Monthly Archive for Agosto, 2009

El banquete cochino de Pynchon

Siguiendo un poco con los temas literarios, el mes pasado estuve releyendo El arco iris de gravedad, de Thomas Pynchon (Tusquets, 2002), donde hacia el final hay un banquete que revientan varios de los protagonistas gritando un menú lleno de guarradas.

Menos mal que los cocineros, aunque editen libros, como los actores, no saben leer, porque si no nos deleitarían con varias de estas cochinadas, seguro.

Ahí va un trozo:

-Pues no sé -dice Roger, premeditadamente desenfadado-, no acierto a encontrar ninguna sopa de mocarro en el menú…

-Yo tampoco, pero creo que podría arreglarme con un poco de pudín de pus -responde Bodine-. ¿Crees que lo habrá?

-¡No, pero puede que haya soufflé de lefa! -grita Roger-. ¡Acompañado de mermelada menstrual!

-Bueno, yo creo que me decido por ese estupendo estofado de esmegma -opina Bodine-. O tal vez por una cacerola de coágulos sanguíneos

-Joder… -murmura una voz, indeterminada en cuanto a sexo, debajo de la mesa.

-Yo creo que podríamos plantear una comida mejor que ésta -afirma Roger sacudiendo el menú-. Aperitivo de placenta, para empezar, y luego tal vez unos emparedados de carnecita sarnosa, con las costras previamente arrancadas, naturalmente…, ¡o bizcochos de albondiguillas nasales! Mmm, si, con mayonesa de mocos… y un poco de suculenta salsa de babas encima…

Y así siguen un par de páginas.

Gutiérrez Solana contra los vegetarianos

José Gutiérrez Solana. Autorretrato, 1943.

En este agosto infernal, mientras escucho En la cama con Anntona (“Era una gilipollas y además bastante fea, aun así le pedí el teléfono, para que veas”), qué mejor que leer un parrafito del gran José Gutiérrez Solana, de quien ya hablamos otra vez (Elogio de los pellejos de España). Esta vez nos lo encontramos vagando por París, donde entra en un bar a comer, se da cuenta de que es un restaurante vegetariano, y se marcha. Que lo diga él:

“En esta calle hay un restaurante vegetariano, “Pythagore Végétaien”, donde nos metemos a comer por ser ya la hora; se conoce que estábamos distraídos por haber entrado aquí. Cuando el camarero nos dice que aquí no se come carne sino sólo vegetales, nos marchamos al ver sentada delante de sus mesas a gente de edad y de grandes calvas relucientes que no comen más que verduras; entramos en un bistró y nos agarramos un buen plato de gigot cuya grasa mezclamos conla salsa de la escarola y la rociamos con buenos tragos de vino. Después de tomar café y una copa de armañac, volvemos a desandar el camino saliendo a la calle de san Julián el Pobre, enfrente de Notre Dame; volvemos a pasar frente a los libreros del Sena; aquí, enfrente de ellos, están las tiendas de antigüedades y buenas librerías de piso y tienda.”

Texto de París (La Veleta, 2009) e imagen de littera.

Teorema del Fua

El insigne matemático Punctutron, posando para una moneda con su efigie.

El insigne matemático Punctutrón, posando para una moneda con su efigie.

Antigourmet continúa su encomiable labor social -aunque el Ayuntamiento de Gandía no nos dé 100.000€ al año- y, tras largas horas de estudio y análisis, está en disposición de transmitir al mundo el Teorema del Fua, también llamado Primer Teorema de Antigourmet o Ecuación de Punctutrón, ya que ha sido nuestro compañero Punctutrón el postulante de esta ecuación, por la que será reconocido y recordado por las generaciones venideras.

Aquí está, con letras de molde, para la Historia:

“El número de platos con fua o sus derivados en la carta de un restaurante es directamente proporcional al número de estrellas Michelin que posea dicho restaurante.”

También existe una versión de andar por casa en zapatillas de cuadros en la que se sustituyen las estrellas Michelin por cucharas de Cucharete, pero dado el alcance planetario de nuestra escuela de pensamiento hemos optado por que el enunciado de nuestra primera ecuación gastronómica se refiera al gordo de los flotadores.

Imagen de Que hago yo aqui.

La fideuà de los 100.000 euros

Lo dicen en lasprovincias.es hoy: “El gobierno de Gandia dará 100.000 euros al año para ayudar a la Asociación Gastronómica Fideuà de Gandia en la organización del Concurso que se celebra cada año en el playa de Gandia”. Una subvención anual de más de 16 millones de pesetas para organizar la playa del pueblo una comida a base de macarroncillos curvados. ¡¡Toma ya!! Mi enhorabuena a la Asociación Gastronómica Fideuà de Gandia, que han dado el pelotazo más grande que recuerdo y mi más sentido pésame a los habitantes de Gandía (de paso me entero que Gandía se escribe sin tilde en valenciano, todo sea por cambiar las cosas, a Valencia que no lleva le ponemos una tilde en la e, y Gandía que lleva tilde se la quitamos).

¿Qué va a hacer la asociación con tamaño dineral anual? ¿Harán una web que no encuentro y que por 500€ se la haría cualquier granudo de 14 años? ¿Una página doble de publicidad en el New York Times? ¿Pagar el caché de Beyoncé para que vaya a la fiesta a ponerse tibia de fideos?

La verdad es que no sé cuánto se gasta uno en organizar la fiesta del pimiento o de lo que sea, ni sé cuánto serán 100.000 en las arcas de un ayuntamiento, solamente sé que va a correr el vino en todas las casas de los miembros de la asociación durante meses o años celebrando el gol que le han metido al ayuntamiento, a sus vecinos y a ellos mismos. ¡Viva España!

Noticia de lasprovincias.es e imagen de Cocina para ti.

Adrià: “Cada plato es una novela, y cada menú es una ópera”

Hoy viene en El Mundo un desmesurado panegírico rebosante de baba a cargo de Daniel Vázquez Sallés titulado “La cocina estratosférica de Adrià. Un día en la mejor cocina del mundo”, tan largo que resulta difícil de leer y más en este mes en el que los periódicos se reducen -y es de agradecer- a veinte páginas. Pero bueno, veamos el lado bueno, lo han editado en agosto, cuando nadie lee el periódico.

Adriá, durante su cursillo de árbitro de baloncesto.

Adriá, durante un cursillo de árbitro de baloncesto.

En el reportaje el magnífico publicista metido a repelente cocinero nos regala alguno de sus famosos titulares, “Cada plato es una novela, y cada menú es una ópera”, que me recuerda a otro ególatra como él, el muy reputado en su casa productor musical Kike Santander, cuando en una Operación Triunfo criticaba a las gallináceas que cantaban en el programa les decía que su canción necesitaba granate cuando ellas habían cantando en amarillo pollo. Vamos, que decía exactamente las mismas bobadas que Adriá.

Decir que un plato es una novela es darse cuenta de que Adrià no ha leído una novela en su vida. Y decir que un menú es un ópera nos hace ver que, como casi todos, nunca ha ido a la ópera (a lo mejor ahora que es famoso dice que le gusta la ópera, como seguro que dice Mariah Carey). Es difícil analizar una frase cuando es tan estúpida, pero como la dice un mago, hay que reírle la gracia y en unos días poner tamaña estupidez en una web de citas de famosos.

¿Qué dirá mañana el bueno de Ferran? ¿Cómo prepara sus titulares? Mañana, u hoy mismo, lo sabremos, porque es el rayo que no cesa de lo inquieto y pesado que es.

Noticia de El Mundo e imagen de Ciudadanoenelmundo’s Blog.