Ese engendro llamado Basque Culinary Center va rápido, en marzo ya hablamos de su creación en el post El epicentro del Horror, y estos días han presentado el edificio que lo albergará (ya se sabe que ahora en España para cualquier cosa hay que tener primero un edificio pretendidamente vanguardista y luego ya se verá con qué se llena. El órgano crea la función. El mundo al revés).
Ha ganado el concurso el estudio Vaumm por un edificio que recuerda a los platos apilados en el fregadero esperando ser lavados. Por la imagen infográfica vemos que son platos cuadrados (platos que odiamos), como no podía ser de otra forma, ya que los platos redondos han desaparecido en el siglo XXI. Si hubieran sido redondos podría haber ganado algún edificio de la plantación de construcciones redondas del Campus de la Justicia de Madrid. Total, da igual para lo que sea el edificio.

Otra crítica teórica al edificio podría ser lo anticuado de su diseño. ¿Por qué platos apilados? ¿No sería mejor, ya puestos, un edificio con forma de lavavajillas? Tíos, que estamos en el siglo XXI, ni el erasmus más cutre lava los platos a mano, que además es antiecológico. Si era importante que la forma del edificio estuviera conectada con la gastronomía y no se le ocurrió a nadie lo del lavavajillas, mucho mejor que los platos apilados hubiera sido el impagable proyecto de Taco de bonito, con forma de banderilla, con su pimiento, su aceituna y su palillo. Antológico este proyecto (gracias a edgargonzalez.com por descubrírmelo).
Justo esos mismos días se presentaba otro proyecto clónico, esta vez en Barcelona, de nuevo edificando una idea (esta vez un “campus interuniversitario”, o sea, nada), en el que Zaha Hadid gira un poco más los platos de Vaumm, hasta casi recordar a los llorados Laboratorios Jorba. Aunque en el fondo ambos proyectos, el BCC y el de Barcelona, no son más que una vulgarización del bellísimo edificio de Chipperfield para la Copa América en Valencia (edificio también sin uso actualmente, solamente un montón de bares en verano), a medio camino entre la parte superior de un transatlántico y un apetitoso milhojas.
Lo único bueno del BCC es que todavía quedan años antes de que inauguren el edificio y que con cada noticia nos darán pie a un nuevo post sobre tan delirante proyecto. ¡Un edificio para una facultad de ciencias de la gastronomía! ¡A dónde vamos a llegar!
Imagen de edgargonzalez.com.
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