En mis últimos paseos por la calle Fuencarral de Madrid no lo había visto, y la última vez ya fui viendo local por local a ver qué había pasado con el mítico Corripio, y vi que ahora era un bar modernillo, que no recuerdo pero seguro que ponía lounge por algún lado del cartel. El Corripio ha desaparecido, en realidad desapareció, leo en El Ángel de Olavide, ya hace más de dos años. ¿Cómo era Corripio? Que lo diga El Ángel de Olavide:

“Corripio servía sidra de grifo acompañada de unas riquísimas empanadas muy exclusivas. Tengo que decir que conservo el teléfono de la casa donde se encargaban las riquísimas empanadas. Era un sitio muy curioso. Para pasar a los servicios había que cruzar por debajo del mostrador. Una de las cosas características del local era la existencia de cuatro cubas de color rojo que contenían vino a granel muy solicitado por los clientes para llevar a casa. Algún día veo pasar por mi barrio a uno de los antiguos dueños. Está más gordo y lustroso que entonces y pasea acompañado por un perro de caza precioso. Se le ve moreno. Se ve que da mas dinero cerrar estos templos de la vida madrileña de antaño que mantenerlos. Actualmente en el local que ocupaba Corripio se ha establecido un insulso bar moderno de diseño.”
Tambíen tenían unos fabulosos bocadillos de calamares y unos terroríficos minis de champán, algunos de los cuales mi amigo Santi y yo nos tomamos alguna Navidad.
Otro post habla del cierre de Corripio, Rebeldes en la Estrella de la Muerte, de donde saco la imagen de la fachada del local, texto que me llena de emoción al leerlo, y de quien usamos la misma frase con la que cierra su elegía a Corripio:
“Cada vez que un Corripio cierra sus puertas, Madrid pierde personalidad. Y cuando abre sus puertas un localito de estos de moda, a mi me escuece la sangre.”
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