Mi madre sigue comiendo con un vasito de vino, algo que me sigue pareciendo tan legítimo como tomarlo en copa, aunque actualmente no quede ya casi ningún sitio donde pase. Uno descubrí el otro día, el clasiquísimo Casa Paco.
Lo que está claro como el agua es que el vino en vaso sabe exactamente igual que el vino en copa, igual que el zumo de naranja o la bebida que sea, e igual que la cocacola en copa. Además los vasos tienen la ventaja de que son apilables. No sé los demás, pero mi casa es enana y no puedo perder un metro cuadrado de estantería para poner unas copas preciosas y fragilísimas para que mis visitas se sientan en su terreno al ver que yo también tengo las copas más grandes del mercado, las de última moda y en las que cabe casi un litro de vino.
Me gusta más el vino en un vaso, menos el champán, claro, porque el champán es solamente para las celebraciones, y las celebraciones son con copa. El vino en vaso es mucho más humano, más real, menos cursi, y es como lo toma mi madre, que siempre tiene razón. Volvamos a tomar vino en un vaso.
Imagen de Foto fallo x1.6.
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