Si los geniales artículos de El Garrofer son mentiras que parecen verdad, los maravillosos post de Barcepundit son verdades que parecen mentira, siendo entonces el único punto al que agarrase lo que dijo Discépolo, que siempre, siempre, tiene razón: “Verás que todo el mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa… ¡Yira!… ¡Yira!… Aunque te quiebre la vida, aunque te muerda un dolor, no esperes nunca una ayuda, ni una mano, ni un favor”. Sobre todo de los políticos, cabría añadir.
Este post es un El Garrofer meets Barcepundit, donde se entrecruzan el definitivo post del primero “Se prohíbe por Real Decreto espolvorear perejil en el borde del plato” con la noticia del segundo “Calling soda the new tobacco, San Francisco Mayor Gavin Newsom will introduce legislation this fall that would charge a fee to retailers that sell sugary beverages.”
En ese punto, como casi siempre, tiene razón Barcepundit cuando retuerce la frase de Martin Niemöller que pirateó el perro de Bertolt Brecht “Primero vinieron a por el tabaco, pero yo no era fumador y no protesté. Después vinieron a por los refrescos, pero yo sólo bebo agua mineral y no protesté. Después vinieron a por las hamburguesas, pero yo soy vegetariano y no protesté. Luego vinieron a por los que emiten CO2 al conducir, pero yo no tengo coche y no protesté. Al final vinieron a por los que criticamos a los políticos, pero ya no quedaba nadie para protestar”.
Si Frisco, cénit del laissez faire estadounidense, ya va a poner impuestos por tomar una fanta, pongámonos a remojar las barbas. Ahí es donde entra El Garrofet a abrirnos los ojos: pasará, los políticos lo decidirán porque han decidido que tienen que pensar por nosotros, que somos niños pequeños que necesitamos protección y nos prohibirán lo que se les ocurra, aunque en este caso -siguiendo la costumbre de negarnos a nosotros mismos y lo que decimos en los cuarenta renglones anteriores- Antigourmet esté totalmente de acuerdo con la prohibición de decorar los platos, no faltaba más. Pero dejemos a El Garrofet que lo dice mil veces mejor que nosotros:
“A partir de ahora los restaurantes que pongan perejil a modo de adorno, o con la intención de elevar la apariencia de sus escasas raciones, serán multados con 12.000 euros.
La misma pena conllevará el poner churretones de vinagreta o salsa en plan Jackson Pollock para rellenar las amplias superficies vacías de los platos.
“A partir de ahora, mariconadas, las justas”, declaró contundentemente la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega al explicar la nueva normativa tras la reunión del Consejo.”
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