
Retrato del artista adolescente
Siempre me ha llamado la atención el bombo que le damos al hecho de que una revista publicada en Gran Bretaña, un país cuya gastronomía siempre hemos despreciado, haya nombrado a El Bulli como mejor restaurante del mundo. Ya que se va a despedir de nosotros durante dos años, nosotros nos despedimos de Adriá a lo grande y le dedicamos dos entradas seguidas. Podríamos pretender que el cierre de El Bulli es la Gran Victoria de Antigourmet a partir de la cual se derrumbarán la cocina molecular y los menús desgutación, algo así como nuestro Marne o nuestro Stalingrado; pero vistas las reacciones que ha despertado la nueva maniobra de Adriá, más bien diría que hemos caído en la trampa de Tannenberg, o puede que nos estemos retirando a duras penas hacia Dunkerke. Varias cosas son las que han hecho que estos días haya cundido la más absoluta desmoralización en Antigourmet, pues nos hacen sentir que estamos muy solos. Para levantarnos el ánimo, nos pueden enviar jamones de Guijuelo.
Adriá cierra su restaurante, seguramente porque como a todo quisqui no le salen los números ni los brotes verdes, y resulta que es un genio. Si fuera la mitad de listo que Adriá, Gerardo Díaz Ferrán habría declarado que cerraba Air Comet para sentarse a pensar en su laboratorio de ideas cómo reinventar el concepto de aeroplano y en vez de merecidísimas tortas le estarían lloviendo alabanzas. Al parecer (El Mundo, 27-01-10, p.40) en el Bulli trabajan 47 cocineros, aparte del personal de sala. Asimismo (mismo periódico, mismo número, p.41) Adriá declara que generosamente asegura “el futuro del núcleo duro, unas siete u ocho personas que están en nuestro equipo“. ¿Lo vas cogiendo, Gerardo?.
Durante estos dos días, en radio, televisión y prensa escrita, no se ha tenido ningún reparo a la hora de definir a Adriá como artista o científico. Suponemos que la comunidad científica se habrá sentido sumamente halagada por ello y desde ya mismo se esté pensando en otorgarle a Ferrán Adriá el premio Nobel de Física, el de Química y el de Medicina. Por qué no, si Obama se ha llevado el de la Paz y García Márquez el de Literatura. Salvador Sostres, en una columna del número de El Mundo anteriormente citado, asegura que “el reto que Ferrán Adrià se propone es el de más vigor intelectual y artístico que es posible afrontar en nuestros tiempos, puesto que es Adrià el genio vivo más importante de esta era. En ninguna disciplina artística hay ningún talento capaz de revolucionar su género, estética y su concepto de un modo tan hondo como Ferrán lo ha hecho con la cocina y en general con la gastronomía”. Mal va el Arte, aunque yo me pregunto: ¿Es Arte asar un pollo? ¿Y asar un pollo de corral? ¿Y hacer un escabeche de pollo y servirlo con una ventresca de caballa?. Tengo dudas, pero Sostres no: para él lo tercero, que es uno de los platos de Adriá, es Arte, y por tanto postulamos que los dos primeros también lo son. Sigo con Sostres: “Lejos del efectismo y de la parodia, de la extravagancia y de la pomposidad y de cualquier estrategia comercial, Adriá asume una vez más con seriedad y discreción su intenso compromiso con su obra y guardará dos años de silencio para volver a hablar como nadie antes lo haya hecho”.
En Antigourmet estamos sumidos en un mar de dudas. Tal vez estemos equivocados. Quizás no sea efectista anunciar el cierre de El Bulli en pleno congreso de Madrid Fusión, ni una extravagancia el querer reinventar el concepto de restaurante. Y puede que sea discreto convocar una rueda de prensa a la que acuden 200 periodistas para anunciarlo, y falto de pomposidad el publicar un DVD de 10 horas para contar la historia de un restaurante (”El Bulli, historia de un sueño“). Y no parece indicativo de una estrategia comercial el que el socio de Adriá, Juli Soler, se frote las manos pensando en “el morbo que dará a todo el mundo saber qué pasará en 2012 y 2014“. Y como remate es verdad que Adriá se despide en la entrevista muy seriamente con un “que siga el rock and roll“.
No sé, Ferrán… ¿Es Coldplay rock and roll“
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