres que nos ofrece la vida en este país regido por un sistema político amorfo, intrusivo y sedante a más no poder.

En pie, famélica legión.

Imagen de www.elmundo.es

Antigourmet en El Poblet de Quique Dacosta (y II)

Foto: www.lanek0cina.com

Foto: www.lanek0cina.com

Dejamos el otro día pendiente la parte gráfica que ilustrara nuestra experiencia en El Poblet, y hoy estamos dispuestos a darles lo que nos han pedido y de paso un corte de digestión.

Nos ahorraremos la parte de los aceites, pues en El Poblet no van a ser menos que en otros quimicefas y ofrecen una combinación de tres aceites y tres vinagres para que cada cual se haga una vinagreta a su gusto con la que mojar los distintos panes que no son panes. Alguien empleó la palabra “emulsionar” y fue inmediatamente aporreado en la cocorota con un mendrugo de pan con aceitunas y nueces sin cascar. Este mismo personaje se pasó el resto de la cena intercambiando términos técnicos como “fermentado en barrica” y “germinados” con el sumiller y los camareros. No está de más decir que encabeza la Lista Negra de Antigourmet, lista a la que irán a parar todos ustedes si, por ejemplo, se les ocurre alguna vez decir en público que un vino huele a plátano.

En El Poblet no te dicen lo que vas a comer, ya explicamos el affaire trufa, sino que después de servirte el plato seis camareros que bien podrían haber salido de los escaños de ERC (a ver si empezamos a darnos cuenta de que el morado sobre negro sobre gris marengo está ya más pasado de moda que las camisetas de Naranjito o Mazinger Z) y de que des cuenta de tu ración, te explican en qué consistía el plato. Al contrario que en los restaurantes de verdad, donde si pides mero y resulta que no tienen el camarero te dice :”no me queda, si quiere tengo palometa“, la dictadura de los cocineros estrella deja al Gran Terror estalinista en cueros y a nadie del servicio de sala se le cae el Quique de la boca. Quique pensó esto, Quique hizo lo otro (he de decir que Quique se pasó a saludar al final de la cena y resultó ser un tipo muy majo y le deseo lo mejor). Sin embargo la definición más exacta de la trufa, que resultó ser una bola de crema de queso parmesano, no la dio nadie de El Poblet, sino un compañero de nuestra causa: “sabe a cheeto“. Y les juro que es cierto; era un cheeto de unos 5 cm de diámetro.

Siguiendo el enlace indicado más abajo podrán ver la bruma, el cubalibre de foie gras, la sopa fría (un plato de cena de boda, vamos), la ostra ibérica (tengan cuidado, no le echen un vistazo si alguna vez han consumido drogas psicotrópicas), la gamba, la cigala (unánimemente aclamadas como lo mejor de la cena), la lubina asada en su piel y tallos y las piedras, que junto a un postre hecho a base de coco, esta vez sí era coco, completaba la sección SuCRe del menú. No se los doy en orden; intenten adivinarlo y vean si tienen alma gourmet. Si la tienen, santígüense tres veces y degüellen un gallo negro. La ostra es lo que parece una bosta de vaca.

http://picasaweb.google.es/folalqui/ElPoblet?feat=directlink

Y con esto cerramos nuestra primera incursión en territorio enemigo. Temblad, malditos, que allá vamos así nos cueste mantener un harén.

Sé que me falta indicar los nueve o diez vinos que sirvieron en otras tantas copas distintas. Quiero decir otras tantas copas distintas en tamaño y forma. Con lo rico que está el vino cuando se bebe en vaso de chato. No se los indico porque se me han olvidado; sólo las mentes más enfermas o nuestros amigos de Vinarium son capaces de asimilar una explicación sobre un vino de más de diez minutos de duración; más aún cuando salta a la vista que el sumiller tiene graves problemas con sus glándulas sudoríparas, quizás debido a llevar demasiado apretada la corbata granate sobre la camisa negra. Y mientras tanto, nuestro amigo gourmetita ejerciendo de tal:

- ¿Este vino es de pago?

- ¿No convendría decantarlo?

- ¿La barrica es de roble o de manzano japonés?

Y después de cinco horas, por fin logramos salir de allí e ir a bañarnos en bolas a la playa.

Nota: no quiero dejar de expresar mi más profundo y sincero agradecimiento a los cinco amigos que tuvieron el bellísimo detalle de invitarme a cenar en el Poblet. Muchas gracias, no lo olvidaré jamás.

Antigourmet en El Poblet de Quique Dacosta (I)

Quique Dacosta

Quique Dacosta

Con un par. No ha sido fácil, pero Antigourmet ha logrado cenar de gorra en El Poblet (Denia, Alicante), feudo de Quique Dacosta. Aunque realmente nunca nos ha importado poner a caldo tanto a restaurantes en los que no hemos estado como platos que no hemos probado, y de hecho algún día publicaremos una crítica del Sergi Arola Gastro sin ni siquiera pisarlo, básicamente porque nos da miedo lo que podríamos hacer si nos viéramos cara a cara con Arola, por ejemplo besarle a tornillo, estamos tan bien entreverados en la sociedad, tan bien mimetizados con todos ustedes, vulgo, plebe, sal de la tierra y todo eso, que hemos logrado que uno de nuestros simpatizantes recibiera como regalo de boda una cena en El Poblet. El sacrificio ha sido altísimo, quizás no debería ser necesario decirlo, pero sobrellevará los años de gulag conyugal con la cabeza bien alta. ¡Héroe de Antigourmet! ¡Mártir de la Gran Guerra Gastronómica! Qué más quiere.

Así que, basado en las notas y fotos que pudo tomar haciendo gala de unos nervios de acero soviético, con los que hizo frente al riesgo inherente de que alguien le confundiera con Cucharete, les paso a contar lo que nuestro továrich vio, comió y vomitó (en secreto) durante su misión, que deja en bragas la incursión de Scapa Flow y aquella vez que nos colamos en el museo del Nou Camp cantando en perfecto bable el “olelé olalá ser del Barça es…”.

Lo bueno de tratar con sitios con estrellas Michelín (El Poblet tiene dos) es que uno se divierte mucho dando la tabarra con los preparativos. Les escribes para reservar mesa para seis, les pides un menú especial, te mandan una propuesta, les contestas que por favor te expliquen qué es la Bruma y el Bosque Animado (resultaron ser dos platos distintos), te lo explican pero insistes en que te aclaren, si pueden, lo de “las frías mañanas de bruma nos traen aromas de tierra húmeda, hierbas ercarchadas, que se reencuentran en nuestra cocina” (literal). Obviamente, no pueden. Pides las referencias del Sumiller, haces gala de los cursos de cata en Vinarium, por fardar y por ver si son seguidores de @luigivolatile en Twitter, y finalmente consultas si exigen alguna etiqueta, sin resistirte a escribir “dress code”, por ponerles a prueba y tocar narices. “Cualquier indumentaria es correcta, salvo chándal y chanclas“. Golazo por la escuadra de Quique Dacosta.

Transcribo una vez más del menú que nos encontramos al llegar a la mesa después de ser agasajados por diecisiete maitres bajitos y con perilla, todos muy insistentes en que leyéramos lo que nos habían preparado para comprobar que no teníamos ningún problema con los ingredientes, dejando claro que todos los correos electrónicos previos, cuyo propósito era precisamente ese, habían sido atendidos por el aparcacoches. Otro gol y 2-0  para Quique.

NUEVaS TRaDICIONES - En nuestro desafío por conseguir cosas que nos hagan vibrar, hemos llegado en el paso inevitable del tiempo, a lo que para nosotros se han denominado Nuevas Tradiciones. Platos que se han consolidado en el tiempo y han sabido enevejecer como lo que fueron en su día, Vanguardia. A partir de esta idea hemos creído necesario recoger en un menú, nuestros platos tradiciones. Bautizando el menú, como “Nuevas tradiciones

Tras esta introducción, cuya tipografía y puntuación nos hacen suponer que o bien estamos ante otro ejemplo de Vanguardia (¿por qué no Banguardia, ya puestos?), o bien contemplamos de nuevo una obra salida de la mano del aparcacoches, el menú viene dividido en dos capítulos: “La Sal y el SuCRe”

La Sal consta de: Trufa Blanca, Bruma, Cubalibre de Foie gras, Sopa Fría, Ostra Ibérica, Gamba, Cigala, Lubina asada en su piel y Tallos, la Gallina de los Huevos de Oro y para terminar esta parte “Maderas. Pedazo de Foie Gras, asado y reposado a la madera. ¿Dónde y cuándo acaba la vida de un árbol?

¡Dos fuás!. En Antigourmet postulamos que si añadiera un tercero lograría la tercera estrella Michelín; una vez más este ejercicio de consultoría 4.0 les sale gratis, pero que sea la última vez.

La ostra y la trufa fueron respectivamente rechazadas por un alérgico y una persona con sentido común, pero aquí fue donde recibimos el primer rejonazo. “No te preocupes. La trufa no es trufa”. Por su parte, el Bosque Animado sustituyó a la ostra en una maniobra que dejaba claro que todo interés que pudieran tener en nuestra salud es fingido, pues una vez más nadie quiso aclararnos quiénes eran los habitantes del puto bosque.

Si ustedes tienen interés en saber precisamente eso, o en qué consisten la parte SuCRe del menú y una trufa que no es trufa, o cuándo acaba la vida de un árbol, o si la Sopa Fría es un homenaje a M-Klan, o si realmente es humano y suda como todos nosotros un sumiller que sabe que la pendiente de la ladera donde crecen las uvas con las que se hace el vino que vas a beber es del 8%; si quieren saber todo eso y qué dio pie a comentarios como “sí, sí, pero aquí realmente sólo estamos comiendo pan”, “seré feliz de nuevo cuando desaparezca el puto boletus de la faz de la Tierra” o “apartaos, que me acabo de pegar otro Dacosta”, esperen a las siguientes entregas de esta crónica. Cuando vean la foto de la Ostra Ibérica no podrán dormir nunca más.

Andoni Luis Aduriz y la bistronomía

 

 

andoni luis, echando un bistrotrago (foto: www.elcorreodigital.com)

Andoni Luis, echando un bistrotrago (foto: www.elcorreodigital.com)

Andoni Luis Aduriz, además de estar a la siniestra de Satanás y de jugar al Quimicefa en su restaurante, se dedica a escribir en sus ratos libres, entre guisante lágrima y salsifí fosilizado, y a nosotros nos parece muy bien, porque en eso nos parecemos mucho y nos hace sentir muy cultos, entre albarán y protesto de letra. El periódico El País publica regularmente algún artículo suyo; el que en esta ocasión nos ha llamado la atención es el aparecido el pasado día 4 de mayo, titulado “Los nuevos fogones sencillos“.

Aparte de la memez de considerar la cocina un arte, que ya hemos definido alguna vez como el ansia tanto de los cocineros de ser artistas como de los clientes de sentirse cultos simplemente llenándose la panza junto a los amiguetes (porque no, Andoni Luis, gracias a Dios aún no es lo mismo la Capilla Sixtina que una pieza de ternera de leche asada entre brasas de sarmiento), Aduriz cree haber encontrado la causa de que los restaurantes bistronómicos provoquen furor entre las masas. No sé entre ellos, pero desde luego entre nosotros sí que desatan el furor, y aquí la exactitud del término nos hace ver que, más que ante un cocinero, estamos ante una pluma fina. Furor: cólera, ira exaltada.

El término bistronómico lo inventó el periodista francés (una asociación aterradora) Sebastien Demorand (nos llegan rumores de que por ello está propuesto para el Premio Príncipe de Asturias de las Artes), y según Aduriz es una fusión de las palabras bistrot y gastronomía. Esto no está claro, pues según otro escalofriante artículo publicado en El País, La alta cocina busca sitio por debajo del Olimpo, en el que entre otras aberraciones se puede leer a Adriá afirmar “Hay que salir del tema elitista. Encontramos normal la emoción en el fútbol, pero si dices que lloras ante un plato magnífico dicen que eres un cursi. Cuando superemos esto vamos a ser líderes de verdad“, el aborto viene de bistrot y económico. Exigimos ya mismo a la FAO que aclare este lío, pues uno ha de saber dónde come.

Y no es de extrañar que nada esté muy claro, pues la explicación de Aduriz llega en los dos últimos párrafos del artículo y es digna del Heidegger más oscuro. Léanlos si tienen valor.

A mí me parece que el número de personas que tienen interés en que la exégesis de un plato de garbanzos sea el centro de atención durante una cena es bastante limitado, y más aún si para ello se tienen que dejar más de 200 euros. ¿Cuántas personas viven fascinadas por las nuevas tendencias de la cocina actual?. No creo que sean muchas, y además por razones de salud tienen que limitar sus visitas a los restaurantes de vanguardia, pues de vez en cuando necesitan comer de verdad. Así que un avispado se busca unas cuantas palabras en francés, las junta, y ya tienen ustedes un sitio donde pueden comer lo mismo que en los restaurantes, pero en todavía menor cantidad. Vayan, compruébenlo y si quieren después quedamos en un bar y nos lo cuentan.

Le Pain Quotidien, la farsa cotidiana

 

Los cultivos ecológicos de Le Pan Cotidien

Los cultivos ecológicos de Le Pain Quotidien

¡Alégrense, madrileños!. Sus conciencias, que seguro que de vez en cuando asoman para darles un rato la tabarra, se dan un respiro: por fin en Madrid se puede uno acercar a Le Pain Quotidien, desayunar gastándose la pasta gansa, con el Porsche Cayenne aparcado en doble fila justo delante de la puerta, y al mismo tiempo tener la tranquilidad de que allá en Túnez, en los extensos olivares Chetoui que rodean la localidad de Tebourba, la familia Mahjoub sigue elaborando el aceite de oliva como lo hacían sus antepasados hace siglos. Suponemos por tanto que no utilizan tractores, ni luz eléctrica, ni agua corriente. ¡Que se jodan!.

En Le Pain Quotidien todo es bonito. Los camareros (que también son muy bonitos)  llevan camisetas negras fabricadas con algodón ecológico; las mesas son de madera reciclada (y con todo el morro en su web aseguran que no se ha cortado ningún árbol para poder tener esas mesas. Entonces, ¿no es madera natural?¿Lo sintético es orgánico?. Sospecho que por mucho que sea reciclada, alguna vez se tuvo que cortar un arbolito); la mantequilla es orgánica, es decir que tiene restos de bosta de vaca, aunque sean microscópicos, y la mermelada de fresas proviene de la huerta ecológica. Así todo. El resultado final es que un café con leche y un cruasán normalito salen por más de 4 euros, es decir más de 800 pesetas. No hace mucho te tomabas un desayuno de 800 pesetas y podías estar una semana sin comer.

Cualquiera que haya estado alguna vez en una granja algún tiempo más del necesario para lucir barba de tres días, pañuelito palestino y una Nikkon de 1.000 euros, se da cuenta enseguida de que lo natural es una guarrada. La leche recién salida de la ubre, por ejemplo, aparte de ser un foco de bacterias, sabe fatal. El culto a lo orgánico es la última parida que se han inventado los popes de la gastronomía para cobrar unos euros más y de paso ahorrarse las medidas sanitarias que todos deberíamos exigir. Pero en esta sociedad de hoy, donde nos encanta jugar a ser pobres y nos avergonzamos de habernos civilizado, cualquier cosa que suene a ancestral nos parece maravillosa. Y sí, las cuevas de Lascaux son una maravilla. Y la catedral de Burgos. Incluso los guerreros de terracota que hay en la China, aunque sean fruto de una civilización que aún come ayudándose de dos palos. Pero la peste también es ancestral y es mala, mala. Y la brucelosis, también conocida como fiebres de Malta. Y las garrapatas. Y las ratas. Si siguen proliferando los locales orgánicos (fíjense que su mismo adjetivo ya es esqueroso: nos provoca imágenes de estómagos, hígados, riñones, todos supurando líquidos gástricos o ácido úrico o pus), no nos va a quedar más remedio que imitar la actitud de una sabia tía mía, que a la hora de elegir el postre en un restaurante siempre hacía las mismas preguntas.

- ¿Qué tiene de postre?

- Fruta y natillas

- ¿Las natillas son caseras?

- ¡Por supuesto, señora!

- Entonces tráigame fruta

Nota: La historia de la familia Mahjoub está sacada de un folletito que te dan en el Pain Quotidien al acabar de desayunar; así los clientes la pueden leer con deleite mientras intercambian emails y llamadas a través de su dispositivo 3G, que suponemos funciona a pedales y no emite radiación alguna.

Le Pain Quotidien tiene tiendas en Fuencarral 95 y Velázquez esquina a Juan Bravo

Basque Culinary Center - El epicentro del Horror

 

Fila de abajo: Tipo con corbata y cara de trepa, Mefistófeles, Azazel, Legión, Belcebú, Belial, Belfegor y Asmodeo. Fila de arriba: varios desconocidos rodeando al Gran Satán

Fila de abajo: Lucifer, demonio menor (quizás Orugario), Mefistófeles, Azazel, Escrutopo, Belcebú, Belial, Belfegor y Asmodeo. Fila de arriba: varios demonios menores rodeando al Gran Satán

La noticia publicada en El País de hoy, encabezada por un espectacular titular (”Un polo de alta cocina“), ha sembrado la inquietud entre los leales a nuestra causa, y desde su misma publicación los teléfonos y otros medios de comunicación más sofisticados no han parado de emitir mensajes de pánico en todos los idiomas conocidos. Lo que en un principio parecía una noticia más sobre la última bobada de los cocineros, pues siguiendo al citado titular la noticia empieza diciendo que “La idea ha estado muchos años en el congelador, pero por fin ha entrado en el horno para coger forma“, y por tanto hizo vaticinar al tovarish Pandemolde un futuro plagado de “helados caramelizados, hidrogenados y esferificados“, ha terminado por ser, una vez leída con detenimiento, uno de los símbolos más conspicuos de la decadencia de nuestra amada y maltratada Cultura Occidental.

Los cocineros acomplejados, aquellos a quienes no les parece suficiente ejercer el dignísimo oficio de dar de comer a los demás a cambio de dinero y claman por el reconocimiento social sabiendo que es un arma poderosísima a la hora de  mamar de la teta común, se las han apañado para que la Mondragon Unibertsitatea (aquí les echo una mano y les traduzco: Universidad de Mondragón) haya puesto en marcha, con el propósito de abrir sus puertas en el curso 2011-2012, la primera Facultad de Ciencias Gastronómicas de España y segunda del mundo. La primera se abrió en Piamonte, algo que no debería sorprender a nadie pues los italianos siempre han sido maestros de la nada e imbatibles a la hora de vender humo, ya sea el jamón de Parma, Gianni Bugno o el Renacimiento. En la Universidad de Mondragón a la facultad le van a dar el hilarante nombre de “Basque Culinary Center” (en breve BCC, suponemos), y se espera que logre “situar a Euskadi y España en la meca internacional de la alta cocina y las ciencias gastronómicas“. Cómo no, ya está prevista la creación de un Centro de Investigación e Innovación en Ciencias Gastronómicas que les permita crear a dedo las plazas necesarias para que aquellos que no quepan en el Basque Culinary Center puedan tener un jugoso sueldo a cambio de perder su tiempo y nuestro dinero. La mitad de la financiación de este esperpento corre a cuenta del Ministerio de Ciencia e Innovación, y el resto del Gobierno Vasco, la Diputación de Guipúzcoa  y el Ayuntamiento de San Sebastián.

Si ya tenemos unas Ciencias de la Información y unas Ciencias Ambientales con sus respectivas Facultadesno debería sorprenderme mucho la creación de la de Ciencias Gastronómicas. Era el paso lógico que tenían que dar los cocineros para poder cobrar 140 euros por cubierto. Llegará el día en que no dejen cocinar a quien no este colegiado en el Ilustre Colegio de Gastrónomos de su demarcación, tal y como se hace coercitivamente en otras profesiones. “¡Ah, amigo! Friéndose unas empanadillas ¿eh?. ¿Dónde está su título de Ingeniero Gastrónomo por el Basque Culinary Center u otro centro homologado? ¿Y puede usted mostrarme el proyecto visado por el Colegio de Gastrónomos? ¿Tiene todos los anejos pertinentes, incluyendo el de distribución de sartenes y su estudio de la temperatura de aceite y de prevención de salpicaduras y caídas involuntarias de pelos de sobaco en la sartén, también llamado ETAPSCIPSS? ¿No? Pues me rellena este impreso, lo pasa por Registro y ¡al trullo! ¡Que te vas a hinchar a comer las ostras de nuestra huerta confitadas en salsa de kikos!” (nótese que es obligado tuterar al reo).

Ahora proliferarán como setas este tipo de programa de estudios y cada universidad tendrá su facultad de triperos. Lo de menos es que llegue el día en que una buena tortilla de patatas sea un mito, como el unicornio, las hadas o la Revolución Francesa. A mí personalmente me entristece mucho que de lo único que se pueda presumir es de saber cocinar muy bien, y esa jactancia es una característica bastante común entre los vascos. Hasta en el anuncio que ahora se emite en la televisión se hace mucho hincapié en el hecho de que en el País Vasco se come muy bien, como si no pudieran aportar nada más. Sabido es que uno de los síntomas de la decadencia de las civilizaciones es el refinamiento en el comer; el potencial de la mente humana se puede emplear en darle la vuelta al concepto de pil pil o en buscar nuevas fuentes de energía. Los escoceses no pueden presumir de gastrónomos precisamente, pero sí de ser los inventores o descubridores de los antisépticos, la fotografía en color, el punto decimal, la alarma contra incendios, la insulina, los logaritmos, la morfina, el barco de vapor, los ultrasonidos, el telescopio… incluso la mermelada. Pero es que en Guetaria hacen un besugo que te mueres de rico, qué bien.

La sociedad en que vivimos acogerá con entusiasmo la creación de estas nuevas Facultades; no nos engañemos, nosotros somos los culpables. En el fondo lo único que están haciendo es saciar nuestra ansia de cultura fácil, de sentirnos cultos e inteligentes, y lo logran elevando a la categoría de arte cosas como la gastronomía, el cine, o la música pop; es decir cosas que están muy bien y son muy reconfortantes, pero que no pasan de ser un entretenimiento.

Este mediodía he visto en televisión a Karlos Arguiñano esferificar una aceituna. Como lo leen. Ha cogido un buen puñado de aceitunas, las ha medido en la batidora, les ha añadido unas cuantas sales y otras marranadas y las ha vuelto a esferificar. Espero que sea una asignatura opcional.

¡Catedrático!

The Fat Duck ataca de nuevo

heston_blumenthal_ap_20892gNuestros lectores ya saben que el restaurante inglés “The Fat Duck“, dirigido por Heston Blumenthal y galardonado con tres estrellas Michelín y un montón de premios más que no valen para nada salvo para que los miembros del jurado y los premiados vivan del cuento (como los Goya, vamos) envenenó a unas cuantas decenas de incautos que, la verdad sea dicha, se lo merecían y que se jodan. Dicen las malas lenguas que son ya más de 400 personas las afectadas (y aquí, con mucha mala baba, lo destacamos en negrita), pero francamente todos conocemos el grado de idiocia suprema que abunda entre nuestros antaño semejantes, y aquí le damos al Pato Gordo el beneficio de la duda y estamos seguros de que más de un memo se ha declarado afectado sólo para hacer creer que se ha gastado 400 libras en comerse una mousse de caracoles ionizados mientras escuchaba en un iPod fucsia ruidos de museo. La consecuencia de intoxicar a unos cuantos pringadillos ha sido que a iniciativa propia el restaurante ha estado cerrado veinte días. No se ha hecho público si se ha devuelto a los intoxicados el importe de su cena o almuerzo, aunque lo dudamos mucho: los timos no tienen marcha atrás, si picaste, picaste. Durante esos veinte días se ha removido Roma con Santiago para dar con el bichito chiquitito (¡gloria a Sancho Rof!) que de existir será nombrado Héroe de Antigourmet (V), pero nanai, no dan con la causa de la intoxicación. Ojo pues, que si te he visto no me acuerdo y ya han abierto de nuevo.

Si usted tiene la suerte de ir paseando por el Berkshire y ay qué hambre le entra a uno cuando pasea por la campiña con ropa interior de lana y con qué gusto nos tomaríamos yo y mi fox terrier un buen pudding del pastor bien relleno de carne de cordero de quinta categoría y una pinta de cerveza templadita y sin espuma. ¡Y una chuleta de carnero bañada en salsa de menta!. ¡Mmmmh!. ¡Anda, mira! ¡Una taberna isabelina!. ¿Será el Alegre Minero?. No, ¡es el Pato Gordo!.

Cuidado que te pillan.

Hay veces en que a uno le entran remordimientos y piensa que desear el mal ajeno traerá consecuencias y que al final, por desear la ruina de The Fat Duck, seguro que como castigo Al Gore termina siendo sultán de Brunei, pero ¡qué coño!. ¿No se manifiesta la gente pidiendo el cierre de las centrales nucleares, al menos hasta que los cocineros pongan de moda la tortilla desmigada y confitada en reactor nuclear con su toque de uranio enriquecido?. Pues esto es lo mismo. ¿Cómo que no?. ¿Por qué creen que no han han hecho pública la causa de la intoxicación, aunque sepan perfectamente de qué va el rollo?. La causa es la siguiente (cortesía de Estudios Antigourmet, pero no es gratis):

Pudding de caracol

Helado de huevos al nitrógeno

En ciertos sitios, alcanzando unas cotas de horror inenarrable, llaman a los platos anteriores gachas de caracol y helado de tocineta ahumada y huevo, respectivamente.

Salmón escalfado con regaliz (no se dice si rojo o negro).

Foie gras con algas cristalizadas.

Sonidos del mar (la paparrucha esa del iPod, sólo que con una marejada-fuerte marejada de sonido de fondo; lo que te comes no lo dicen, pero nos tememos lo peor).

No busquen más. Heston vete, que hueles a filete.

 

 

 

Casa Ciriaco - 1er Aniversario Antigourmet

 

Punctutron (con bigote) y Pandemolde retratados durante la celebración del 1er Aniversario de Antigourmet

Punctutron (con bigote) y Pandemolde retratados durante la celebración del 1er Aniversario de Antigourmet

Un rápido vistazo a distintos medios de comunicación, tanto en la prensa escrita como en la digital, en las emisoras de radio de frecuencia alta, media o baja y en las cadenas de televisión consolidadas y corruptas y en las que aspiran a serlo algún día, nos confirma que ha pasado totalmente desapercibido un acontecimiento de importancia capital en el curso de la Civilización Occidental, pues ayer en Casa Ciriaco tuvo lugar una reunión que una vez terminada nuestros enemigos, que son muchos, podrán calificar como contubernio. Peor para ellos, pues mientras confitaban y nitrogenaban confiadamente la siguiente cochinada que llegará a ser la nueva moda gastronómica, la cúpula de Antigourmet se reunía para celebrar su primer aniversario (reléase El vino con gaseosa) y tomar decisiones importantes.

Ya saben que la nómina de Antigourmet es numerosísima, y que cualquier día pueden estar ustedes degustando (sic) la última marranada de Eneko Atxa y recibir un porrazo a traición en toda la cocorota; no duden que tenemos infiltrados entre el servicio de sala de más de un antro para gourmets. Pero la reunión de ayer convocó exclusivamente a la cúpula visible de la organización y a nuestro hombre en la sombra, que es una buena persona a pesar de que en cierta ocasión se le vio manejando un decantador de vino con una desenvoltura que delataba que no era la primera vez que se aplicaba a la tarea, con el objetivo de fijar ciertas directrices para el futuro, aunque el mismo concepto de futuro nos repugne.

Mientras perfilábamos lo que será la única guía gastronómica realmente imprescindible (Polígonos Industriales con Encanto) y el censo más exhaustivo de los bares que aún conserven una barra forrada de cuero repujado y donde los camareros todavía tengan la sana costumbre de servirte tu bebida favorita sin necesidad de pedirla (y de simular no conocerte si no te presentas solo), dimos buena cuenta de unas croquetas de merluza impecables, de unos huevos fritos con chorizo como mandan los cánones y del primer plato por antonomasia en las cenas de los hogares españoles de buena casta: guisantes con jamón. A pesar de las tentadoras recomendaciones que una cuartilla anexa a la carta y escrita con máquina de escribir nos ofrecía (perdiz en escabeche, gallo a la plancha), la ocasión requería zamparse una pepitoria de gallina acompañada de cuatro barras de pan y una frasca de vino de Valdepeñas, que para eso es el buque insignia de la casa. Como era de esperar, nada decepciona en Casa Ciriaco, y a pesar de que ni el flan ni el arroz con leche figuraran en la carta con la coletilla ”de la abuela”, que es un detalle que a veces se agradece, ambos postres y una tarta que ocasionó miradas de recelo, pues no en vano se pronunció la palabra tiramisú (son estos detalles los que hacen que la confianza en el tercer hombre aún no sea plena), pusieron digno colofón a la histórica ocasión. Pues Antigourmet tiene la intención de dar un salto cualitativo, y el recuerdo de Mateo Morral y la oportuna observación de lo definitorio que resulta de la decadencia de estos tiempos que los motivos para matar a un presidente de EEUU hayan llegado a ser el llamar la atención de una actriz, nos han hecho dar el salto a una política que la escasez de magnicidios ha hecho aburridísima.

Aquellos que estén interesados deben saber que para ingresar en la Asociación basta con certificar que se ha leído El Agente Secreto, demostrar una sincera aversión por el concepto de emplatar un plato y recitar con cierta gracia y musicalidad el himno propuesto por nuestro compañero pandemolde:

“Con las bombas que tiran

los fanfarrones

se hacen las gaditanas

tirabuzones.

Pues las hembras cabales

en esta tierra

cuando nacen ya vienen

pidiendo guerra.

 (coro)

¡Guerra! ¡Guerra!”

Temblad, diputadillos de medio pelo, que se os acaba el chollo. No pararemos hasta conseguir comer de gorra en Lhardy y ver de nuevo a los taxis 1500 rojinegros circular por las calles de Madrid.

Madrid Fusión 09, la conferencia estrella

madrid_fusionComo hemos venido anunciando últimamente, estamos muy atentos al Nuevo Orden Mundial que se está intentando imponer desde  Madrid Fusión 09. Lamentamos no estar en primera fila para hacerles saber cuáles son las ponencias más indignantes, y nos tenemos que conformar con hacernos una idea de los engendros que allí empiezan a tomar forma a través de las noticias que nos llegan desde la prensa generalista o desde la parapléjica página web del evento, pues, como es natural, ni nosotros estamos dispuestos a gastarnos los cuartos en pasar un mal rato, ni ellos saben de nuestra existencia, y por tanto no pueden darse el gustazo de invitarnos y al hacerlo tener un gesto verdaderamente snob, algo que estaría a la altura de la famosa invitación de Leonard Bernstein a los Panteras Negras o de mi colección de camisetas del Ché Guevara.

Así que hurgo entre las páginas de www.madridfusion.net y encuentro lo que para mí será la ponencia estelar. Espero ansioso detalles de la misma, y desde aquí rogamos una crónica en primera persona (no remunerada, sean solidarios) de la siguiente indecencia:

“LAS TABLAS DE QUESOS: UNA PUERTA A LAS ESTRELLAS

José Manuel Escorial hará preguntas directas y prácticas a los ponentes. Se trata de dar fórmulas para incrementar la facturación en un restaurante con las tablas de quesos:  ¿Se gana más dinero teniendo un carro de quesos? ¿Cuál es la tabla ideal? ¿Cuántos quesos debe tener? ¿Compensa la fórmula de servirlo antes y después de la comida?. Se entregará  al final de la conferencia el premio al defensor del queso. Al margen de la conferencia, fuera de la sala se realizará la tabla de quesos más espectacular del mundo, por Xavier  Thuret”

En lo que a mí respecta, cada vez que leo lo anterior mis carcajadas se oyen en Groenlandia. No tiene desperdicio. En Antigourmet, donde el queso es una de las piedras angulares de nuestra existencia y la base de nuestra alimentación a lo largo de innumerables recreos en viernes de Cuaresma, después del primer ataque de risa nos abrasa la indignación, tanto por el uso vil de nuestro amigo el queso, sometido a las más oscuras maniobras con el único fin de exprimir un poco más al incauto cliente, como al hecho de que cualquier papanatas pueda vivir del cuento organizando semejantes paparruchadas (que en el fondo es lo que aquí pretendemos lograr, pero de momento no nos sale y esto, claro está, aumenta exponencialmente nuestra indignación). Realmente dudo que ni aun dedicándole una semana monográfica a las trascendentales preguntas señaladas más arriba se pudiera llegar a alguna conclusión definitiva; eso sí, que sepan ustedes que a partir de ahora cualquier restaurante chino de barrio va a tener un carrito de quesos manchegos del tamaño del Titanic ¡Con eso se pagan las nóminas!  A las interminables y pedantes cartas de vinos, aguas y panes, se une ahora la del carro de quesos. Ya no puede uno ir a comer por ahí en paz, sin verse obligado a tomar diecisiete mil decisiones por segundo, coño.

Y el defensor del queso que premien, sea quien sea, es un impostor y le deseo lo peor.