Tofu y Scotch Brite - Antigourmet en el Japón (y 2)

img_0150-21

No pueden estar sin él (Foto: M. Salcedo)

En el Japón se pasa hambre. No figurará en ningún informe de la FAO, tampoco es para tanto y además si pasan gusa es porque les da la imperial gana, pero después de un viaje al Japón se pierden unos cuantos kilos de lorcilla y se fomenta la inspiración sinfónica del aparato digestivo. Un vuelo transcontinental con origen en Tokio resulta ser algo así como una representación de una ópera de Stockhausen para turbina solista y coro gástrico, y la locura que se desata entre el pasaje cuando las azafatas hacen ademán de pasar con el carrito del almuerzo deja la caída de Constantinopla a la altura de un Happening. Como encontrar un japonés obeso fuera del Dohyo resulta una misión homérica, es extraño que en todas las representaciones de budas con las que nos hemos topado, éste parezca inmerso en un estado de calma casi uterina, como si fueran plenamente conscientes de que la gordura equivaliera a la felicidad. Y como además los luchadores de sumo ocupan en la escala social un lugar situado sólo un peldaño por debajo del Emperador y las flores, dudamos inmediatamente del postulado que hemos formulado al comienzo de esta entrada, ese en el que afirmábamos que la sociedad japonesa adora pasar algo de hambre, y lo cambiamos por otro que afirma que toda cultura oriental constituye un misterio insoluble.

No es extraño que la gastronomía japonesa desate la locura entre los popes de la cocina y los paladines de la comida sana. Entre los primeros pues gracias a ella pueden efectuar menús degustación a base de raciones cuánticas de pepino crudo y derivados de leche de soja, sopa de pasta de alga y arroz hervido, y cobrarlo a precio de oro, pues como bien dice pandemolde aquí nos creemos que todo lo japonés es milenario y eso tiene un precio. Si además le añaden una tajadita del buey de Kobe (gracias, eSedidió), es probable que junto a la factura les presenten al cirujano que les va a extirpar un riñón y el bazo. Y los sanotes, que son esa tribu urbana que se viste de fosforito para corretear en grupo por el Parque del Retiro, fastidiando la posibilidad de dar un paseo o sentarse a leer un libro en paz y sin tener la sensación de que a uno le está creciendo el culo por momentos, pues así tienen la posibilidad de salir a cenar a un restaurante sin necesariamente tener que ingerir alguna clase de alimento. Yo, la verdad, es que como de todo y no le hago ascos a nada, ni siquiera a una berza transconstruida (aunque el documento gráfico que cierra esta entrada pueda insinuar lo contrario), así que hablo con conocimiento de causa al exponerles mis impresiones de la gastronomía japonesa. En Japón siempre sales del restaurante con un poco de hambre, aunque hayas elegido el menú que costaba más yenes (lo normal es que no haya carta en inglés y elijas el menú cerrado que te parece que tiene más platos. Evidentemente, en ningún momento sabes qué coño te estás comiendo). Además, como la comida resulta bastante insípida y algo tienen que ofrecer a cambio de tu dinero, la presentación es impecable y casi da pena ponerse a remover el plato con los palillos. Todo lo que te comes tiene algún sentido que va más allá del puramente gustativo. Esto es bueno para la piel, te dicen, aquello para el pelo (observación que desató miradas de reojo, pues estoy bastante calvo). Comer con palillos es bueno para el cerebro (pero para las sopas se han bajado el kimono y siempre ponen cucharas). Y así todo. Sabes que una cena ha llegado a su fin cuando te traen la sopa de miso, que es un plato que eleva a la sopa de ajo a la altura de la Capilla Sixtina, y un cuenco de arroz hervido; un cierre que le da a toda la cena un carácter de convalecencia  posoperatoria bastante inquietante. Los dulces no existen (probablemente el suflé de Lhardy, el mejor postre del mundo, provoque desmayos y nirvanas entre los turistas nipones que tengan la suerte de probarlo) y la cerveza es bastante buena y se sirve en unos preciosos vasos de barro.

Los peligros que nos pueden llegar son el tofu y la manía de cubrir las sopas con estropajos (véase foto supra.). Son algas, pero parecen Scotch Brite. Para que se hagan una idea de la amenaza que supone el tofu si nuestros enemigos descubren la manera de tomarnos el pelo con él, les transcribo lo que nos cuenta la guía Lonely Planet Japón, edición en español, páginas 89 y 90:

Normalmente elaborado con habas de  soja, es una de las creaciones japonesas más sublimes (…) Tanto el momen como el kunigoshi deben su nombre a la técnica para escurrir la leche de soja caliente: si el material usado es algodón, el tofu sólido resultante es el momen; si se emplea seda (kinu) se obtiene el kinugoshi”

Resulta comprensible, y además supone toda una definición de lo que es comer en el Japón, que la autora de las fotos que acompañan esta entrada, persona totalmente ajena a la existencia de algo como Antigourmet, mientras nos atizábamos un desayuno occidental con todas las de la ley, observara sin dejar de masticar una combinación de huevos revueltos y rebanadas de pan con mantequilla:

- Probablemente en el pueblo al que vamos hoy sólo haya comida japonesa.

Y prosiguió, increíblemente seria, sin la más mínima intención de hacer un comentario ingenioso:

- Así que aprovecha ahora para comer.


Antigourmetita en apuros (Foto: M. Salcedo)

Antigourmetita en apuros (Foto: M. Salcedo)

3 Respuestas a “Tofu y Scotch Brite - Antigourmet en el Japón (y 2)”


  1. 1 pandemolde

    Veo que ahora Tony Leblanc trabaja en Lonely Planet de redactor. Así que la soja tiene habas que dan leche. Qué bien, es como si me dices que una vaca da lechugas que supuran piña. Japón es genial.

    Espero que te hayas traído unas cuantas sandías cuadradas en la maleta para hacernos una chalecito sostenible en un terreno que tengo en Torrelodones.

    La foto de abajo parece sacada del rodaje de Perdidos. Solamente falta el oso polar de fondo.

  2. 2 eSedidió

    De nuevo, atómico el post. Enhorabuena. Voy a ver que tal se me dan un par de bayetas ecológicas para la cena.

  3. 3 Alejandra

    Punctutron es como Calderón y Pandemolde como Lope.

Añade un Comentario