Nuestros lectores ya saben que el restaurante inglés “The Fat Duck“, dirigido por Heston Blumenthal y galardonado con tres estrellas Michelín y un montón de premios más que no valen para nada salvo para que los miembros del jurado y los premiados vivan del cuento (como los Goya, vamos) envenenó a unas cuantas decenas de incautos que, la verdad sea dicha, se lo merecían y que se jodan. Dicen las malas lenguas que son ya más de 400 personas las afectadas (y aquí, con mucha mala baba, lo destacamos en negrita), pero francamente todos conocemos el grado de idiocia suprema que abunda entre nuestros antaño semejantes, y aquí le damos al Pato Gordo el beneficio de la duda y estamos seguros de que más de un memo se ha declarado afectado sólo para hacer creer que se ha gastado 400 libras en comerse una mousse de caracoles ionizados mientras escuchaba en un iPod fucsia ruidos de museo. La consecuencia de intoxicar a unos cuantos pringadillos ha sido que a iniciativa propia el restaurante ha estado cerrado veinte días. No se ha hecho público si se ha devuelto a los intoxicados el importe de su cena o almuerzo, aunque lo dudamos mucho: los timos no tienen marcha atrás, si picaste, picaste. Durante esos veinte días se ha removido Roma con Santiago para dar con el bichito chiquitito (¡gloria a Sancho Rof!) que de existir será nombrado Héroe de Antigourmet (V), pero nanai, no dan con la causa de la intoxicación. Ojo pues, que si te he visto no me acuerdo y ya han abierto de nuevo.
Si usted tiene la suerte de ir paseando por el Berkshire y ay qué hambre le entra a uno cuando pasea por la campiña con ropa interior de lana y con qué gusto nos tomaríamos yo y mi fox terrier un buen pudding del pastor bien relleno de carne de cordero de quinta categoría y una pinta de cerveza templadita y sin espuma. ¡Y una chuleta de carnero bañada en salsa de menta!. ¡Mmmmh!. ¡Anda, mira! ¡Una taberna isabelina!. ¿Será el Alegre Minero?. No, ¡es el Pato Gordo!.
Cuidado que te pillan.
Hay veces en que a uno le entran remordimientos y piensa que desear el mal ajeno traerá consecuencias y que al final, por desear la ruina de The Fat Duck, seguro que como castigo Al Gore termina siendo sultán de Brunei, pero ¡qué coño!. ¿No se manifiesta la gente pidiendo el cierre de las centrales nucleares, al menos hasta que los cocineros pongan de moda la tortilla desmigada y confitada en reactor nuclear con su toque de uranio enriquecido?. Pues esto es lo mismo. ¿Cómo que no?. ¿Por qué creen que no han han hecho pública la causa de la intoxicación, aunque sepan perfectamente de qué va el rollo?. La causa es la siguiente (cortesía de Estudios Antigourmet, pero no es gratis):
Pudding de caracol
Helado de huevos al nitrógeno
En ciertos sitios, alcanzando unas cotas de horror inenarrable, llaman a los platos anteriores gachas de caracol y helado de tocineta ahumada y huevo, respectivamente.
Salmón escalfado con regaliz (no se dice si rojo o negro).
Foie gras con algas cristalizadas.
Sonidos del mar (la paparrucha esa del iPod, sólo que con una marejada-fuerte marejada de sonido de fondo; lo que te comes no lo dicen, pero nos tememos lo peor).
No busquen más. Heston vete, que hueles a filete.
Vaya pintaza que tiene Heston, no le había visto nunca. Es como una mezcla entre el alfeñique aquel que cantaba en Erasure y el gran Sidney Greenstreet.
“Helado de huevos al nitrógeno”, qué ascazo. A este lo pilla V, le hace sus eggs in the basket, y luego lo liquida.
Lo que os pasa a vosotros es que teneis envidia porque no teneis ni idea de lo que es la cocina, la gastronomia o la gastronomia molecular. lo del pato gordo no me he enterado ni interssa. pero antes de meterte en polemicas como estas ponte a leer las opiniones de cada bando y aprende que tu eres un cerrao y mas antigourmet tu seguro que eres uno de esos que no sabe ni freirse un huevo y que o le pide a su mama de hacerle la cenita o se la pide al macdonalds.
Pandemolde… ¿tú sólo contestas a lo que escribe Punctutrón?