Ya hemos dicho más de una vez que nos llena de orgullo comprobar que nuestra labor va dando sus frutos. Gente en principio ajena a nuestras ideas publica en internet encendidos comentarios contra la cocina chorra, generalmente en forma de desternillantes decálogos. Véanse las entradas pasadas de este blog en las que rendíamos merecidas loas a, por ejemplo, los comentarios de Jesús Encinar y Christopher Borrelli (aunque en el punto 7 del artículo de Jesús Encinar se le cuela lo que adivinamos es una tendencia a consumir foie, o sea fuá, o sea caca de la vaca).
Ya hace meses anunciamos cómo el Basque Culinary Center no era sino un chollo más del cual vivir a costa del contribuyente, y además un desperdicio de recursos intelectuales. Pero hoy copiamos un artículo de ABC que lo explica todo mucho mejor, que para eso lo ha escrito un universitario que postulamos pasó sus cinco años de aprendizaje sin ver la luz del sol y acumulando los principios técnicos necesarios para ejercer la profesión de un modo tan competente. En Antigourmet aplaudimos a ABC por su valor al publicar este artículo y suscribimos la totalidad de su contenido.
Y con esto les deseamos feliz año 2010 a todos ustedes. Y recuerden: si su madre les sirve boletus en la cena de mañana, búsquense otra madre.
“Siete millones de euros cedidos por el Ministerio que dirige Cristina Garmendia, tres más donados por el gobierno vasco, otro de la Diputación de Guipúzcoa y terrenos cedidos por el Ayuntamiento de San Sebastián. En total 12 ó 13 millones dispuestos por el erario para poner en marcha un proyecto gastronómico ideado por los más ricos e ilustres cocineros de la región: Arzak, Subijana, Arguiñano, Arbelaitz y companía. Una lluvia de millones que fuentes de la oposición aseguran observar con «extrañeza y perplejidad teniendo en cuenta la crisis en la que se encuentra sumido el país».
Si el atracón de dinero sorprende, que la subvención corra a cargo del Ministerio de Ciencia e Innovación asombra. ¿Aprender a elaborar bacalao al pil-pil es lo que Garmendia entiende por innovar e invertir en I+D+i? En el BOE del pasado 31 de octubre en el que se concedía la subvención al proyecto «Basque Culinary Center» se abrían las disposiciones generales asegurando que: «Las ciencias gastronómicas son multidisciplinarias». Daba la impresión de que había que convertir a toda marcha y a cualquier precio la Gastronomía en una Ciencia para justificar el gasto.
El otro asidero que le queda a la ministra es que en el Real Decreto se asegura que el proyecto incluye la creación de un «Centro de Investigación e Innovación de -las inventadas para la ocasión- Ciencias Gastronómicas» que se dedique a «la formación, la investigación y la industria».
Los siete millones de euros se han concedido a la «Basque Culinary Center Fundazioa». En esta fundación participan como socios fundadores «una generación de cocineros de renombre internacional» dispuestos a colaborar para transmitir su legado y contribuir a la creación de una prolífica cantera de cocineros», asegura bastante poéticamente el artículo 1 del Real Decreto. Y se recoge en el mismo que el pago de la subvención se realizará «por anticipado», a cuenta íntegramente del Ministerio de Garmendia y «sin necesidad de constituir garantía». Total siete millones; un dinero que, en plena crisis, sabe «rico, rico».”
Hace unos días Manuel Gago colgó en su blog Capítulo 0 un post sobre una cata de gaseosas gallegas que hizo con unos colegas. Un vídeo espectacular en el que incluso decantan una gaseosa que tenía uno de ellos en una bodega. Hacen toda la tontorrona parafernalia de las catas de vino, que con gaseosa es mucho más divertida, añadiéndole el escuchar el sonido de las burbujas de las gasesosas. Aunque falta la gaseosa que más he bebido en mi vida, la Gaseosa Santa Tecla, que nos compraba mi abuela de pequeños y que todavía se fabrica -y la naranjada, que es la mejor del mundo-, el post, por su sentido del humor, merece un gran aplauso.
Lo mejor, cuando al final echan a la gaseosa vino de mesa para mejorarlo. El primer post de Antigourmet iba sobre el vino con gaseosa, y realmente nos ha emocionado encontrar este post, el mejor posible para despedir este año 2009.
Bajo el título de “Gastro-accesorios inverosímiles” el otro día el Diario del Gourmet de Provincias y del Perro Gastrónomo nos presentaba un tapón candado para poner en el vino, por si tu cuñado es un listo y, mientras tú te das la vuelta para decir al Kevin que como siga tirándole de las coletas a su prima Rebeca se queda sin Gormiti para Reyes, se echa más Pingus en su copa como si tal cosa.
No sé, me parece supermiserable ponerle un candado a la botella de vino, supermiserable si te lo compras tú, y extremadamente insultante si se lo regalas a alguien como diciendo “toma, majo, para que luego no me montes pollos porque me bebo tu ron de cabecera durante el partido”.
Pero bueno, por 12 libras tampoco es un derroche, y para un amigo invisible puede ser el regalo estrella. Eso sí, como dice el Gourmet de Provincias “te recomiendo que lo actives antes de haberte bebido el vino, a ver si por hacerlo con tres copitas encima no vas a ser capaz de recordarlo”. Feliz Navidad.
Hoy Jesús Encinar comenta en su blog “Las 10 peores ideas que esta década ha dejado en gastronomía”, continuando las otras diez que hace dos meses había planteado el Chicago Tribune y que ya comentamos aquí. Evidentemente comparte muchas fobias con el periódico: La gastronomía molecular, la deconstrucción, las mesas corridas, y el concinero endiosado. Pero luego hace aportaciones geniales, como las paredes de botellas retroiluminadas, versión chill-out de las maravillosas paredes con botellas de brandy llenas de polvo y años de las viejas tabernas; o la desaparición de los helados normales en manos de los helados de wasabi; la dictadura militar del tiramisú; o su repulsión por las servilletas de papel.
Aquí, por supuesto, estamos totalmente de acuerdo con él, y nos emociona descubrir que en realidad somos legiones los que odiamos los platos cuadrados y sobrevivimos bajo la bota de la tiranía gourmet (aunque, por otro lado, saber que no estamos solos en el universo de los manteles a cuadros nos hace ser menos raros, algo que hunde a cualquier blog, y eso nos entristece).
Aquí dejamos el grandísimo listado de Jesús Encinar, merecedor de las más altas condecoraciones de Antigourmet:
1. La gastronomía molecular y la cocina deconstruida.
2. Murales de botellas de vino retroiluminadas como decoración.
3. Vajillas imposibles.
4. Helados de sabores raros.
5. Asientos sin respaldo y mesa comunal.
6. El tiramisú que trajo un invierno nuclear a las cartas de postres.
7. Las mezclas salado/dulce, frío/caliente.
8. Restaurantes que sólo ofrecen Menú Degustación.
9. El chef como über-celibrity.
10. Las servilletas de papel.
Encantados como estábamos hoy de que, gracias a la diligente policía danesa, podíamos irnos a cazar unas cuantas ballenas sin que los plastas de Greenpeace nos asaltaran el barco, porque como tienen a uno de sus caudillos entre rejas están demasiado indignados para atender a las focas, va y llega 20 Minutos y lo estropea todo entrevistando al memo de Arola.
Arola es la típica alimaña que se apunta a un bombardeo, y ahora le toca ser ecologista. Y ha escrito un decálogo del cocinero ecologista que, evidentemente, es una de las piezas de humor más delirantes del periodismo en 2009. Entre los diez mandamientos verdes los hay incomprensibles, al estar escritos en la jerga posmoderna que los políticos han copiado de Cantinflas, como el séptimo:
“Incorporar nuevas técnicas culinarias (gastronomía evolutiva) a partir de un proceso reflexivo.”
Otros son típicas frases del neofascismo de lo políticamente correcto, como el noveno:
“Fomentar la educación tanto del profesional como del cliente. Hay que aprender a comer.”
¿Quién coño es un cocinero para educarme a mí? Tío, hazme el filete y lárgate. Arola nos trata como Leopoldo II a los congoleños. Es lamentable.
Se podrían comentar casi todos y llevarse las manos a la cabeza con casi todos, como cuando recomienda bolivarianamente no usar “productos especulativos de lujo extremo”, gran estupidez donde las haya, o cuando nos dice que “no se puede comer tomates o naranjas todo el año” porque no son de temporada. Como todo puede ir a peor ahora que les hacemos caso, tras prohibirnos ir en avión nos prohibirán tomar una naranja en verano, incluso más, me obligarán a cortar los dos naranjos de la casa de mi abuela en Galicia, porque no es un sitio de naranjas. Un día vendrá un funcionario con un municipal y, gallardonamente, los serrarán.
Cuarenta años antes que Modiano hablara de los gastrónomos chochos de Francia, el pintor Gutiérrez Solana durante sus vagabundeos por París en 1937 ya los había calado. Con su pequeño apunte sobre la gastronomía parisina dejamos de saquear el libro París (La Veleta, 2009), del que ya hemos copiado dos textos, Elogio de los pellejos de España y Gutiérrez Solana contra los vegetarianos. Hay que leer a Solana:
José Gutiérrez Solana. Bodegón del pavo muerto. 1929. Colección Fundación Telefónica.
“París es de los sitios del mundo donde mejor y más se come; la gastronomía tiene una importancia capital y se ven los restaurantes y los mercados mejor surtidos; la gente da mucha importancia a la hora de comer, y se ve en los restaurantes el aspecto serio y solemne de la gente a la hora de almorzar y cómo se retrasan los gastrónomos y retardan la comida antes de levantarse de sus asientos y cómo se mira el menú como la cosa más trascendental de la vida. Por eso se ve gente joven que ya es vieja y enferma por la glotonería; los tripones son suicidas que pagan con el pellejo su gastronomía; se ponen como toneles en plena juventud y la gota y la apoplejía acaban con ellos. En un restaurante vi un señor bajo, de chaqué, que comía mucho: se sirvió de todos los quesos y tenía una papada roja y escarlata. Allí se ve esa gente baja, sin cuello, apoplética y aficionada a la gastronomía y a la bebida, propensa a una congestión.”
Esta segunda entrega se la dedicamos a una increíble bandeja que han creado los de Deni (tras la primera entrega sobre el calientacafés por USB). Esta joya te canta el Cumpleaños feliz en versión politono -imagino que no será en tono real- dándole a un botón, para quedar como un campeón cuando traigas la tarta de la cocina con la vela encendida. Aunque lo mejor que tiene es que, dándole a otro botón, te calcula el ángulo de corte de la tarta según el número de comensales que tengas. Supongo que le pones 5 y te saca unos rayos rojos tipo Misión Imposible hasta el borde de la bandeja para saber dónde tienes que cortar.
Tiene doce pulgadas y corta de 2 a 12 porciones. No sé muy bien para qué quieres cortar en dos una tarta, pero se puede.Y quien quiera cortar un filete, también puede calcular las partes, por supuesto, no tienen porqué cortarse únicamente platos redondos.
¿Y cuánto cuesta esta idiotez? Bah, solamente 60 dólares. ¡Qué mejor regalo para Navidad que esta chorrada!
Si los detergentes añaden palabras absurdas que suenan a extranjero para parecer más complejos y que uno sea incapaz de pronunciar lo que quiere (véase el increíble Kalia Vanish Oxi Action Cristal White como ejemplo máximo de lo anterior) y los heladeros tratan de ridiculizar al consumidor ya talludito obligándole a pedir en el puesto de la playa un Nifty y un Frigopié), las marcas de comida se entretienen añadiendo la palabra gourmet a lo que venden.
Hace tiempo fueron las Lay’s Gourmet las que nos obligaron a intervenir, y esta vez es la Flora Gourmet la que salta al mercado y nos provoca. ¿Para qué quiere ser una margarina gourmet si de por sí la margarina no vale para nada? ¿Qué lumbreras se inventó el Omega 3 y el Omega 6 que tiene la Flora Gourmet y desde cuándo es saludable una cosa que tiene nombre de misil tierra-aire? ¿Para qué queremos esta nueva cosa si ya teníamos la Flora Pro.Activ con su precioso nombre? Pues está claro, no la queremos para nada, aunque Maria Schneider lo hubiera pasado mucho mejor con ella, ya que es tan saludable.
Cuando pensábamos que todos los franceses recitaban a Mallarmé de corrido y eran tan sofisticados y artificiales que el Síndrome de Stendhal era una epidemia en nuestro querido país vecino, sale l’Association Fromages de Terroirs y se marca un calendario de chicas frotándose con queso que deja a nuestro proscrito landismo erótico-festivo como una chiquillada. Recordemos aquellos míticos anuncios de queso de Tetilla y de Membrillo el Quijote, prohibidos por el puritanismo progre que hace que miremos a los lados a ver si hay algún policía de la decencia antes de verle el culo a una chica, no sea que nos denuncien y nos castiguen a leernos esos libros descomunales que llevan las chicas en el metro, a ver si así nos relajamos.
Pero, por ahora, que en todas partes cuecen habas y acabarán retirándolo, se puede comprar este maravillosamente zafio calendario en la página de la asociación de queseros por 15€, por si algún taller de coches todavía no tiene calendario de 2010. En este enlace se pueden ver todos los meses (ángulo superior derecha), alguno de ellos digno de la sudorosa chabacanería de los últimos vídeos de Beyoncé.
Sea como sea, qué maravilla ir a Francia y ver tiendas de quesos por todos lados y el respeto con que lo tratan.
Los anuncios de yogur se dividen en dos, en los que sale una chica que no caga y que gracias al yogur ahora caga, y en los que sale la misma chica contándonos por enésima vez que los chinos desde hace miles de años usan la soja y que están muy sanos y que por eso es genial ese yogur que lleva soja. ¿Cuándo apareció el mito de que lo oriental es sano? ¿Lo importó Steven Seagal en los ratos místicos de sus pelis en los que no rompía las muñecas a los malos? ¿O fue el maestro petardo de “dar cera, pulir cera” de Kárate Kid?
¿Por qué porque los chinos se coman la soja doblada desde hace miles de años inmediatamente hace de la soja un buen alimento y la fabada que la toman los asturianos desde hace miles de años no tienen ese halo de bondad que tienen las comidas orientales? ¿Somos tan idiotas en Occidente que nos creemos eso aunque todos sepamos que una chorrada?
¿Si comemos lo que comen los chinos vamos a llegar todos a los cien años? No sé, los datos no son así. La esperanza de vida en 2006 en China era de 72,27 años, en el puesto 77 de los países del mundo. En esa misma clasificación Corea del Norte es la 89, Vietnám la 96, Indonesia la 106. Vale, para no caer en la demagogia digamos que Japón es el número 4 con 81,25 años… Aunque los siguientes son Suecia y Suiza (Lo que está claro es que cuanto más absurdo sea tu país, más vives: Número 1 Andorra, nº2 San Marino, nº3 Singapur). ¿Cuál es el plato típico andorrano? Ni idea, pero que se lo pongan al yogur y dejen de dar la tabarra con la soja. ¡Viva Andorra!
¿Quieres invertir cómodamente en acciones de compañías distribuidoras, bodegas productoras, compañías agrícolas o de la industria auxiliar del vino del mundo? Pues si sabes de qué va esto de invertir, la Banca March acaba de sacar Vini Catena F.I., que según parece es el primer fondo de inversión sobre vino del mundo.
El fondo lo gestiona un equipo de expertos (imagino que en estos temas financieros), pero además cuenta con un Comité de Expertos (¿alguien dudaba que iba a aparecer por algún lado el inevitable comité?) integrado por profesionales de prestigio dentro de la cadena del vino que aportarán su experiencia. Vamos, unos tíos de unas bodegas que quedarán a comer y beberse los vinos en los que invierten los que se apunten al fondo y harán un informe de media página llena de goterones de tinto, como el resto de comités de expertos que existen. Y, desde nuestra nunca disimulada falta de humildad, creemos que somos las personas ideales para tamaño cometido, ya que el Ministerio de Cultura creemos que no nos elegirá como miembros del comisariado político de cierre de páginas de internet que quieren hacer (si nos eligieran para esto, cerraríamos en el acto todos los blog gastronómicos de España menos este que acoge estas líneas, por supuesto). Pensamos que desde el comité de expertos de este fondo, los inversores ganarán en confianza y nosotros en comidas y cenas por la patilla, último y único objetivo de este blog.
De las excrecencias de “Verano azul” salieron Tito y Piraña como grupo humorístico que actuaba en el circo, y nada más acabar el rodaje de la serie se embarcaron en el de la superbizarra “Chispita y sus Gorilas”, haciendo ellos dos de gorilas de la repelentísima Chispita. En la película se incluía el exitazo Comer, comer, que salió de single antes o después de la película, no sé, con El vaquero rockero de cara B.
En la canción nos proponen la obesidad como régimen para ser felices, si nos comemos cien gallinas o doscientos jamones. Canción de un tiempo pasado, ahora Piraña -que después de Chispita y sus Gorilas rodó la magnífica “Buenas noches, señor monstruo”- sustituiría los cien jamones, por el fua, los catorce filetes irían al menos caramelizados y los buñelos de viento serían cambiados por un tiramisú.
Ahora que sale el sol, y es fiesta, disfrutemos con este gran tema:
Y para el que quiera hacer karaoke, ahí va la letra, que me ha costado media hora transcribirla:
“Quiero comerme un bocata de queso, aceitunas sin hueso, sandía y melón. Quiero comerme catorce filetes, castañas, chanquetes y un kilo de arroz. Quiero comerme fabada del día, lentejas, tortilla, salchichas con pan. Quiero comer chocolate y bizcocho y pasteles borrachos, de postre un buen flan, de postre un buen flan, de postre un buen flan. Ñam, ñam, ñam.
Comer comer, comer comer, es lo mejor para poder crecer. Comer comer, comer comer, y ya veréis que grandes os haréis.
Quiero comer salchichón de Pamplona, turrón de Jijona y bolitas de anís. Sopa de pipas, merengue de chicle, rosquillas de plátano con regaliz. Quiero comerme doscientos jamones, diez melocotones y un pavo con miel. Quiero comerme judías, pimientos, buñuelos de viento y ciruelas sin piel. Quiero comerme judías, pimientos, buñuelos de viento y ciruelas sin piel, ciruelas sin piel, ciruelas sin piel. Un, dos, tres.
Comer comer, comer comer, es lo mejor para poder crecer. Comer comer, comer comer, y ya veréis que grandes os haréis. ¡Arriba! Comer comer, comer comer, comer comer, comer comer, y ya veréis que grandes os haréis.
Que si no como me duele la tripa, me ataca la gripe y puedo dormir. Me pongo roja, se me hinchan los ojos, me tiemblan las piernas de tanto sufrir. Quiero comerme trescientas gallinas, morcillas muy finas, crocante y helado. Quiero comerme tortilla de setas, patatitas fritas y un buen bacalao. Quiero comerme tortilla de setas, patatitas fritas y un buen bacalao, y un buen bacalao, y un buen bacalao. Riau, riau, riau.
Comer comer, comer comer, es lo mejor para poder crecer. Comer comer, comer comer, y ya veréis que grandes os haréis. ¡Vámonos! Comer comer, comer comer, comer comer, comer comer, y ya veréis que grandes os haréis.”
Vamos a empezar ya con los regalos navideños, no se nos vayan a echar el gordo apestoso de rojo y los Reyes Magos encima.
¿Qué puedes hacer en la oficina cuando la basura del café de la máquina misteriosamente de un sorbo a otro se enfría, si al cogerlo un par de minutos antes de la máquina te abrasabas las manos? ¿Dejar el periódico, ponerte a trabajar, sacar otro café? No. NO.
Te pones un hornillo USB conectado al ordenata y sanseacabó. El Connectland USB Cup Warmer. Pones la taza (imagino que los vasos de plástico de la máquina de mi trabajo las destruirá) en el platillo de metal y te mantiene el café con la temperatura que tú quieras. Y encima tiene una pantalla donde te dice la hora y la temperatura que tiene tu café. Vamos, el acabóse. Aunque lo mejor es el punto geek que tiene que lo hace irresistible, y es que es un hub, es decir, tiene cuatro conectores USB más detrás, para conectar todos los gadgets que tengas o, claro, conectar en batería cuatro Connectland USB Cup Warmer y calentar el café a todo el departamento, que ya sería la risión total.
Y encima es un chollo, 12 dólares. Oigan, que me los quitan de las manos.
No sé cómo he llegado hoy al periódico colombiano El Liberal, y dentro de él a una entrevista al cocinero José Ramón Castillo, pero he llegado. De la entrevista solamente me gustan las dos primeras preguntas, en las que el cocinero -nombrado Joven Cocinero de Cataluña hace años- que ahora se ha especializado en chocolate, nos explica su evolución. En la primera nos intenta convencer con terminología de vendedor de crecepelos de una peli de vaqueros chunga que lo que mola es el chocolate molecular:
¿En qué momento decide dedicarse a la chocolatería?
Cuando tenía 24 años trabajaba y ganaba mucho, pero no tenía amigos, ni familia, ni novia. Tenía un sueldo de casi 9 mil euros. Pero me harté de estar cocinando. En ese momento conocí a David Pallas, campeón chocolatero de España, cuando hizo una demostración de chocolate y me encantó. Me apasionó, fue un cambio total de cocinero a chocolatero. Me hice chocolatero por la calidad de vida que me da esta profesión.
Leñe, no tenía ni amigos ni familia ni novia. Pobre chico, se me saltan las lágrimas. Menudo melodrama. Menos mal que descubrió el chocolate y pudo salir adelante en la vida, en este valle de lágrimas que habitamos. Es la mejor respuesta a una pregunta que he leído en mi vida. Qué tío más tonto.
En la siguiente pregunta nos muestra cómo hace el chocolate:
¿Cómo integra las técnicas tradicionales y la cocina molecular en sus chocolates?
Tengo una máquina en la que entran 100 kilos de producto, por ejemplo de pulpa de mango y en la periferia entra el nitrógeno líquido sin tocarlo. Se cocina en un bloque de hielo gris, que luego ingresa a la liofilizadora, que es un proceso para secar y convertir en polvo el producto. De los 100 kilos quedan solo 10. Con una cucharada de polvo y un litro de agua, cuatro kilos de chocolate tienes un relleno sin cremas, sin azúcar y sin mantequilla. El resultado es un bombón con 42 por ciento menos calorías.
Mola, mete 100 kilos de chocolate en su maquinola, les hace más perrerías que el Correcaminos al Coyote, y le quedan 10. Pero a una cucharada de esos 10 kilos, como si fueran carne de , les echa agua y le salen 4 kilos de chocolate para relleno. El primer paso, la reducción, vale, me la creo. Pero la segunda nideblás, venga ya, tío, que con un litro de agua y una cucharada de ese chocolate nitrogenado te salgan por arte de magia cuatro kilos no se lo cree ni el más talifán de la cocina molecular (si es que entiendo bien lo que dice, que lo he leído varias veces y sigo sin entenderlo). ¡Castillo, menos lobos!
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