
Quique Dacosta
Con un par. No ha sido fácil, pero Antigourmet ha logrado cenar de gorra en El Poblet (Denia, Alicante), feudo de Quique Dacosta. Aunque realmente nunca nos ha importado poner a caldo tanto a restaurantes en los que no hemos estado como platos que no hemos probado, y de hecho algún día publicaremos una crítica del Sergi Arola Gastro sin ni siquiera pisarlo, básicamente porque nos da miedo lo que podríamos hacer si nos viéramos cara a cara con Arola, por ejemplo besarle a tornillo, estamos tan bien entreverados en la sociedad, tan bien mimetizados con todos ustedes, vulgo, plebe, sal de la tierra y todo eso, que hemos logrado que uno de nuestros simpatizantes recibiera como regalo de boda una cena en El Poblet. El sacrificio ha sido altísimo, quizás no debería ser necesario decirlo, pero sobrellevará los años de gulag conyugal con la cabeza bien alta. ¡Héroe de Antigourmet! ¡Mártir de la Gran Guerra Gastronómica! Qué más quiere.
Así que, basado en las notas y fotos que pudo tomar haciendo gala de unos nervios de acero soviético, con los que hizo frente al riesgo inherente de que alguien le confundiera con Cucharete, les paso a contar lo que nuestro továrich vio, comió y vomitó (en secreto) durante su misión, que deja en bragas la incursión de Scapa Flow y aquella vez que nos colamos en el museo del Nou Camp cantando en perfecto bable el “olelé olalá ser del Barça es…”.
Lo bueno de tratar con sitios con estrellas Michelín (El Poblet tiene dos) es que uno se divierte mucho dando la tabarra con los preparativos. Les escribes para reservar mesa para seis, les pides un menú especial, te mandan una propuesta, les contestas que por favor te expliquen qué es la Bruma y el Bosque Animado (resultaron ser dos platos distintos), te lo explican pero insistes en que te aclaren, si pueden, lo de “las frías mañanas de bruma nos traen aromas de tierra húmeda, hierbas ercarchadas, que se reencuentran en nuestra cocina” (literal). Obviamente, no pueden. Pides las referencias del Sumiller, haces gala de los cursos de cata en Vinarium, por fardar y por ver si son seguidores de @luigivolatile en Twitter, y finalmente consultas si exigen alguna etiqueta, sin resistirte a escribir “dress code”, por ponerles a prueba y tocar narices. “Cualquier indumentaria es correcta, salvo chándal y chanclas“. Golazo por la escuadra de Quique Dacosta.
Transcribo una vez más del menú que nos encontramos al llegar a la mesa después de ser agasajados por diecisiete maitres bajitos y con perilla, todos muy insistentes en que leyéramos lo que nos habían preparado para comprobar que no teníamos ningún problema con los ingredientes, dejando claro que todos los correos electrónicos previos, cuyo propósito era precisamente ese, habían sido atendidos por el aparcacoches. Otro gol y 2-0 para Quique.
“NUEVaS TRaDICIONES - En nuestro desafío por conseguir cosas que nos hagan vibrar, hemos llegado en el paso inevitable del tiempo, a lo que para nosotros se han denominado Nuevas Tradiciones. Platos que se han consolidado en el tiempo y han sabido enevejecer como lo que fueron en su día, Vanguardia. A partir de esta idea hemos creído necesario recoger en un menú, nuestros platos tradiciones. Bautizando el menú, como “Nuevas tradiciones”
Tras esta introducción, cuya tipografía y puntuación nos hacen suponer que o bien estamos ante otro ejemplo de Vanguardia (¿por qué no Banguardia, ya puestos?), o bien contemplamos de nuevo una obra salida de la mano del aparcacoches, el menú viene dividido en dos capítulos: “La Sal y el SuCRe”
La Sal consta de: Trufa Blanca, Bruma, Cubalibre de Foie gras, Sopa Fría, Ostra Ibérica, Gamba, Cigala, Lubina asada en su piel y Tallos, la Gallina de los Huevos de Oro y para terminar esta parte “Maderas. Pedazo de Foie Gras, asado y reposado a la madera. ¿Dónde y cuándo acaba la vida de un árbol?
¡Dos fuás!. En Antigourmet postulamos que si añadiera un tercero lograría la tercera estrella Michelín; una vez más este ejercicio de consultoría 4.0 les sale gratis, pero que sea la última vez.
La ostra y la trufa fueron respectivamente rechazadas por un alérgico y una persona con sentido común, pero aquí fue donde recibimos el primer rejonazo. “No te preocupes. La trufa no es trufa”. Por su parte, el Bosque Animado sustituyó a la ostra en una maniobra que dejaba claro que todo interés que pudieran tener en nuestra salud es fingido, pues una vez más nadie quiso aclararnos quiénes eran los habitantes del puto bosque.
Si ustedes tienen interés en saber precisamente eso, o en qué consisten la parte SuCRe del menú y una trufa que no es trufa, o cuándo acaba la vida de un árbol, o si la Sopa Fría es un homenaje a M-Klan, o si realmente es humano y suda como todos nosotros un sumiller que sabe que la pendiente de la ladera donde crecen las uvas con las que se hace el vino que vas a beber es del 8%; si quieren saber todo eso y qué dio pie a comentarios como “sí, sí, pero aquí realmente sólo estamos comiendo pan”, “seré feliz de nuevo cuando desaparezca el puto boletus de la faz de la Tierra” o “apartaos, que me acabo de pegar otro Dacosta”, esperen a las siguientes entregas de esta crónica. Cuando vean la foto de la Ostra Ibérica no podrán dormir nunca más.
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