Quizá la diferencia entre los cocineros de verdad, como José Luis o Lucio, o Cándido y los cocineros posmodernos sea el nombre, mientras los cocineros de verdad son conocidos por su nombre de pila, los posmodernos tienen que usar su apellido. Qué gran teoría.
Los conocidos por su nombre de pila te hacen unos huevos rotos con sabor y forma de huevos rotos, o una tortilla con forma y sabor de tortilla, o un cochinillo con todas las letras; los posmodernos como Adrià, donde todo vale y nada vale, te hacen un cochinillo con forma de tortilla que sabe a huevos rotos. Bueno, vale, hacen magia, pero siempre preferí a un científico, a un cocinero, que a un mago.
El pasado 2 de mayo le dieron a José Luis Ruiz Solaguren, a Lucio Damián Blázquez, y a Jesús María Oyarbide (de Zalacaín, a título póstumo) unas medallas al mérito de la Comunidad de Madrid. Unos días antes una revista eligió por tercer año consecutivo a Ferrán Adrià mejor cocinero del mundo.
¿Alguien más ha notado un preocupante bajón en la calidad de los pinchos de José Luis?