Monthly Archive for Noviembre, 2009

Ataque a las Estrellas Michelin

La encomiable labor social de este nada humilde blog poco a poco va dando su fruto. El 17 de agosto de 2009 publicamos el “Teorema del Fua”, fórmula matemática por la cual el número de Estrellas Michelin que logra un bar es directamente proporcional al número de platos con fua que ofrece, y este teorema va cuajando en la comunidad científica internacional, como pudimos leer este sábado en el taurino y futbolero blog Salmonetes ya no nos quedan, que escribe el columnista de ABC Ignacio Ruiz Quintano, en el post “Brindemos por Bibendum con unos Minutejos”, escrito en este caso por José Ramón Márquez, en el que, además de mandar un buen directo al chaval de DiverXO, del que hablamos aquí hace poco (ver “David Muñoz (DiverXO), empresario de la década”), aplica y amplía el Teorema del Fua. Leamos:

“Gracias, Bibendum. Muchas gracias de nuevo. Con sus estrellas, Bibendum y su empresa de neumáticos nos iluminan. Una estrella, ve con mucho cuidado, que a la primera de cambio te echan un maridaje. Dos estrellas, ojito, ojito, que a la vuelta de la esquina salta el nitrógeno. Tres estrellas, huye porque te van a echar más foie del que tu hígado podrá soportar. Una, dos o tres, da igual en algo: se esforzarán porque tu Visa quede exhausta.

La novedad de este año es que el simpático Bibendum le ha dado una de sus estrellitas a un artista que lleva toda la pinta de los antisistema, con pendientes de esos negros y gordos incluidos. ¿Aceptará la American Express en su casa el artista u obligará a su delicada clientela a llevar carretillas llenas de asquerosos billetes capitalistas para pagar sus facturas?

¿Se imaginan que uno de estos artistas hubiese inventado los Minutejos? Sería gracioso el nombre que le habrían puesto. Vayamos prestos a Antonio Leyva, pidamos seis delicados Minutejos con una caña de cerveza y brindemos por Bibendum.”

Qué bueno. Sobran comentarios. Suscribimos cada palabra. Resumen:

  • Una estrella = Maridaje
  • Dos estrellas = Plato con nitrógeno
  • Tres estrellas = Sobredosis de fua

Imagen de Directo al paladar. Texto de Salmonetes ya no nos quedan.

Modiano y los gastrónomos chochos

Por culpa de la niebla no he podido ir a la senda ecológica de Canencia, y aquí estoy escuchando a Joy Division y copiando una frase muy antigourmet del escritor francés Patrick Modiano. La frase la tomo de “Villa Triste” (1975), novela recién reeditada por Anagrama, y la dice el protagonista del libro, el conde ruso Victor Chmara, quien, como en todas las novelas de Modiano, oculta su personalidad, y no es ni conde, ni ruso, ni se llama Victor. El conde Chmara, cansado de vivir en Francia y con ganas de huir de nuevo, define perfectamente a nuestros vecinos:

“No, no podíamos quedarnos en Francia, en aquel país pequeño y asfixiante, entre esos “catadores de vino” congestionados, esos corredores ciclistas y esos gastrónomos chochos que saben diferenciar entre varias categorías de pera. Me ahogaba la rabia. No podíamos quedarnos ni un minuto más en aquel país donde había cacerías a caballo. Se acabó. Nunca más. Las maletas. Pronto.”

Y tiene razón, siempre da la impresión de que todo el mundo en Francia sabe distinguir el sabor de quince variedades de pera, y entre quincemil tipos de vino. Menos mal que nos queda Benzemá.

Portada de “Villa Triste” tomada del magnífico blog de Miguel Sánchez-Ostiz, Vivir de buena gana.

Quiero tortilla estatal

En un alarde de imaginación, la ganadora del Trofeo Coca-Cola XII Campeonato de España de Tortilla de Patatas que se celebró hace nada durante el XI Congreso lomejordelagastronomia.com, Itxaso Cisneros del bar Izaro de Bilbao, ha puesto en el escaparate de su bar para anunciar que hace la mejor tortilla de patatas de España la frase 2009 Primer Premio Tortilla Estatal, según recoge el blog de Santiago González (cuya imagen copio).

Tras reírme un rato ante tamaña paparruchada, puse “Tortilla Estatal”, el genial disco de Patrullero Mancuso, como no podía ser de otro modo, para escuchar El halcón milenario, El peine de la tortuga, Qué poquita cosa, o la canción que da título al disco, Tortilla estatal, cuya letra copio:

Tenga cuidado por favor,
yo sólo busco lo mejor.
Quiero tortilla estatal.

No se equivoque, embaucador,
está usted hablándole a un señor.
Déme tortilla estatal.

Y todos juntos a cantar:
“Trala lara la la la la,
quiero tortilla estatal.”

En fin, nada, que el lenguaje torticero y totalitario de los nacionalistas a veces crea genialidades como la de arriba, y esta vez además me ha llevado a recuperar un gran disco que hace tiempo no escuchaba. Y es que hay que darle al César lo que es del César, y el término “tortilla estatal” lo inventaron Murky, Guiller, Jaime y Manuel, grandes entre los grandes. Ni eso ha inventado la pobrecilla de Itxaso.

Arola y el Lidl: Matrimoniadas

El otro día cambiando de cadena caí en un anuncio del Lidl protagonizado por el cocinero-showman Sergi Arola y el asqueroso del calvo del Lidl, ese genio absoluto de la comunicación. Este anuncio vino a sumarse a la alegría producida por el cierre hace pocas fechas de D’E, uno de los bares de Arola en Madrid (Velázquez esquina Goya).

Buscando el vídeo del anuncio por la red he caído en el blog Nueva Salud, órgano de comunicación de AVE FENIX Asociación Diabética, donde hablan del anuncio. Así que me permito copiar su texto, que dice exactamente lo que pensaba escribir yo, pero mucho mejor, con mucha más claridad:

El mamporreo de LIDL: Sergi Arola

Catálogo de la semana de LIDL (tienda de descuentos)

Sergi Arola cocina con productos Lidl

Mal tienen que estar las cosas para algunos cocineros que se prestan a cobrar de las cadenas de alimentación más humildes (esta prácticamente tomada por emigrantes), y que a la vez en su curriculum incluido en esas páginas presume de haber estado aprendiendo en elBulli.

Desde el punto de vista de la marca alemana la jugada es muy buena, incluyen productos de algo más de calidad y precio de cara a las Navidades y hacen que firme como suyas las recetas un conocido cocinero español.

Lo que no creo que sea gran negocio es para el cocinero . No le acabo de ver su ventaja, salvo lo que haya cobrado, respecto a sus habituales clientes.

En fin, hay otros a los que hemos contemplado incluso haciendo cocina con Coca-Cola, así que la bajada de pantalones de la profesión está generalizada, pero nunca estas ruindades va a beneficiarles a medio plazo y a la larga.

Imagen de Entre Teens, de su fantástico post ¿Tú también odias al calvo del Lidl?

Jamón de cerdo alimentado con culebras

Hace poco me terminé las entretenidas memorias de “Saint-Simon en España” (Universidad de Alicante, 2009), donde el maniático duque cuenta sus aventuras en España los años 1721 y 1722 durante la embajada para arreglar el matrimonio entre la hija de Felipe V y el futuro Luis XV. De uno de los banquetes, en la ciudad burgalesa de Lerma, comenta esto:

“La cena fue a la española, pero una olla excelente y un extraordinario vino de La Mancha nos compensaron del resto de manjares a los que estábamos poco habituados. El vino y el aceite que los señores elaboran para su consumo son admirables y subrayan la desidia pública, pues de iguales materias primas se hacen otros cuyo mero olor no es posible soportar. Se sirvieron también unos jamones rojizos, muy raros incluso en España, que sólo se preparan en las casas del duque del Arco y de otros dos señores, los cuales jamones proceden de cerdos a los que encierran en unos como corrales de reducidas dimensiones en terrenos abundantes en arbustos que son un herbidero de culebras, las cuales constituyen el solo alimento de tales cerdos. El perfume de estos jamones es admirable, y su sabor tan sobresaliente y estimulante que sorprende, pues no cabe manjar tan exquisito.”

¿Alguien conoce algo de estos tremendos jamones alimentados a base de culebras? ¿Se siguen haciendo en algún lado? ¿Sería una broma de los nobles españoles al francés? Sé que terrenos del Pardo eran del duque del Arco, ¿eran de ahí los jamones de culebra? Buscando en la red no encuentro nada, solamente jamones de la sierra de la Culebra y jamón cortado con forma de serpiente. Me encantaría que existieran, sería un producto supergourmet, pero brutal.

Zaragoza: Smouk y El Fuelle

El finde pasado estuve por Zaragoza viendo a unos amigos y fuimos a dos sitios totalmente opuestos, gourmet y antigourmet, aunque con comida bastante buena los dos.

El viernes cenamos en Smouk, al lado del gigantesco Pilar, y uno, al entrar, ya sabía lo que iba a tomar, de qué iba la cosa: Local moderno, paredes negras, camarero rapado y con gafas y con camisa negra, platos cuadrados y servilletas negras. Teníamos reserva arriba, que abajo no quedaba sitio. Apretados y subidos en taburetes, una rubia tiabuena haciendo un show en la barra con unas amigas murciélago para que todo el mundo la viera y un disco de Norah Jones sonando durante toda la velada fueron lo peor. Lo mejor, la compañía, claro, los risottos que nos tomamos, el tiramisú de postre y los dos mojitos superdensos de fin de fiesta.

Tras pasar todo el sábado en Gallocanta viendo grullas, el domingo quedamos para comer en El Fuelle, clasiquísimo local donde los haya. Al igual que en Smouk, todo estaba claro nada más pasar la puerta. Paredes blancas repletas de adornos raros (guadañas, triciclos, cencerros, etc.), manteles de cuadros, (miles de) camareros de blanco y con faja, jotas de fondo bajísimas (gracias a Dios), platos redondos y blancos, y comidas con nombre corto. Prohibido el fua. Lo mejor volvió a ser la compañía, no podía ser de otro modo, y las risas que nos echamos con un chavalito que comía con su familia y tenía la resaca más grande de la historia. Monumentales las migas, el ternasco, la morcilla, el melocotón con vino, y todo en general.

Es curioso que uno sepa perfectamente lo que va a comer viendo la decoración de un local.

Imagen de 11870.

David Muñoz (DiverXO), empresario de la década.

David Muñoz (foto: www.horecadigital.com)

David Muñoz (foto: www.horecadigital.com)

Que la tontería se extiende y parece imparable es algo que salta a la vista de quien quiera abrir y leer el suplemento de fin de semana de cualquier periódico. Cursos de cata de aguas, tiendas especializadas en panes de colores, universidades para cocineros y otras tonterías que, como ya hemos dicho muchas veces, sirven para que inflemos nuestro ego creyendo que somos muy cultos porque vamos a comer a restaurantes en los que comerte una uva pocha te cuesta un potosí. El pasado viernes, en Metrópoli, se publicó una reseña del restaurante DiverXO y una entrevista con su fundador, el cocinero David Muñoz.

Hoy, la verdad, no me apetece seguir la línea habitual de poner a parir los platos que sirven guiándome por su nombre, por muy mala pinta que tengan; pueden ustedes leer la reseña y la entrevista anteriormente mencionadas y se les pondrán los pelos de punta. De todos modos, por si tenemos que defendernos de algo, en su día iremos a DiverXO, nos clavaremos el menú más largo que tengan y les contaremos si nos salió un tercer ojo en la teta derecha. Pero les puedo asegurar que aunque nos parezca que la “gamba frita al revés con salsa yuzu” esté riquísima, su nombre nos seguirá dando mucha risa.

David Muñoz asegura en la entrevista que en DiverXO está todo muy pensado y que tiene una respuesta para todo; sin embargo, en lo que respecta a la entrevista, este chico no le dio muchas vueltas a las respuestas. Aparte de que le saquemos punta a cosas como que lo definan como “viajero”, para a continuación presumir de no ausentarse nunca de su cocina; o la tontería de asegurar que su cocina es ”inexplicable como los dibujos animados” (cuando quieras vemos juntos un episodio de Tom y Jerry y te lo explico); o su definición de DiverXO como “informal y directo; no es estirado, ni  altivo, ni distante. Yo nunca seré así”, para cuatro párrafos más abajo confesar (o más bien llevar a gala, con mucha , ejem, altivez) que  ”[dicen que] soy cabezota, respondón y no acepto las críticas. Igual que ellos tienen derecho a decir lo que piensan, yo puedo contestarles (…) aunque es posible que no tenga razón, siempre tengo una respuesta”; aparte de estas cosas, lo que me gustaría destacar es lo loable que me parece que este chico que proclama sin reparos su condición de antisistema y que parece que está permanentemente justificándose por haber abierto un restaurante en el que sirve una cocina globalizada y cobra 100 euros por cubierto, es precisamente esto: el que un chaval de veintipocos años que ve con mucho tino que a la gente les puedes cobrar a precio de oro una ración de mejllones tigre si les añades la coletilla “estilo fusión”, abre su negocio peleándose con la Administración Municipal (que putea a todo emprendedor, y no sólo a la “restauración pública de calidad” (sic), como indican en los periodistas de Metrópoli), paga su IVA, sus retenciones y su Impuesto de Sociedades, crea puestos de trabajo directos e indirectos y demuestra que el sistema en el que vivimos, si eres joven, con ganas de trabajar e ideas, aunque sean bastante locas, funciona muy bien y te da más salidas que la de opositar a funcionario del Ministerio del Amor, o el que sea en el que diseñan cursos para enseñar a cascarse pajas.

En Antigourmet proponemos a David Muñoz como empresario de la década que está a punto de acabar. Ya nos dará las gracias cuando vayamos a cenar a su negocio.

El vino y el iPhone: Relación si la hubiere

En la carrera del esnobismo es difícil elegir si lo son más los fanáticos del vino o los maniáticos tecnológicos. Uno, que tiene un móvil sin cámara, un móvil del siglo XX, se siente despreciado por la gente que lleva esos móviles gigantes que, como los bebés, hacen mil monerías. La palma se la lleva el iPhone, obra cumbre de la cursilería tecnológica, tan bonito que dan ganas de acariciarlo, pero que en realidad es igual a un retrovisor de un 131 Supermirafiori. Al iPhone se le pueden añadir cositas para epatar a tus amigos. Y el vino no se podía escapar. Su unión sí que es un acontecimiento planetario.

En Mashable leo el post 5 Must-Have iPhone Apps for Wine Lovers, escrito por Megan Berry, en el que muestra las cinco mejores aplicaciones sobre vino para el superteléfono, tan ridículas como divertidas.

Pair It! te hace maridajes (creo que se usa ese palabro) de todos los vinos del mundo con comidas, Fromage hace lo mismo pero solamente con quesos, Hello Vino simplemente es una base de datos de vinos, Drync Wine más o menos lo mismo pero puedes ir clasificando los vinos que vas tomando, y por último DrinkFit que te dice las calorías que tiene cada chato que te tomas.

Así que, en un paso más para la eliminación de la memoria y la mementización de la raza humana, dentro de nada ya no sabremos qué vino tomar con un besugo, tendremos que buscar nuestra memoria portátil en el bolsillo de la americana para saberlo, para recordar el que nos gustaba.

Imagen de Mashable.

Manual del perfecto camarero

A nosotros nos gustan los camareros con chaquetilla y, al igual que el Diario del Gourmet de Provincias y del Perro Gastrónomo en su post La dictadura del plato cuadrado (o del camarero vestido de negro), estamos hartos del rollo zen de los camareros vestidos de negro de pies a cabeza. Hartos también de los platos cuadrados (Ver Contra los platos cuadrados).

Hablando de camareros, la semana pasada publicó el New York Times un divertido artículo titulado 100 Things Restaurant Staffers Should Never Do (Part 1) -hoy han editado la segunda parte- en el que el autor, Bruce Buschel, con bastante sentido del humor, hace cien recomendaciones sobre cómo tiene que comportarse un camarero.

Algunas son geniales y estamos totalmente de acuerdo con ellas:

- No digas tu nombre. No hagas chistes ni te hagas el simpático (7). Odio a los camareros graciosos.

- No pongas un disco entero, que a la gente le puede dar asco Michael Bublé (94). Una vez comiendo en un sitio que estaba casi vacío sonó durante toda la comida Ricardo Arjona y casi palmamos del horror.

- No recites los platos fuera de carta muy rápido o como un robot o teatralmente. No es un soliloquio. No es una audición (9). Aquí reconozco que hay veces que me encantan esos recitados, a los que nunca les hago caso.

- No llenes los vasos cada dos minutos (62). Qué incómodo me siento con un camarero que me llena todo el rato el vaso.

- No traigas la sopa sin cuchara (73). Jajaja, qué chorrada.

Imagen de fiestafácil.

Chesterton se ríe de los vegetarianos

En la estupenda novela La taberna errante Chesterton disfruta martirizando a los vegetarianos, con capítulos como Vegeterianismo de salón o Los vegetarianos del bosque. En este último incluye partes de un divertido poema en el que carga contra los vegetarianos, The Logical Vegetarian, poema que luego incluyó completo en “Wine, Water and Song”. Ya tratamos hace poco el rollo vegetariano en el post Gutiérrez Solana contra los vegetarianos. Hoy repetimos con un poco más de sentido del humor que el tan buen pintor como escritor madrileño gracias a este poema del de Kensington. Una estrofa en español de las que se incluyen en la novela:

Soy de los que beben ron,/ a la moda marinera,/ y cerveza en garrafón a la moda de Baviera./ También le tengo afición/ a la ginebra y al vino/ pues si son de vegetales/ todos los zumos combino.

Ahora, todo el poema en su lengua original, para los listos que sepan inglés. En este domingo ventoso, qué mejor que leer a Chesterton llamando borrachos a los vegetarianos, que le dan bien al oporto y al jerez porque están hechos de un vegetal:

YOU will find me drinking rum,
Like a sailor in a slum,
You will find me drinking beer like a Bavarian.
You will find me drinking gin
In the lowest kind of inn,
Because I am a rigid Vegetarian.

So I cleared the inn of wine,
And I tried to climb the sign,
And I tried to hail the constable as “Marion.”
But he said I couldn’t speak,
And he bowled me to the Beak
Because I was a Happy Vegetarian.

Oh, I knew a Doctor Gluck,
And his nose it had a hook,
And his attitudes were anything but Aryan;
So I gave him all the pork
That I had, upon a fork;
Because I am myself a Vegetarian.

I am silent in the Club,
I am silent in the pub,
I am silent on a bally peak in Darien;
For I stuff away for life
Shoving peas in with a knife,
Because I am at heart a Vegetarian.

No more the milk of cows
Shall pollute my private house
Than the milk of the wild mares of the Barbarian;
I will stick to port and sherry,
For they are so very, very
So very, very, very Vegetarian.

Imagen de solodelibros.

El día en que los políticos acabaron con la gastronomía española

Si los políticos -el gran Leguina- al meter dinero público acabaron con la Movida Madrileña, con la poca lucidez que, a ratos, tuvo; y también acabaron gracias a las subvenciones con el cine español, creando un mercado falso en el que se hacen películas pero no se estrenan -sigamos llorando por el Saura y el Erice de los setenta-; si las diputaciones provinciales editan cientos de libros absurdos que bostezan en los almacenes arruinando a pequeños editores; no podían ser menos con la cocina y ahora van a por ella.

Es cierto que a Antigourmet la nueva cocina española nos da un profundo asco, pero es imposible no reconocer que se ha abierto paso y ha triunfado ella solita, gracias a unos cuantos cocineros, emprendedores (perdón por la palabra) en su campo, que se han peleado con sus sartenes para ofrecer un producto, que no comida, que tiene fascinado a medio mundo, menos a los franceses, claro, que bien escocidos, imagino, están. ¿Entonces para qué estropearlo?

Realmente han sido los propios cocineros españoles los que se han asomado al precipicio ellos solitos, creando el grotesco Basque Culinary Center. Al olor de la carne fresca han llegado los buitres con su chequera, y sin pensárselo dos veces el Consejo de Ministros les dio el otro día nada más y nada menos que 7 millones de euros, con lo que podemos dar por finalizada la edad de oro de la cocina española. Y todavía no han puesto ni la primera piedra del edificio.

En medio de la polémica por la bajada de la inversión en I+D, regalan absurdamente cientos de millones de pesetas (de mi dinero) para mejorar y enseñar la esferificación de los lomos de sardina, algo que nuestros cocineros ya saben hacer, y, lamentablemente, mejor que nadie.

La verdad es que nos alegramos de que con nuestro dinero los políticos vayan a acabar con la iniciativa de los cocineros, con todas sus pamplinas, y volvamos así al tradicional plato de lentejas. Aunque… Si acaban con Adrià, ¿de qué vamos a escribir nosotros?

Imagen de La Aldea Irreductible.

Australiana sortea cena en elBulli

Busco a Jacques

Busco a Jacques

Hoy me tocaba escribir sobre el congreso Lo mejor de la gastronomía, pero lo dejo para otro día, que mi amigo Santi me ha enviado una gran noticia. Resulta que una bloguera gastronómica australiana tiene una mesa para dos en elBulli, y no tiene con quién ir, así que propone una cita a ciegas para ir a comer con ella croquetas de tomate hidrogenado con sabor a paella.

La pobre Jules Clancy quita las ganas de ir con ella -a pesar de esos ojos azules y ese irresistible hoyuelo en la barbilla- al presentarse:

“As a food scientist I’m really excited about the work of Ferran Adria and that someone is finally bringing some glamour to the profession. While my personal cooking style is much more conventional and minimalist, I can’t wait to experience the crazy language of el Bulli.”

¡¡Pero Julita, qué es eso de que Adrià ha traído el glamour a la cocina, pero qué dices, hija mía!! ¿Adrià elegante y sofisticado? La cocina de Adrià, más que sofisticada, es complicada; y elegante, no sé, viéndole con su bata de científico-cocinero me recuerda a mi profesor de física, el Benny, que llevaba, como un árbol serrado, en el sobaco los cercos de los sudores de todo el mes. Así que no es elegante y ni sofisticado, ergo no tiene glamour. Pero bueno, qué va a pensar alguien que se define como “food scientist” y que dice que en comida ella prefiere lo convencional y lo mínimal (todos sabemos lo que significa la cocina mínimal en una chica, que come ensaladas y yogures raros).

Bueno, para ganar la cena con esta chuqui, que puede ser una risa, solamente tienes que escribir a jules[at]thestonesoup[dot]com y convencerla con simpatía y creatividad (así que, Cobo, tú no hace falta que participes) de que eres su acompañante ideal.

Estos australianos están locos. Imagen de Stone Soup.

Terror en el Museo del Jamón

En uno de nuestros Lunes Antigourmet el otro día elegimos el Museo del Jamón de la calle Capitán Haya para cenar. Siguiendo el camino iniciado otros lunes con la pepitoria de gallina de Casa Ciriaco, la tortilla de Sylkar o los torreznos de Los Torreznos, nos encaminamos ilusionados al bar. Todo pintaba bien, una máquina tragaperras nada más entrar, millares de jamones colgando, flores de plástico, ofertas de bocatas de jamón a euro y fútbol en la supertele.

Pero solamente nos tomamos una caña dentro, que hacía tanto calor que nos sentamos en la terraza. Y allí nos apretamos un par de bandejas de  jamón, un poco de queso, unos repulsivos torreznos (al compararlos, claro, con los increíbles de Los Torreznos), una botellita de vino, un flan de postre y no recuerdo qué más entre medias. Éramos tres y la cuenta fue de 150€. Nos quedamos alucinados, pero estaba bien, que las bandejas de jamón costaban un Perú, según vimos después. Haciendo cuentas nos podíamos haber tomado 150 bocadillos de jamón, 50 cada uno. Reíamos por no ver lo pringados que éramos pagando la turistada.

Y encima dormí fatal. Que le jodan al Museo de Jamón, la próxima vez vamos al Diverxo ese, que ya que nos estafan por lo menos quedamos como unos señores. Seguirá siendo un templo del saber, pero a mí no me vuelven a pillar. Pincho de tortilla y caña y a otro bar a cenar.

Imagen del Museo del Jamón.