Lo leí ayer mientras veía un rato el Tour y no entendí nada. Ayer en El País Semanal venía un articulo reportaje cantando las glorias de un tal René Redzepi, cocinero de Noma, un restorán de Copenhague, que resulta que es un radical de la cocina ecológica y, por ejemplo, no usa el chocolate al no ser originario de Europa, Escandinavia, Dinamarca, Copenhague, su barrio, su casa, su nevera, que la verdad es que no sé dónde pone la frontera para que un producto llegue a sus platos.
Todas las bobadas que hace Redzepi, bueno, tienen su gracia, como ir a buscar hierbas por el monte para cocinar luego con ellas, aunque lo que más mola son las patochadas que dice, como que “en breve, la figura del cocinero recolector tenderá a consolidarse” y, sobre todo esto de que, “cuando llegué a El Bulli aprendí a sentirme yo mismo, a comportarme con libertad y a saltarme la rigidez de las viejas normas”. ¿Pero qué es El Bulli, un monasterio, un balneario, un campo de fútbol? ¿Qué vieja norma se saltó, hizo caca en la mesa?
A destacar los comentarios de nuestro amigo Aduriz, primero tan condescendiente con el cocinero danés que casi parece una frase de José Luis Moreno “Redzepi posee todos los atributos para convertirse en un profesional de referencia. Tiene talento, es inteligente, y una ambición legítima. Intuye las oportunidades y sabe sacarles el máximo partido”, y luego con este disparate al acusar a Redzepi de insolidario porque no echa al bacalao tomillo de Gabón si no de Dinamarca: “No comparto su radicalismo culinario. En un mundo global, su actitud es reduccionista. No me convencen los ultranacionalismos. La sostenibilidad del planeta ha de ser global. Debemos ser responsables con nuestro entorno, pero también solidarios con los países más pobres”.
Noticia de El País. Imagen de 7 Caníbales.
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