Es inevitable hablar sobre el “debate” sobre cocina molecular que ha tenido lugar el segundo día de Madrid Fusión. Pongo entre comillas debate porque realmente llamar debate a una charla de unos cuantos señores que están totalmente de acuerdo en todo y donde nadie se atreve a disentir es una exageración. Más bien sería una charla a la búlgara.
La fuente de este post es la crónica de hoy del ABC a cargo de Emma Sueiro y algunos blogs que he leído por encima. Como primer punto, y para que se joda Adriá, las dos páginas que le dedican en ABC están en la sección de Gente, y no en Cultura ni en Ciencia (en El Mundo está en Cultura y en El País en Tecnología).
Parece que a Adriá no le gusta lo de cocina molecular, imagino que, dado lo sumamente soberbio que es, porque no acuñó él el término, si no el cocinero italiano Davide Cassi, también presente ayer en la marturbación molecular colectiva. Y Adriá se excusa diciendo que “Hay que analizar el nombre de cocina molecular. Si uno entra en Google, se sabe desde cuándo existe esta definición. Yo, en teoría, soy uno de los creadores de la cocina molecular y, sin embargo, si nos remontamos a entrevistas de 2003 en New York Times o en Le Monde en 2004, jamás aparece ese concepto en mi cocina.”
¡Qué grande eres, Ferrán! ¿Lo que dice Google es verdad? ¡¡Si buscas, por ejemplo, Adriá cocina teatral, sale una entrada de Antigourmet la primera!! Según tu razonamiento, es verdad, lo dice Google. Jajaja. ¡Adriá, teatrero!
Todos conocemos la fábula de la zorra y las uvas, ¿no suena eso de que “lo de cocina molecular es una chorrada, a mí me entrevistan en el NYT y en Le Monde” a la fábula? Ay, ay, Ferrán, no te piques con el pobre cocinero italiano, que seguro que cuando se le ocurrió lo de cocina molecular estaba con una foto tuya delante.
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