Monthly Archive for Septiembre, 2008

Censura intolerable a las croquetas

Realmente lo único que ha molestado a la modernidad del anuncio que han conseguido retirar a pachas la señora esa que tiene una tarjeta en la que pone que es Ministro y el partido político que usa a un ex-ciclista con barba para salir en las fotos es que trataba de las croquetas, uno de los tótem de Antigourmet. Seguro que si la Puri esa del anuncio hubiera hecho quiche de ruibarbo al curry no hubieran dicho nada. Pero, claro, tienen que hacerse los modernos, y lo rancio no es que el señor espere mientras lee el Marca la comida de su santa, lo rancio es que le haga croquetas, ¿no?

Pues no, las croquetas son un arte culinario de primera categoría, despreciado, y por despreciado todavía a salvo del I+D culinario. Plato que podemos degustar todavía en los pocos bares que ya van quedando con un churro dibujado en el cristal. ¡¡¡Viva la Puri!!!

Noticia de Soitu vía Chico con tijeras.

Kopi luwak: Cagando café

En Indonesia producen un café cagado. Resulta que las civetas comen los mejores granos de café, luego no lo digieren y lo cagan, y de la mierda de civeta unos simpáticos trabajadores recogen los granos que luego tuestan y venden a 70€ el café en los bares más trendies de Nueva York, Londres y Tokio. Kopi luwak se llama la gracia.

Los seguidores de este café -zoocoprófagos, se llamarán- dicen que tiene un sabor a “caramelo natural irrepetible y un ligero toque a chocolate, además de un aroma muy especial y una acidez muy baja”. ¡Toma, Moreno!

Uno ya no sabe qué adjetivos adjudicar a cada noticia sobre gastronomía, cada semana salen en la prensa cosas más raras y asquerosas, cosas que hace diez años tomarías a broma, pero que hoy día solamente pueden ser reales, lamentablemente reales.

La imagen ideal para este post no puede ser otra que la gran Divine en Pink Flamingos comiendo caca de perro, adjetivo perfecto para ilustrar a los exquisitos degustadores del café Kopi lupak.

Noticia de La Voz de Galicia.

El último reducto: Los concursos de zampabollos

Es algo que nunca llegará. Nunca habrá un “Campeonato español de comedores de nudos esferificados de yogur con ficoide glaciale”, es imposible. Será nuestro último reducto, el único sitio donde veremos un perrito caliente o una magdalena. Allí acudiremos en procesión para poder respirar algo de olor a fritanga, allí y a los cocidos, paellas o roscones de Reyes gigantes que hacen las beatas en las fiestas de los pueblos, donde lloraremos al enseñar a nuestros nietos un langostino de la paella.

En uno de estos pueblos -reductos del saber eterno-, Saceruela, durante las fiestas del Cristo del Consuelo, se ha celebrado el “Concurso Nacional de Comedores de Magdalenas”, que ha ganado el guitarra de la orquesta Fama Acapulco, Esteban Garrido, al ingerir 36 magdalenas sin despeinarse, como Paul Newman huevos duros en “La leyenda del indomable”.

Ya fuera de la gastronomía, en las fiestas de Saceruela también se han celebrado los alucinantes “IV Concurso Internacional de Espantapájaros”, “Lanzamiento Olímpico de Aperos de Labranza”, “Concurso Provincial de Toques de Balón” y el “Concurso de Lanzamiento de Aviones de Papel”. ¡Gloria a Saceruela!

Noticia de La Voz de Galicia.

Carnes exóticas

Carnes exóticas en Madrid, sí señores. Y no nos referimos a lo que andan buscando un 99% de los lectores de este post, llegados a través de los misteriosos algoritmos del Google, aunque ya que están aquí no les vendría mal informarse un poco y de paso ayudar a mantener al mundo en sus cabales.

En el telediario de hoy, entre cosas tan esperpénticas como la sesión de control al Gobierno y la victoria del Atlético de Madrid, se ha colado casi a ritmo de fanfarria la noticia de que en Madrid ya se puede uno zampar unas chuletitas de macaco, unos filetes de cocodrilo o unos lomos de ñú. ¿No se lo creen?. Pues es cierto.

Esta noticia me ha generado tal grado de desazón que ha puesto fin a mi deliciosa cena; una maravillosa sopa de pescado que se queda sin estómago donde reposar (un rato). Aquí no somos integristas, pero a veces dan ganas de descolgar la cimitarra y empezar a decapitar sibaritas de mierda. Un servidor, por poner un ejemplo de amplitud de miras y de paso presumir de buenrollismo, es un gran aficionado a las comidas exóticas de verdad, es decir a aquellas que de tanto picante que llevan no saben a nada, y menos mal. Pero soy adicto y gran admirador de esas especias, y algún día les narraré las aventuras que he pasado degustando los distintos menús de curry del fantástico Oam Thong, mientras su dueño se parte de risa contemplando las diversas tonalidades, algunas de ellas mucho más allá del espectro visible por el ojo humano, que soy capaz de alcanzar en la cara y especialmente en el cogote.

Pero no todo vale. Vamos a ver, el hombre ha evolucionado desde la era de las cavernas. Al menos ese es mi punto de vista; ya sabemos que hay quien piensa que se vivía mejor recolectando bayas y con una esperanza de vida de quince años, pero de momento, y hasta que personas como Al Gore nos convenzan a todos, son minoría. Teniendo en cuenta que sin duda alguna el hombre del Valle del Rift, antes de decidirse por domesticar unas determinadas especies, ejerció con cierto grado de competencia un sistema de selección basado en la prueba y el error, podemos estar seguros de que los alimentos más sabrosos (y perdón por la palabra, que la odio) se encuentran en estos momentos encerrados en nuestros corrales o vagando por nuestros pastos y dehesas. Si el ñú fuera un manjar delicioso, en las cajas de quesitos en porciones tendríamos la jeta de este horrible animal, y la sabana africana estaría superpoblada de vacas retintas.

Esta es otra clase de gourmets que merecen nuestra atención y nuestro rechazo: aquellos que se van a buscar un filete de cebra al culo del mundo y encima pagan un congo por él. Un chorizo de cerdo ibérico siempre estará más rico que uno de jabalí. Un chuletón de buey que uno de bisonte. Un estofado de ternera que uno de canguro. El hombre de cromañón lo sabía y nosotros le estamos ofendiendo con bobadas de este calibre.

Y les propongo un reto. El sabor del cocodrilo, que es una cosa más que me moriré sin probar (otra es el Chianti), lo describen como una mezcla de pollo y pescado. ¿A ustedes no se les repliega la mente con sólo intentar imaginarse eso?. Pues sin duda eso es lo que les ocurre a estos gourmets Coronel Tapioca.

Lobotomía, lobotomía…

Bow Wow Deli: El perro gourmet

Un amigo me pasa la noticia del éxito que está teniendo en Ciudad de México un restaurante para perros, en el que los perros-gourmet devoran sushi hasta hartarse. Aunque imagino que el pescado crudo debiera gustarle más a un perro que una lubina a la sal, ya que puede que como osos pardos hayan cazado un salmón de un manotazo alguna vez, no deja de ser sorprendente que en Occidente hagamos tanta bobada. ¿Qué nos pasa a los pueblos romanizados?

Bow Wow Deli es el nombre del local, y según el relaciones públicas, un tal Morales, no es ni frívolo ni ha tenido ninguna mala crítica. Bueno, pues ya tienen una, la nuestra, la de Antigourmet, y no por motivos sociales de comparación de los perros que comen sushi con los pobres de Ciudad de México que no comen, que también, si no por la tontada del enfoque del negocio, por ser frívolo y por el menú de los perros, elaborado a partir de carne de avestruz, cordero y pollo, que según la veterinaria dietista, tienen los elementos nutricionales que requiere el organismo los chuchos. ¡¡Avestruz!!

Este tipo de lamentables noticias, en las que un perro toma risotto de res y pollo y molleja de avestruz, según leemos en Cosas nimias, es lo que nos hace seguir adelante.

Noticia de La Vanguardia.

SuperGourmet, el robot que cocina para ti

La red que Antigourmet ha extendido por el mundo es extensa y cubre todos los campos; nuestros agentes han sido entrenados de un modo despiadado para soportar las situaciones más extremas, y si Rambo era capaz de comer cosas “que harían vomitar a una cabra” (Col. Truman pixit), un antigourmetita titulado puede zamparse una ración de pestañas de buey de kobe sobre lecho de peta-zetas macerados en esencia de rúcola sin levantar una ceja. También vigilan las teletiendas a altas horas de la noche (pues la dura vida del antigourmetita provoca pesadillas horribles en forma de banquetes pantagruélicos dirigidos por la némesis de Antigourmet), y nos informan de lo que allí ven.

Es así como hemos tenido conocimiento de la existencia del SuperGourmet. Un nombre así, como es natural, ha hecho saltar todas las alarmas y ha provocado escenas de pánico propias del anuncio de la próxima llegada del Armagedón. Se contempló la vegania como una opción razonable para alimentarse. Un Comité de Urgencia consideró seriamente cambiar el nombre de este blog por el de Superantigourmet. Los más avispados aprovecharon la ocasión para tener encuentros sexuales sólo posibles en casos de deseperación absoluta. Pero finalmente analizamos la situación y ahora podemos anunciar que el Supergourmet, como la energía nuclear, puede ser beneficioso o provocar el más pavoroso de los finales a la Humanidad.

Supergourmet es un aparato de aspecto adorable, algo así como un Tamagotchi crecidito. Según lo definen sus representantes,”es un Robot que cocina cualquier receta de la forma más rápida, sencilla y segura sin necesidad de su presencia”, sin aclarar si se refieren al potencial comprador o al mismo Supergourmet, que suponemos que todo lo puede. Postulamos que va dirigido a un público joven al que pueden tutear sin reparos, y además la promoción de Supergourmet insiste varias veces en que cocina “al estilo de nuestros abuelos” y prepara recetas “como lo haría nuestra abuela”. Eso habría que verlo. Pero la prueba de fuego llega con el recetario que propone Supergourmet. ¿Qué encontramos?. ¿Cochinillo frito, o rayón de la dehesa confitado en jugo natural de aceituna silvestre?. Esto es lo que nos ofrece el robot: tortilla de patata y cebolla, lubina a la sal, conejo al ajillo… pero también cosas como el arroz al cava y el omnipresente fuá, que me hacen pensar que en manos de un gourmet de intenciones aviesas, el Supergourmet puede poner al alcance de cualquiera la sandía esferificada y el aire de melón. Ustedes tendrán su opinión y harán bien en darla y en contarnos sus experiencias con SuperGourmet; yo por mi parte anuncio que será nuestro Chernobil. No tardarán en publicarse libros enteros dedicados a la perversión de la cocina utilizando Supergourmet, y creo que no es necesario decir quién será el primero en sacar tajada de la situación. Mientras llega ese día, nosotros estaremos alerta y aprovecharemos las ventajas que nos ofrece para rendir homenajes a nuestras abuelas antes de que las pobres empiecen a retorcerse en su tumba viendo los ultrajes que se cometen en su nombre.

Contra las Lay’s Gourmet

Una de las razones que impulsó al Colectivo Antigourmet a iniciar su cruzada contra la memez gastronómica que nos inunda fue la aparición de las Lay’s Gourmet. Si no teníamos bastante con Antonio Banderas haciendo el canelo por un Mediterráneo de cuento cursi, saludando a todas las viejas que veía por la calle como si el Mediterráneo fuera un pueblo de Soria porque habían salido unas patatas con aceite de oliva (¿Sabrían los que hicieron el anuncio que El Cairo baña en Mediterráneo y tiene 20 millones de habitantes y no creo que todos se saluden por su nombre por la calle?), ahora van y sacan unas patatas para gourmets, con bolsa negra, claro, para que parezcan patatas parisinas.

Entonces ahora, en vez de ser una vieja la que corta las patatas estilo artesano y las fríe en su sartén, como en los noventa, hemos pasado a patatas que son cortadas por una sierra láser y fritas con paraceite orgánico en una sartén macrotensionada, bajo la atenta mirada de varios señores con gafas de pasta.

Antigourmet, que ha crecido con kikos marca Gol, detesta las Lays Gourmet.