
Que Doritos vaya a lanzar un anuncio al espacio, bueno, vale, me parece genial y una acción de márquetin buenísima, ya que todos los blog del mundo hablan de ello, y Doritos para a caer mejor a la gente. Para Antigourmet lo importante es que con este anuncio todos los gourmets del espacio exterior que, lamentablemente, los habrá, van a ver bien claro que no todos aquí caramelizamos la cebolla. Claro que hubiera sido mejor un anuncio de Chorizo Revilla o de Tomate Orlando, pero no podemos pedir todo.
Me entero de la composición del anuncio por Luciérnagas y Serpientes. Los de Doritos, en colaboración con la University of Leicester, van a emitir el anuncio por la tele codificado enultrafrecuencia de 500 MHz hacia los planetas que orbitan la estrella 47 Ursae Majoris, situados a unos 42 años luz de la tierra, que es más o menos la distancia que tarda una bolsa de Doritos en caducar, si va a la velocidad de la luz.
Acabo de pasar por delante, venía de cortarme el pelo -en El Corte Inglés, por supuesto- y he decidido volverme a casa andando por la calle General Díaz Porlier, y entre los cientos de anuncios de pisos a la venta, he visto un nuevo local en la calle y me he parado a verlo. Al principio creía que era un restorán cool -vamos, como todos los que se abren ahora- o un supermercado orgánico de esos que van a empezar a poblar, lamentablemente, nuestras ciudades.
Consumolab, se llama, y según su página de red, es el “primer centro español de estudios del comportamiento del consumidor y análisis de las preferencias de consumo, a través del análisis sensorial”. Qué bonito, ¿no? Vamos, que son consultores de packaging y nuevos productos, pero en el reino de la química Continuar leyendo ‘Consumolab: En el laboratorio del sabor’
De entre los pocos sitios reales que quedan en Madrid destaca el Toscana, que está en la zona de Huertas, en el callejón donde está el Viva Madrid, casi al lado de otro de los reductos del saber, El Lacón. La verdad es que si le añadimos La Trucha, que está un poco más arriba, esa calle es una joya absoluta para los seguidores de la gastronomía clásica.
El Toscana es enorme y casi siempre está lleno, en muchos casos de turistas que, ante la apariencia de mesón castellano, o de Parador Nacional de los sesenta, que tiene, entran a ser maravillosamente servidos por unos señores de toda la vida con su chaleco negro.
Solamente por el morcillo el bar merecería estar Continuar leyendo ‘El morcillo del Toscana’
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