Desfachatez. Esa es la palabra para designar a los cocineros actuales, pobres hombres que, aupados por la prensa y un público ávido de contar a sus amistades lo que ha gastado por dejarse servir por uno de ellos, definitivamente han perdido el norte. Leamos su última aportación:
“Destilar tierra para captar los aromas del bosque y luego incorporarlo a una ostra para crear un sabor mar y montaña en un plato es algo que sólo se puede hacer gracias a la ciencia”.
Esta es la manera que tuvo el cocinero Joan Roca, cocinero del Celler de Can Roca, dentro de las II Jornadas de Ciencia y Cocina organizadas por la Universidad Politécnica de Valencia, de convencernos de que el rey estaba vestido. Todo para ocultarnos que las ostras tenían tierra -la verdad es que no sé si las ostras tienen tierra o es algo exclusivo de los berberechos-. Bueno, así es como actúan los cocineros. Un sabor mar-montaña.
Como cuando se juntan dos cocineros modernos es como cuando dos niños discuten sobre cuál de sus respectivos padres tiene el coche más grande, un tal Quique Dacosta, del restaurante El Poblet -para otro día, un post sobre los nombres de los restaurantes-, nos dejó una perla de esas para la historia, y que seguramente le valdrá un Príncipe de Asturias. Atentos:
“Enseñar a comer a un niño es tan importante como enseñarle historia, así que que la cocina esté presente en la universidad es un hito”.
Estamos de acuerdo con que la gente que va a la universidad son todavía niños, y creo que ya es mucho decir esto, pero eso de comparar a Napoleón con aprender a pelar una pera es un hallazgo. Además, ¿desde cuándo se enseña la historia en la universidad o en cualquier otro lado?
Noticia de ADN.
Yo, al leer lo de “destilar tierra para captar los aromas del bosque y luego incorporarlo a una ostra para crear un sabor mar y montaña en un plato es algo que sólo se puede hacer gracias a la ciencia”, entiendo que lo que te comes es el plato, es decir la pieza de vajilla. No me extrañaría.
Destilar tierra, asar la manteca…
Hoy he leído por ahí que la única combinación mar-montaña son las aceitunas con anchoas. Y para lograr el sabor no hace falta destilar tierra.